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(Laura Mor –CR) Continúa en pie el edificio de la parroquia de Bernat Calbó, en el barrio de Poblenou de Barcelona, ​​que se había de derribar como máximo el 15 de septiembre. Tal como muestra la fotografía, esta mañana sigue exhibiendo una pintada de oposición inequívoca al proyecto previsto: "No al monasterio". Y es que algunos vecinos creen que las hermanitas del Cordero, a quien el arzobispado de Barcelona cedió el terreno para la construcción de un monasterio, no aterrizaron con buen pie en el barrio.

Tampoco cayó en gracia el proyecto arquitectónico que las religiosas llevaban en la carpeta. Un modelo constructivo que replica el de otros monasterios de la congregación, como el que tienen en Santiago de Chile. El esquema, sin embargo, no se ajusta al plan urbanístico que desde 2010 protege el casco antiguo del Poblenou. El ayuntamiento del distrito dará el visto bueno si modifican la propuesta, alterando aperturas, laterales y, entre otras cuestiones estructurales, la fachada que daría a la calle Mariano Aguiló.

A finales de julio las hermanas, el ayuntamiento y el arzobispado, convinieron en una reunión conjunta que era necesario "un tiempo para replantear el proyecto con calma y seriedad", según explicaba entonces Marc Andreu, consejero técnico del distrito de Sant Martí.

De momento las vacaciones han servido de bálsamo para calmar los ánimos. Y los que reivindicaban otros usos para el terreno, han interpretado la detención del derribo como una primera victoria.

La plataforma Salvem la Repla, que este jueves prevé nuevos actos reivindicativos, ha recogido más de seiscientas firmas pidiendo que el lugar donde está la parroquia sea un nuevo espacio público. En el argumentario dicen que el barrio ya cuenta "con suficientes edificios religiosos infrautilizados" y querrían ampliar la plaza. Pero el gobierno del distrito no contempla esta opción, porque tampoco casa con el plan mencionado.

Los actores, los argumentos

"Desde que el ayuntamiento ha entrado en el gobierno ha intentado hablar con todos los interlocutores", asegura Marc Andreu. Y es que para entender el revuelo generado, es necesario hacer una lectura sociológica y abrir el abanico de actores implicados.

La Asociación de Vecinos del Poblenou también ha jugado un papel de mediación y, desde el primer día, ha seguido el caso muy de cerca. Considera que no hay especulación con el proyecto porque no se altera el uso religioso del terreno. "No procede en ningún caso cuestionar el aspecto del uso", asegura el presidente de esta entidad vecinal, Salvador Clarós. En cambio, sí que se han pronunciado sobre el proyecto arquitectónico del monasterio: "No estamos nada de acuerdo porque no encaja con el entorno", explica Clarós, que coincide con el criterio del gobierno del distrito.

Las hermanas que conforman la fraternidad de Barcelona han optado por no hablar con los medios de comunicación. Su propuesta, dicen, está sintetizada en su página web. Este medio tampoco ha obtenido declaraciones oficiales por parte del arzobispado, que prefiere mantener la negociación a puerta cerrada.

En el ámbito pastoral y social, las hermanas tampoco han encontrado mucha sintonía en el barrio. Según Clarós, "el proyecto ha sido mal explicado y se ha entendido de forma confusa". Un juicio compartido por varias voces. Incluso a los miembros de la parroquia vecina de Santa Maria del Taulat les cuesta imaginar cuál será su rol en el tejido de Iglesia del barrio.

Sea cuestión de estilo y de lenguaje, o de objetivo y de proyecto, estas hermanas, que visten hábito azul y tienen una vida radicalmente austera, han sido tachadas de "paracaidistas" por parte de muchos vecinos. Atribuyen la falta de sintonía a que las religiosas pidan limosna para la misión sin escuchar antes las necesidades del barrio.

El aterrizaje de la orden mendicante

La mayor parte de la comunidad la conforman misioneras de origen francés –muchas de las cuales no hablan ni catalán ni castellano– y su carisma va ligado a los pobres y mendigos. Su opción por los pobres, que siempre han contado con un lenguaje bíblico, despertó recelos en el barrio ante el temor de que el monasterio fuera un espacio asistencial.

El prejuicio anticlerical también se ha hecho sentir en el discurso opositor al monasterio. El manifiesto desde la plataforma que encabeza las movilizaciones en contra dice que sería "una comunidad cerrada" que "no aporta ningún beneficio al barrio".

Todo comienza cuando en 2012 se detecta carbonatación en la parroquia de Sant Bernat Calbó. La enfermedad, acentuada por la salinidad del mar, obliga al arzobispado de Barcelona, ​​como propietario, a reparar la estructura afectada del edificio. Pero el elevado coste de la rehabilitación les hace buscar otras soluciones. Y a finales de ese año presentan una alternativa: la cesión a noventa años del terreno a las hermanitas del Cordero para que construyan un monasterio residencial. El tiempo ha mostrado como el factor del encaje social no fue prioritario en esa decisión.

De acuerdo con el contrato firmado entre el arzobispado y la congregación, en marzo de este año las hermanas habían conseguido medio millón de euros, la mitad del coste de las obras. Una cantidad que permitía iniciar la construcción del templo. Y mientras no ultimaban el monasterio, seguían de alquiler, vinculadas a la iglesia de Sant Jaume, en la calle Ferran.

En este inicio de curso, si las hermanitas del Cordero quieren desencallar la negociación, deberán rectificar el proyecto de la mano del arquitecto que lo firma, Luis Felipe Infiesta. En caso de que no muevan ficha, el ayuntamiento y el arzobispado podrían abrir el escenario de una posible permuta, y tendrán que buscar una nueva ubicación para la residencia de las religiosas.