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(Eloi Aran) Hubo un tiempo de gran actividad en la Ribagorza, a mediados del siglo pasado, vinculado a las grandes obras de sus embalses por parte de las compañías hidroeléctricas. Uno de los personajes más importantes de esta época fue el ingeniero Eduardo Torroja, el máximo especialista en construcciones de hormigón armado de la península ibérica en su momento. Torroja dejó tres obras emblemáticas de temática religiosa en el Pirineo leridano: La Iglesia nueva de El Pont de Suert (consagrada en 1955), la Capilla del Santo Espíritu en el Parque Nacional de Aigüestortes y Sant Maurici (del 1953), y la Ermita de la Ascensión a Xerallo (construida en 1952). Mientras que la Iglesia de El Pont de Suert ha recibido un cierto reconocimiento y mantenimiento, el recorrido de sus otras dos obras de temática religiosa ha sido más desafortunada: La Capilla del Santo Espíritu fue derribada a principios de los años noventa y la ermita de la Ascensión ha permanecido cerrada y en un cierto estado de dejadez hasta su reapertura al culto durante este verano.

El estado de dejadez de la Ermita de la Ascensión y su reapertura para el verano y la Semana Santa va vinculado a la misma historia del pueblo de Xerallo, que depende del municipio de Sarroca de Bellera. Xerallo apareció como consecuencia de la necesidad de vivienda para los trabajadores de la fábrica de cemento que ENHER construyó en la zona a mediados del siglo XX y que se inauguró en 1950 para abastecer de cemento de calidad las obras hidroeléctricas de la Ribagorza. El censo de 1970 atribuía a Xerallo todavía 388 personas. Tras el cierre de la fábrica de cemento, en 1973, el poblado se fue vaciando, y sus habitantes quedaron reducidos a 13 en 2005. El poblado, aunque vacío, ha quedado de pie y en aparente buen estado, ya que las casas han sido reaprovechadas como viviendas de segunda residencia. La reapertura al culto de la Ermita de la Ascensión ha sido interés, pues, los nuevos veraneantes.

Para acceder a la ermita de la Ascensión, hay que tomar el desvío que hay al final de la avenida Pirineos. Se puede subir en coche con cierta dificultad y habría que cimentar el camino, desde el que se llega a la ermita por una escalinata que pediría un cierto mantenimiento o bien a un pequeño plano a nivel del acceso. La ermita consta de una gran cubierta a dos aguas de hormigón armado, de forma triangular siguiendo la diagonal de su planta cuadrada. La cumbrera de la cubierta se eleva y se abre hacia el valle, contraria a la pendiente, y se sustenta sobre muros de hormigón recubiertos con piedra y un pilar-cruz en su extremo más elevado que caracteriza y significa la ermita en su entorno con una gran potencia visual. Entre los muros y el pilar de la cruz exterior aparece un espacio abierto cubierto con una vidriera vertical perpendicular a la pendiente de la cubierta. En este espacio abierto y cubierto entre la vidriera y la cruz, se dispone la campana, la cual requiere reparación.

Una vez se accede por la parte baja de la cubierta, aproximadamente en la diagonal de la ermita de planta cuadrada, nos encontramos con un espacio que se eleva todo él hacia el vitral con una fuerza plástica muy expresiva. A ambos lados del vitral encontramos las pinturas del artista leridano Víctor Pérez Pallarés, realizadas sobre un soporte textil encolado al muro que requiere mantenimiento, con la misma temática de la Ascensión. Toda la composición arquitectónica y pictórica dirige la vista hacia una representación de la Ascensión que preside el espacio. Dado que la ermita es preconciliar, se puso el altar encarado al gran vitral. Había una cruz blanca de madera entre el altar y el vitral que posteriormente, cuando se puso un altar de cara al pueblo, se trasladó y fijar junto a la entrada a la sacristía. Hay un emplafonado de lamas de madera separado por unas latas de la pared, justo debajo de las pinturas, que en su momento debían contener iluminación y que habría que recuperar. El falso techo está formado por placas de corcho pintado de blanco que está descolgar por temas de humedades. En definitiva, se trata de una ermita referente por el patrimonio sacro moderno en Cataluña que habría que recuperar y valorizar.