Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

El papa Francisco abría el pasado domingo el Sínodo Extraordinario, convocado por él mismo para abordar Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la nueva evangelización. Esa idea de Bergoglio de una “Iglesia en camino”, una “Iglesia sinodal” ha encontrado en este momento un cauce para abrirse paso, aunque se necesite mucho más, pese a gran encuesta lanzada a todas las diócesis del mundo y que en algunas solo la han respondido el obispo y cuatro vicarios más.

La sinodalidad se queda “coja” en este caso pues se trata de un “Sínodo de Obispos” siguiendo la estructura de este evento creado por Pablo VI tras el Vaticano II. Aunque haya laicos, hablarán, pero no votarán las conclusiones; aunque haya religiosas o religiosos no obispos, opinarán pero no votarán las conclusiones; aunque haya expertos en la materia, incluso no creyentes, su voto no estará. Solo los obispos asistentes podrán votar las propuestas que el Papa recogerá en alguna exhortación posterior. El Papa Francisco debiera cambiar la estructura participativa de los sínodos si realmente quiere dar paso al sentido conciliar de la “sinodalidad”.

Y más en temas de tanta envergadura como los que se van a tratar y que hacen vivir, en muchos casos, a la Iglesia en una especie de esquizofrenia. Son muchos los católicos practicantes que viven en algunos temas de morar caminos distintos a los que marca el magisterio; son muchos los cristianos que sufren por situaciones nuevos tipos de familia, divorciados vueltos a casar. Esperan de la Iglesia la mano de la madre más que la vara de la maestra.

Ojalá que no sea solo un encuentro para poner el termómetro a lo que piensan los cristianos a los que solo se les pulse la opinión.

Ojalá que no sea un Sínodo que no se traduzca en cambios, aunque sean ligeros, si no en el Magisterio, si al menos en la practica pastoral.

Ojalá que no sea un Sínodo solo para que se ejerza el “derecho al pataleo”.

Ojalá que no se quede todo en un documento final, sino que vaya más allá y levante esperanza en quienes con ilusión tienen puestos los ojos en él.

Ricardo Blázquez.

Martínez Sistach.

Habrá que echar un ojo, a modo de ejemplo, a la representación española: el Arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, elegido por los obispos españoles; por designación directa del Papa Francisco participarán los Cardenales Martínez Sistach y Fernando Sebastián Arzobispo, este último emérito de Pamplona y Obispo de Tudela y cuyo libro Evangelizar (Encuentro, 2010), con propuestas realmente asombrosas, cautivó al Papa cuando lo leyó . Estos solo votarán…y ya ven cómo está la cosa.

Los otros españoles hablaran , pero no decidirán: Manuel Jesús Arroba Conde, C.M.F., profesor de Derecho Canónico procesal en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma; Adolfo Nicolás Pachón, asistirá, como Prepósito General de la Compañía de Jesús, dentro del grupo de Superiores Generales. En el listado de colaboradores del secretario especial se encuentran el sacerdote Alfonso Fernández Benito, profesor de Teología Moral y de Sacramento del Matrimonio en el Instituto Superior de Estudios Teológicos San Ildefonso y Director del Instituto de Ciencias Religiosas Santa María, en Toledo, y Carmen Peña García, profesora de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia Comillas y Defensora del Vínculo y Promotora de Justicia del Tribunal Metropolitano de Madrid. Por último, como auditora designada por la Santa Sede, acudirá también María Lacalle Noriega, directora del Centro de Estudios sobre la Familia del Instituto de Investigaciones Sociales y Económicas de la Universidad Francisco de Vitoria y Secretaria general de la Sociedad Española de bioética y biojurídica.

He leido algunos textos sobre la familia de algunos de los representantes españoles. Y la verdad es que miedo me da…que hablen. 

Habrá que esperar que no sea más ruido que nueces y que realmente , al menos, se escuche la voz de la Iglesia entera que se da cuenta que la transmisión de la fe ya no puede apoyarse en el trípode obsoleto de familia, escuela y parroquia. Todo eso ha cambiado. Y la familia, mucho más.