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El Papa Francisco expresó hoy su cercanía con el pueblo mexicano y pidió rezar por la desaparición de 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero. De manera sorpresiva y saliéndose del discurso preparado, visiblemente conmovido, el pontífice se refirió a los hechos sucedidos en Iguala durante la audiencia general que presidió ante más de 30 mil personas en la Plaza de San Pedro del Vaticano.

“Quisiera hoy, elevar una oración y traer cerca de nuestro corazón, al pueblo mexicano que sufre por la desaparición de sus estudiantes y por tantos problemas parecidos. Que nuestro corazón de hermanos esté cerca de ellos orando en este momento”, dijo en español. En un momento parecía que iba a decir algo más, pero finalmente su llamado quedó ahí.

En estos días el pontífice pudo tener noticias de la desaparición de los estudiantes, por la cual ya fueron detenidas unas 56 personas, gracias a la participación de varios mexicanos en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares, convocado por el Vaticano. Entre otros, asistieron a la reunión Raúl Vera, obispo de Saltillo; Víctor Hugo López Rodríguez, director del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas y Martín Esparza Flores, secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas.

De hecho el propio Esparza le entregó al Papa, la víspera, una carta en la cual hacía referencia a la desaparición de los 43 normalistas. Un texto largo, que incluyó dos párrafos sobre ese tema:

“Los medios de comunicación al servicio del poder del dinero no han cesado la campaña de criminalización en contra de nuestro movimiento. Somos sujetos de constantes ataques mediáticos que buscan deslegitimar nuestras demandas y evitar un acuerdo con el gobierno federal que nos devuelva el trabajo. La criminalización de la protesta social en México es cotidiana y da lugar a hechos atroces como la desaparición de 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa”.

“Acerca de lo que ocurre en México y el desenlace de nuestra lucha solicitamos su atención y observancia, le pedimos orar por la presentación con vida de los 43 estudiantes desaparecidos y por el regreso al trabajo de 15, 500 trabajadores electricistas agremiados al Sindicato Mexicano de Electricistas. Es urgente que en México se restablezca el Estado de derecho y México cumpla con los convenios internacionales en materia de derechos humanos que tiene suscritos”.

Al clamor del Papa Francisco se anticipó, casi justo a tiempo, la Conferencia del Episcopado Mexicano que recién este martes 28 de octubre emitió un comunicado sobre la desaparición de los normalistas, pese a que el tema lleva semanas en la prensa nacional y sin solución a la vista.

“La situación de los desaparecidos y el sufrimiento de sus padres, madres y familiares merecen acciones eficaces y respeto. Por eso, exhortamos a las fuerzas políticas y a la sociedad en general a actuar con responsabilidad y no lucrar políticamente con esta desgracia, ni convertirla en bandera para causar daños a terceros o provocar desestabilización, lo que alejaría aún más la necesaria justicia, equidad, seguridad y paz que México requiere para alcanzar un desarrollo del que nadie quede excluido”, indicó el comunicado firmado por el presidente de la CEM, José Francisco Robles Ortega, y el secretario general, Eugenio Lira Rugarcía. Se puede leer completo aquí.

A decir verdad nadie entendía, realmente, la razón por la cual el máximo organismo de los obispos del país no se había pronunciado antes. Debieron pasar cuatro semanas de escándalo, debate público y zozobra para los familiares. Debió pasar un pronunciamiento de los pastores de la Provincia Eclesiástica de Acapulco. Debió pasar un video-reclamo de la Comunidad Católica Mexicana de Roma. Debieron pasar muchos clamores antes de escuchar la palabra institucional de la Iglesia. Menos mal que llegó. Finalmente. Lo hizo justo a tiempo, porque hubiese sido embarazoso que hasta el Papa hablase y la CEM permaneciese callada.