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Se despedía esta tarde el cardenal Antonio María Rouco Varela (Villaba, Lugo 1936) como arzobispo de Madrid, pues como cardenal con voz y voto en Roma, seguirá hasta cumplir los ochenta años. Y lo hacía en La catedral de La Almudena,  templo que, aunque inaugurado por su antecesor, tuvo que, con diligencia y buenas artes, terminar de pagar. Mirando el Episcopologio, ocupa el número doce, desde que se creara, segregada de Toledo, la diócesis de Madrid-Alcalá en 1884. Es el tercer arzobispo desde su elevación a Archidiócesis en 1964 y el segundo tras la segregación de las diócesis sufragáneas de Getafe y Alcalá. Su pontificado ha durado 20 años (octubre de 1994- octubre de 2014). Le sucede el actual titular de Valencia , Carlos Osoro (Castañeda, Santander, 1945).

Habrá tiempo para el balance sosegado de quien ha sido considerado como el cardenal español más influyente de los últimos siglos, habiendo batido varios record: en años de gobierno diocesano, trienios como presidente de la Conferencia Episcopal Española, número de comisiones en dicasterios romanos a los que ha pertenecido de forma simultánea y  tiempo de prórroga, tras presentar la renuncia canónica a los 75 años. Don Antonio es así; un hombre de gran tesón. Se ha escrito y se escribirá aún mucho de él, pero ya desde otras ópticas y perspectivas, y en otros contextos históricos. Hasta ahora las aproximaciones a su figura han sido más de corte periodístico. Me remito a cuatro de ellas:

José María Zavala, Alto y claro. Conversaciones con el cardenal Rouco (Debate, 2008); José Francisco Serrano Oceja Rouco Varela, el cardenal de la libertad (Planeta, col. Testimonio, 2014); José Manuel Vidal Rouco, La biografía no autorizada (Ediciones B, 2014); y el que yo mismo escribí, Juan Rubio Fernández, El fin de la era Rouco (Planeta, col. Atalaya, 2014).

Son libros escritos desde el género periodístico, marcados cada uno desde claves y perspectivas distintas. El juicio queda a los lectores.

Ante su despedida expongo aquí algunos datos en los que hago una aproximación a sus fortalezas y debilidades, especialmente en estos últimos 20 años agrupándolas en cinco, aunque podrían ser más o menos. Yo las considero significativas para un juicio periodístico, dejando siempre el juicio moral y personal, que en nada me corresponde.

Fortalezas

1. Buena preparación intelectual, dentro del ámbito jurídico-teológico, fiel a sus maestros en los años de estudio en Munich. Nadie puede negarle una cabeza “bien amueblada”, así como su actitud de servicio eclesial, aceptando el ministerio episcopal y abandonando la exitosa carrera académica que le esperaba.

2. Lealtad al plan diseñado por Roma para la Iglesia española y que vio en él el perfil idóneo para realizarlo.  Fiel a la hoja de ruta, completada por él mismo, no solo se limitó a seguirla, sino que además, procuró que su “voz” se escuchara, y mucho, en Roma, especialmente en los años noventa. Fiel “escudero” de Juan Pablo II en su cruzada contra el laicismo, que según Wojtyla galopaba en España, siguió siendo un fiel “ariete” en el pontificado de Benedicto XVI y en su lucha contra la “dictadura del relativismo”, presente también en España, según Ratzinger. Por esas razones, el cardenal Rouco entendió siempre que la Iglesia debía luchar con fuerza por no perder la libertad para hablar alto, claro y siempre, usando todos los medios  a su alcance.

3. Hay algo poco destacado como fortaleza en el perfil del cardenal: Se trata de su estilo de vida sencillo, poco ostentoso; poco amante del boato y el lujo. Ya sea por la timidez innata, o por vocación intelectual, o por convencimiento evangélico, al cardenal emérito no se le pueden colgar sambenitos , que han sido más fruto del “imaginario colectivo” que de la realidad.

4. Su eclesiología está injertada en las fuentes y textos del Vaticano II, aunque es verdad que en los últimos años, se ha alineado a los sectores que vienen pidiendo una hermenéutica conciliar que frene algunos de los errores que, según ellos, se han venido cometiendo en la Iglesia.  Hijo de la generación a la que tocó aplicar el concilio, ya como profesor en Salamanca, y como obispo auxiliar, cuando “aprendió a ser cura”, siempre, tuvo una clara visión de la vida diocesana, y en el papel relevante del obispo como forjador de comunión, si bien, es la aplicación de la doctrina sobre la “comunión y misión” la que más dolores de cabeza le han traído en estos últimos años, apareciendo ante la opinión pública y publicada (opinión ésta que nunca le importó), como un “obispo medieval”.  Me pregunto a veces, cuando a los obispos se les acusa de no entender su figura en el contexto conciliar, si no es que habría que darle una vuelta a la importancia que los textos conciliares le dan a la figura del obispo.

5. Ha dotado a la archidiócesis de instituciones formativas, con no pocas dificultades,  como es el caso de la Universidad Eclesiástica de San Dámaso, en Madrid, que él encontró en pañales y que tuvo que ayudarle, con muchas ayudas, a crecer y desarrollarse. Otra cosa es, la línea teológica que marque este centro y con la que se puede estar de acuerdo o no.

Debilidades

1. El personaje se ha comido a la persona. De ser un sencillo profesor de universidad y obispo auxiliar, pasó a una macro diócesis, forjándose, con sus actuaciones y con el tiempo el sobre nombre del “Cardenal de España” y haciendo que su figura sea identificada por la sociedad con la Iglesia universal. El gigante se iba comiendo a la persona lentamente. Su voz, su criterio, sus opiniones personales, sus actuaciones se mostraban como las correctas y él mismo ayudaba a la forja de ese papel, creando una red destacada para usarla como aliados en ámbitos de la política, la cultura, la comunicación y la universidad, algo que no llegó a lograr del todo; incluso tuvo sonados fracasos.

2. Creó una guardia pretoriana que le decían lo que quería escuchar. Personas cercanas en la vida cotidiana, pero también, obispos auxiliares, vicarios episcopales y delegados, que , por el camino de la simple adulación, no le ayudaron al gobierno; más bien lo obstaculizaron. Y esto con excepciones como fue el fallecido y amigo personal Romero Pose, o los actuales auxiliares Franco y Fidel Herráez, quien ha sido el “obispo” real de Madrid en el día a día.

3. Su visión de la comunión poco abierta a la participación y colaboración, por miedo o por desconfianza, le ha perjudicado enormemente. Su deseo de controlar todo y la aquiescencia de sus colaboradores, hizo que se cerrara aún más el circulo y hubiera menos riqueza y pluralidad. . Llego un momento, no exento de cierto síndrome de persecución,  en el que el cardenal se cerró en banda, negando el pan y la sal a muchos religiosos y religiosas, a grupos de laicos con perspectivas distintas, a centros de estudios, o a otras muchas realidades eclesiales. El personalismo acusado de los últimos años lo ha llevado a centralizar todo en La Misión Madrid, que suscitó poco interés en el clero, abusando de grandes eventos, como la Misa de las Familias, la JMJ y otros más para los que usó siempre a movimientos como los Neocatecumenales y Comunión y Liberación. No así al Opus Dei, con quien siempre mantuvo una distancia prudente. Nunca soltó las riendas y siempre controló hasta el último detalle.

4. Su intensa actividad en Roma, concretamente como miembro de varios dicasterios, le sirvieron más para su estrategia personal a la hora de realizar la geografía episcopal española influyendo en obispos afines a él y que secundaran su línea, que otra cosa. En unos años se desdibujó la figura del nuncio apostólico en España, asumiendo él una representación que eclipsaba la del representante del Papa

5. El afán por dejar tres grandes proyectos, absorbieron su atención y lo alejaron de la gente y de sus diocesanos. Dedicado a montar estrategias para sus logros, todo iba encaminado a ellos:  Crear una gran Universidad Pontificia (en Madrid ya hay una, Comillas y el Episcopado tiene Salamanca, pero se negó a potenciar el campus madrileño de la Pontificia) No cuajó del todo el proyecto; como tampoco cuajó el de apoyar la creación de un partido político, cercano al PP y que tuviera un corte confesional. Y tampoco ha logrado dejar cerrado el proyecto de medios de comunicación, COPE y 13TV tienen sus problemas y la Iglesia no tiene periódico alguno. La comunicación ha sido su gran vacío, y le ha pasado factura.

Se marcha un cardenal sobre el que, en el tiempo, se hablará cuando se hable de la Historia de España entre estos dos siglos.