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Dicen los lingüistas que Belén significa "casa del pan" en hebreo, así pues, qué mejor que el caso de un granero reconvertido en iglesia para felicitaros las fiestas de Navidad !.

 

El caso que os presento, en el Obispado de Eichstätt, es bien lleno de referencias navideñas más allá de la incursión etimológica. La historia es la siguiente: A finales de los años 30, un católico compró un granero a un alemán de confesión evangélica. Después de la segunda guerra mundial, aquella región alemana recibió una fuerte inmigración por parte de checos católicos de habla alemana que no tenían lugar donde hacer sus celebraciones religiosas (provenientes de los sudetes), de forma que católicos y protestantes trabajaron conjuntamente para reformar el antiguo granero, que se puede reconocer exteriormente aún hoy en día como tal, en una iglesia. En 1956 repicaron las campanas y fue inaugurada la iglesia como tal con gran alegría por parte de la comunidad de refugiados. Aquellos que no encontraban lugar (Lc 2,6-7) fueron acogidos y reconocidos. Por otra parte, los elementos devocionales no pierden la esencia ni la memoria del edificio: las cadenas que sostienen los cirios y el material del que está hecho el crucifijo forman parte de las herramientas de trabajo del campo que había allí mismo. También hay que notar que, a semejanza de la Capilla de la Reconciliación del Muro de Berlín, este espacio se ofrece como lugar de oración por católicos y protestantes, compartiendo todos juntos tanto el trabajo de reforma como el cirio pascual. Resumiendo: este antiguo granero acoge a los creyentes como en su momento hizo un establo con la Sagrada Familia, donde el pequeño Jesús acostado en un pesebre se ofrece como alimento para todos los hombres. (Este post no hubiera sido posible sin la ayuda de Ignasi Ricart: ¡muchísimas gracias y Feliz Navidad, Ignasi!)