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Si hay actualmente en la Iglesia una institución que haya entendido y puesto en práctica el poder, la importancia y la necesidad de la comunicación, esa ha sido el Opus Dei. Y lo hace mejor incluso que las instituciones dedicadas a ello en el Vaticano. Hace ya tiempo que un equipo joven, forjado junto al ex portavoz de la Santa Sede, Joaquín Navarro Valls y desde la Pontificia Universidad de la Santa Croce de Roma, viene trabajando en esta importante tarea mediática. Y no solo en Roma, sino también en cada una de sus jurisdicciones, con valiosos profesionales de la que han logrado el milagro de “hacer del limón, limonada” , frase acuñada por uno de los hombres fuertes de la comunicación de la Obra, Marc  Carroggio, un catalán, natural de Barcelona, que usó esta frase, ya clásica, con motivo de la aparición del Código Da Vinci.

Hay que aprovechar momentos convulsos y estratégicos, incluso en los que más se zarandea a las instituciones, para hablar de ellas y exponer lo que realmente son. Del amargo sabor de las criticas hay que hacer un dulce sabor de la realidad objetiva. Eso pasó con la canonización de Escrivá de Balaguer, ocasión que se aprovechó para dar a conocer al fundador a quienes solo lo conocían por tópicos comunes.

Otros muchos, sin embargo,  siguen preguntándose si el cambio operado es más estratégico que real; si no es acomodaticio. Y quienes salen de sus filas…no paran de contar. Más allá de todo ello, a la Obra, destacando sus valores se le sigue pidiendo una mayor libertad interior, una imagen menos sectaria, una revalorización del papel de la mujer, una mayor apuesta por la pobreza y un estilo más adecuado a la nueva época que se abre con el Papa Francisco. Los temas morales y relacionados con la bioética, la acción en la dirección espiritual y un excesivo control sigue haciendo sufrir a muchas personas.

Y también el acto de hoy en Madrid servirá para “hacer del limón limonada”, en un momento clave en la historia de esta institución que no deja indiferente a nadie y cuyo poder en la Iglesia y en la sociedad sigue siendo destacado, aunque la forma de ejercerlo y de situarse en la Iglesia no es la misma de otros momentos históricos. La figura del nuevo beato tiene mucho que ver con ese cambio operado en la propia institución. Su perfil biográfico ofrece las claves de este cambio, que es evidente, más allá de las opiniones personales sobre su propia identidad. Veamos el escenario de hoy, las claves en la vida del nuevo beato y cómo se sitúa hoy la Obra en el mundo y en la Iglesia.

El escenario

El Opus Dei ha congregado hoy en Madrid a más de cien mil personas, muchos de ellos jóvenes, procedentes de diversos países y continentes. Y lo ha hecho en un recinto de 195.000 metros cuadrados, habilitado especialmente en la barriada de Valdebebas para la ceremonia de beatificación de Álvaro del Portillo, sucesor del fundador del Opus Dei, san Josemaría Escrivá de Balaguer, que ya había sido canonizado por Juan Pablo II el 22 de octubre de 2002 en el Vaticano en una ceremonia considerada como una de las mayores concentraciones de la Historia de la Ciudad Eterna.

Más allá del acontecimiento en este día en que la Iglesia celebra la memoria de uno de los santos más entregados a los pobres, Vicente de Paúl, hay varias claves que no conviene olvidar y que están ligadas al momento actual que vive esta institución fundada en 1928 por Escrivá de Balaguer, aprobada en 1941 por el obispo de Madrid Leopoldo Eijo Garay, refrendada por Roma como instituto secular en 195 y constituido en prelatura personal en 1982. Según el Anuario Pontificio hoy cuenta con 2.073 sacerdotes en el mundo y un total de 90.502 miembros.

El Opus Dei vuelve al lugar de sus orígenes, allá por 1928. En un Madrid convulso, en vísperas de una década que cambio la Historia de España, en momentos en los que la Iglesia buscaba una mayor participación del laicado ( No olvidemos al P. Ayala, Ángel Herrera, Pedro Poveda). Y ese laicado tenía que estar presente en la comunicación, en la universidad en el mundo profesional. Grandes retos que se toparon con la locura de la guerra.

Claves en el perfil del nuevo beato

La biografía de Álvaro del Portillo guarda una clave importante para entender al Opus Dei hoy. A él le tocó la reforma interna, sin perder el espíritu. Y lo hizo en tiempos difíciles y arropado por el papa Juan Pablo II, a quien realmente debe la Obra todo un derroche de espacios, posibilidades, oportunidades y gestos que facilitaron el camino en los años en los que se iba transformando, sin perder la esencia. Fuertes criticas, abundantes acusaciones no faltaron frente al tesón y omnipresencia de sus miembros en la curia vaticana desde donde montaron una estrategia que aún hoy pervive y ha dado sus frutos.

Es criterio común, avalado por fuentes tanto de la institución, como de afuera; tanto creyentes como no creyentes que conocieron y trataron al nuevo beato, que Álvaro del Portillo supo estar siempre en segundo plano, en la sombra, pero activo, aunque en las bambalinas. Y lo hizo con fidelidad a la Iglesia, aunque se considere una fidelidad no creativa; con clara visión de la importancia de la preparación profesional y académica, forjando “cabezas bien amuebladas” presentes en todos los ambientes, espacialmente en los más azotados por el relativismo y la secularización; con lucidez y con una gran sencillez. Si hay alo que destaca del nuevo beato es esa sencillez y saber “disminuir” para que “crezca” la Obra. Se dice que quien realmente fundó la estructura fue don Álvaro pues san Josemaría puso el carisma que necesitaba la estructura a la que se entregó su más intimo colaborador.

Nacido en Madrid en 1914 ingresó en el Opus Dei en 1935 y se dedicó al estudio doctorándose en Ingeniería, de Caminos, Filosofía y Letras, además de Derecho Canónico. Formó parte del Consejo General del Opus Dei de 1940 a 1975, el mayor tiempo como secretario general. Fue consultor de diversos organismos de la Santa Sede y tuvo activa participación en las labores conciliares, primero como presidente de la Comisión ante preparatoria para el laicado y luego como secretario de la Comisión sobre la disciplina del clero y consultor de otras comisiones en el Vaticano II.

El Opus Dei hoy, su tarea actual

Que el Opus Dei ha cambiado, es comentario común; que el Opus Dei se ha depurado, tras su etapa fundacional también es sabido; que atravesó su desierto, es cosa clara, que tuvo mucho poder en el Vaticano en el pontificado de Juan Pablo II, también es verdad; que ahora trabaja más en silencio y como guadiana, no hay nada más que verlo. Pero lo cierto es que la presencia del Opus Dei en el mundo del laicado, la cultura, la comunicación, la universidad y en proyectos sociales, es clara y evidente. Otra cosa es que haya momentos en los que, por estrategia o convencimiento, su presencia este más larvada y oculta, más al estilo del nuevo beato.

Hay campos de evangelización que no ha descuidado y en los que muestra gran tesón: Apoyo al papa, con falta de critica, aunque sea constructiva; apoyo a los obispos diocesanos en donde trabajan y en lo que les pidan; forja de profesionales y presencia en el mundo de la educación en centros propios o públicos; prudencia en la participación política, aunque con estrategias silenciosas y poco dadas a la bullanga y las manifestaciones y griteríos; tejedores de redes entre periodistas y comunicadores; atención especial a los jóvenes, después de detectar las vetas de su increencia; trato personal con los sacerdotes que muchas veces se ven aislados; proyectos sociales significativos en las clases mas desfavorecidas.

Que el nuevo beato ayude a entender ese camino de sencillez y abra a esta institución a una renovación más interior que estratégica.