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Por Lluís Serra Llansana . Lun, 31/12/2012 - 19:39
En Gerasa

Ver y mirar tienen muchos puntos en común, pero no significan lo mismo. El primer significado de ver apunta a percibir con los ojos, a abrirse visualmente a la realidad. Mirar ofrece otros matices, en los que siempre la persona entra en juego. Implica mayor atención, detenimiento, observación. En su punto culminante, se transforma en contemplación. Ver es un acto más inmediato y espontáneo. Mirar requiere lentitud y aprendizaje. Por esto, mirar puede convertirse en objetivo pedagógico.
 
Existen muchos modos de mirarse a sí mismo, varios de ellos poco aconsejables. Una mirada volcada al exterior, en la que el protagonista se pierde. Solo hay escenario. Se observa el mundo, pero no hay conciencia de sí mismo, como una cámara fotográfica, con buen objetivo, pero sin alma. Una mirada narcisista que se satisface con su propia figura, con su propio rostro. Uno se enamora de sus propios rasgos, como el mítico personaje de Narciso, víctima de su propia belleza, muy bien pintado por Caravaggio. Representa la tiranía del espejo. Una mirada negativa en la que sólo se contemplan los puntos desagradables de sí genera baja autoestima, juicio implacable, desánimo.
 
Atreverse a mirarse constituye una invitación a buscar la verdad de sí mismo en el propio interior, a descubrir los propios talentos, a aceptar las propias sombras y limitaciones. Se trata de una mirada interior que favorece el conocimiento de sí mismo, sin el cual la vida pierde sentido y profundidad. Se trata de un ejercicio que requiere aprendizaje, silencio, meditación. A veces, incluso, hay que cerrar los ojos, dejar de ver, para mirarse por dentro. Sin prisa. Una mirada que, sin dejar de ser sincera, sea siempre amable. Quien no sea capaz de mirarse a sí mismo con valentía y agradecimiento no podrá ver a los demás con una actitud amorosa, solidaria, cercana. Por este motivo es tan importante educar para una mirada interior. Cuando se consigue, los profesores miran a los alumnos descubriendo en ellos talentos y futuro, sin esconder insuficiencias y debilidades; los alumnos miran a sus educadores con confianza en su guía y directrices, sin abdicar de su propia responsabilidad. La percepción que tenemos del mundo y de la sociedad depende en gran parte de la mirada que tenemos hacia nosotros mismos. Tarea pedagógica de gran relevancia. Siempre estará pendiente, porque cada año tiene que resolver su nueva oportunidad. El año 2013 está a la vuelta de la esquina y representa una nueva ocasión para vivir el presente con alegría y mirar el futuro con esperanza. Sólo habrá mejora colectiva si cada persona combate el mal que anida dentro de sí y se nutre del amor eterno que arraiga en su propio interior.

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