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(Gloria Barrete -CR / Arenys de Mar) La puerta del convento de los capuchinos de Arenys de Mar se abre y aparece una figura alta y risueña. "Sois de Cataluña Religión? Adelante! Gracias por venir". Nos recibe Oscar Bernaus, nuevo capuchino profeso. Nos muestra una bolsa que han dejado en la entrada del convento con algunos pasteles de parte de la gente del pueblo. "Hoy también es mi santo", nos cuenta. El notamos contento, y algo nervioso. Le preguntamos si está nervioso por la profesión temporal que hará durante el anochecer. "Estoy más nervioso por la entrevista a cámara", exclama.

Nos conduce hacia el jardín del convento y allí nos encontramos con Fray Magí, uno de los capuchinos grandes de la fraternidad. Acaba de cosechar algunas flores y plantas, "para adornar la mesa de la comida, que hoy es el santo del chico", nos cuenta. Como si se tratara de una boda, Oscar está pendiente del móvil, "me han de ajustar el hábito más tarde". Comenzamos nuestra conversación, le hemos pedido algo difícil, que nos resuma su historia y su proceso de discernimiento.

Oscar tiene 40 años y es de Castelldans, un pueblo de Les Garrigues. Recuerda que de adolescente se "rebelaron contra el cristianismo" y abrazó el budismo. "Monté una especie de templo en el desván de su casa, mis padres creían que estaba loco!". En tiempos de universidad hace algunas estancias en el monasterio de Poblet como lugar para estudiar. Allí notó la interpelación de la cruz. "Poblet es como el primer amor, siempre lo recuerdas", afirma, y ​​es en Poblet donde decide dar una oportunidad al cristianismo y hacerse seguidor de Jesús. Se involucra de lleno a la Pastoral Universitaria, hace catequesis, oraciones, viajes, retiros, "fue excesivo", confiesa. Asimismo, afirma que tanta actividad pastoral le hacía sentir "perdido". Era una manera de huir de sí mismo, de no pensar en ciertas cosas, y es una época donde siente un gran vacío espiritual.

Decide hacer un cambio radical a su vida y viaja a Berlín para aprender el idioma durante dos semanas. Se queda durante 11 años, trabajando primero en la capital alemana y posteriormente en Leipzig. Una etapa de su vida aparentemente llena, exitosa y dada a los placeres ya la buena vida. "Yo era un bon vivant", afirma, "no me estaba de nada entre restaurantes, cultura, viajes, una vida que te llena y vacía la vida a la vez". Comienzan entonces los ataques de pánico, hasta que al final del curso del año 2014 recurre a su buen amigo y sacerdote Robert Baró y le pide algún lugar para hacer un receso y volver poco a poco a la oración. Le recomienda los capuchinos de Arenys de Mar y llega un 11 de agosto de 2014.

"Fue un cambio radical, de la noche a la mañana", recuerda emocionado. Este viernes 3 de febrero Oscar Bernaus decía un sí a la vida religiosa y de fraternidad con los capuchinos. Una celebración emotiva, llena de sentimiento y con la participación del entorno de Óscar y de los capuchinos. "Vienen autocares desde mi pueblo y amigos de Berlín, Leipzig o Roma".