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(Viqui Molins) Este domingo los religiosos y religiosas que vivimos en el Raval y el Poble Sec de Barcelona hemos renovado conjuntamente nuestros votos en la parroquia del Carme. Ha sido una iniciativa secundada por todos los religiosos y religiosas del barrio, como era de esperar. Y digo que era de esperar porque las cosas no salen sino es en un clima preparado. Y en nuestro barrio lo vivimos desde hace más de 25 años con una constancia y una naturalidad que supera todas las expectativas. Cada último viernes de mes, año tras año, nos hemos estado reuniendo cada vez en uno de los pisos donde vivimos nuestra presencia en el barrio, para celebrar juntos la Eucaristía, cena y convivir amigablemente. De estas reuniones han salido muchos proyectos, hemos apoyado muchas iniciativas, hemos celebrado muchas alegrías y hemos compartido penas, despedidas y duelos. La amistad que nos une es más bien fraternidad. Los diferentes carismas más que separarnos siempre nos han enriquecido mutuamente, y nos han ayudado a crecer en muchos aspectos.

Y ha sido en este clima fraterno y de amistad que he querido celebrar este domingo también el Año de la vida Consagrada en "petit comité", tras la maravillosa Jornada del sábado organizada por la URC. Y lo hicimos el día siguiente, en la parroquia del Carme, que precisamente está llevada por una comunidad religiosa, la de los Escolapios.

Se trataba de renovar nuestros votos religiosos que un día hicimos en las diferentes Congregaciones a las que pertenecemos, ahora sin distinción de carismas y en medio del pueblo con el que queremos vivir y servir.

Preparamos la fiesta con ilusión y lo anunciamos a los feligreses que ya están acostumbrados a diferentes celebraciones: los aniversarios de matrimonios, el día de los mayores de 85 años, el día de la Unción de los enfermos como una fiesta, más que como un "ultimátum", etc. Ahora les hablamos de nuestra renovación y lo entendieron muy bien.

Nos hemos reunido una veintena de religiosos y religiosas de diferentes congregaciones que –con los papeles de nuestra fórmula de renovación y una vela en la mano– hemos querido sentarnoa en medio de la gente como siempre y no en los primeros bancos. Todo un símbolo de nuestra inserción y de nuestro deseo de ser uno más entre los hombres y mujeres con los que convivimos.

Ramon Novell, el rector de la parroquia, ha comenzado explicando el significado de esta celebración y de lo que teníamos que hacer. Sabía que nos encontrábamos entre amigos y que nos acompañarían en nuestra celebración con alegría. El Evangelio estaba tan en consonancia con el encuentro que ha sido un gozo oír aquellas palabras de Jesús: "Vosotros sois mis amigos... no me he elegido vosotros a Mí, sino que Yo os he se cosechado a vosotros...". Y esas últimas: "No hay amor más grande que el que da la vida..."

Eduard Pini, el nuevo provincial de Escolapios, y celebrante cada domingo de una de las Eucaristías, comentó este Evangelio con la claridad y el entusiasmo que nos tiene acostumbrados a comunicarnos. Nos ha dejado muy claro que para llegar a esta exigencia del amor –dar la vida– Jesús fue pidiendo por pasos: primero, el mandamiento antiguo de amar a los demás como a nosotros mismos; después, amar hasta aquellos que no nos quieren, los enemigos. Y a punto de entregar su vida, amar como Él amó, dando la vida. Y esto es a lo que estamos llamados los que un día abrazamos, mediante los votos, la vida religiosa.

En el ofertorio, hemos salido de los diferentes bancos con las velas, que en aquel momento hemos encendido, y, precedidos por las ofrendas, nos hemos colocado alrededor del altar. Entonces hemos ido diciendo uno por uno sólo nuestro nombre de pila, sin especificar la congregación, y hemos leído todos juntos esta fórmula de renovación: "Yo (...) renuevo mi compromiso de seguir los consejos evangélicos, como discípulo de Jesús que me llamó hace años a su seguimiento, en comunidad, consagrando toda mi vida al servicio de Dios y de los hermanos. Pongo como testigos de esta entrega a todos los hermanos que nos acompañan y con los que quiero compartir el encargo de Jesús de ir por todo el mundo anunciando el Evangelio. Y lo hago libremente y confiando en la misericordia de Dios que me dará fuerzas para seguir adelante todos los días de mi vida en este seguimiento y este servicio. Que la Virgen María, la primera consagrada al Señor, me ayude a llevar a cabo esta consagración por el bien de mis hermanos y para colaborar en la creación de un mundo mejor. Amén".

Después nos hemos quedado en el presbiterio con los celebrantes hasta la hora de la paz, que nos llevado por toda la iglesia a darla a la gente. Al final hemos repartido a los feligreses un pequeño recuerdo con unas palabras del papa Francisco a los religiosos en el Año de la Vida Consagrada.