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(Jordi Llisterri -CR) La última vez que se mezclaron toros, iglesia y política en este país la cosa acabó bastante mal. Con las bullangas y la quema de conventos de 1835. Seis toros malos en la plaza de la Barceloneta exaltaron los anticlericales y la destrucción de patrimonio fue peor que la de la Semana Trágica de 1909. Este lunes en el Parlamento la sangre no llegó en el río, pero después de las preguntas de los asistentes, el arzobispo Juan José Omella dijo que se sentía como en una plaza de toros: "A ver cómo cojo la capa y torear todo eso".

El arzobispo de Barcelona era el invitado este lunes para pronunciar una conferencia sobre religión y política en el Parlamento de Cataluña en un acto organizado por la Asociación de Antiguos Diputados. Antes de la sesión, el arzobispo de Barcelona y el auxiliar Sebastià Taltavull, fue recibido por la actual presidenta, Carmen Forcadell.

Omella hizo una reflexión que buscaba los espacios comunes. Desgranó los principios que emanan de la Doctrina Social de la Iglesia y "que dignifican la persona humana y que están por encima de los colores políticos; encajan tanto en la derecha como en el centro o en la izquierda, y en las corrientes de pensamiento conservadoras, liberales o progresistas". Unos principios que "no pertenecen a ningún partido político en particular y que son comunes a todos los hombres y mujeres del planeta".

Una búsqueda del consenso que no quita que la Iglesia tenga una participación activa y "que podamos encontrar juntos la manera de contribuir al bien común de nuestra sociedad". Pero sobre todo "la iglesia es de todos y para todos". Y "no busca privilegios, sino que da la mano para contribuir a una sociedad más justa y auténtica, democrática y en paz".

Cuatro toros

Una intervención que fue bien recibida, pero que las preguntas de los asistentes quisieron que aterrizara en el terreno concreto y en la realidad catalana. Dicen que los periodistas son incisivos preguntando y que los políticos intentan escaparse de las concreciones. En este caso, se cambiaron los papeles y los incisivos fueron los políticos preguntando. Sobre el papel de la Iglesia en el proceso soberanista, sobre la ordenación de las mujeres, sobre las últimas declaraciones del cardenal Cañizares y sobre la división del patrimonio del obispado de Lleida.

En el primer toro Omella defendió que "los temas políticos corresponden a los políticos" y no quiso valorar la aplicación de los derechos de los pueblos en el caso catalán o los pronunciamientos de la Conferencia Episcopal Española sobre la unidad de España. "Lo he dicho y lo repito, como obispo y representante de la Iglesia yo no entro en eso. Mi trabajo es pastoreando, trabajar por el bien común y acompañar a todos los políticos católicos de cualquier opción política".

Del segundo toro, Omella insistió en la imprescindible presencia de las mujeres: "¿Qué haríamos sin las mujeres en la Iglesia?". Pero señaló la complejidad teológica del diaconado femenino y que la ordenación de las mujeres era un tema que "Juan Pablo II cerró y el papa Francisco lo que ha abierto es la reflexión sobre si es verdad que en la Iglesia primitiva hubo mujeres diáconos". Del toro de Cañizares no quiso entrar en contradeclaraciones pero admitió que "ir contra las leyes es un poco fuerte". Y sobre todo hizo hincapié en que "el Papa Francisco tiene una idea clara de lo que es familia, lo que llamamos la familia tradicional, que hoy se pone en cuestión. Ahora bien: respetando siempre a los demás, los que tienen otra inclinación sexual, porque son personas. Esta debe ser nuestra manera de actuar".

Finalmente, cuando salió el cuarto toro, Omella, que había sido obispo de Barbastro al inicio del litigio por las obras de arte, admitió que le "tocaba la llaga". Según el arzobispo, lo más relevante es que "hubo un decreto, y hubo un juicio, y yo lo defenderé siempre" y que se dictó es entregar las obras a las parroquias aragonesas que las reclaman: "yo también he hecho la lucha y no voy en contra de mis ideas". "Cuando tomo una decisión voy hasta el final que por eso soy aragonés", añadió para cerrar sonriente las cuatro preguntas de los ex diputados y asistentes al acto: "He toreado pero no se si he matado el toro".

"Que el Señor nos regale más políticos a los que les duela de verdad la vida de los pobres"

La conferencia de Omella fue más apacible que una corrida de toros, aunque él mismo reconoció que la solemnidad del espacio que lo acogía le provocaba "temor de que no había tenido nunca como hoy".

Comenzó con una crítica a aquella política que "se nos presenta como una lucha de intereses contrapuestos" y en la que "priman las frases llamativas, los ataques extremos, la falta de sosiego, o la ausencia de la reflexión" en contra "del bien a medio y largo plazo".

A partir varias citas del papa Francisco y de las conocidas bienaventuranzas de los políticos escritas por el cardenal vietnamita Van Thuan, defendió "la altísima vocación de la política" en la búsqueda del bien común y como garantes de la libertad humana: "Ruego al Señor, que nos regale más políticos a los que les duela de verdad lo que pasa en la sociedad, al pueblo, y en la vida de los pobres ". Testimonio, fidelidad, coherencia, promoción del cambio, valentía, son algunos de los principios y actitudes que detalló que reclaman la acción política.

Una actuación que se concreta "respetando las promesas electorales" y "escuchando el pueblo, la propia conciencia, y Dios". Una actitud de escucha que "también nos va muy bien a los obispos".

"Tenemos que hacer un examen de conciencia"

Así, a los obispos lo que les corresponde es "contribuir a formar una conciencia recta para que las decisiones políticas sean tomadas libremente a la luz de la conciencia y buscando siempre el bien común". Un bien común que la Iglesia ilumina con cuatro principios que se desprenden de la Doctrina Social de la Iglesia.

La dignidad de toda persona humana, "en todas las etapas de la vida" y contra cualquier violencia o discriminación. La subsidiariedad, con un "Estado al servicio de la persona y no la persona al servicio del Estado" y como "contrapunto a las tendencias totalitarias del Estado y por un justo equilibrio entre la esfera pública y la privada". Hecho que se concreta con "el apoyo a las familias" y en evitar "que las ideologías emergentes se impongan en detrimento de la familia". O en "promover el desarrollo del ser humano en todas sus dimensiones -todas-, y que ninguna persona quede excluida -ninguna-"; por ejemplo, promoviendo "el derecho al trabajo digno".

Y como cuarto principio, la solidaridad y fraternidad, con "un modelo que ponga en el centro la persona y no el máximo beneficio", que sea el último criterio para la acogida a los refugiados o que se preocupe de "la conversión ecológica" .

Las demandas de Omella no olvidaron la autocrítica. De la clase política: "preguntémonos qué hemos hecho mal para que los jóvenes tengan recelos o rechacen los partidos políticos" o que "busquen alternativas que no sabemos dónde pueden llevarnos". Y de la misma Iglesia, "que tanto ha hecho por la sociedad y para los pobres" pero que también encuentra el rechazo entre los jóvenes. "Tenemos que hacer un examen de conciencia".

La Iglesia tarraconense

El acto lo presidió la actual presidenta de la Asociación de Antiguos Diputados, Núria de Gispert, acompañada del también ex presidente del Parlament Joan Rigol.

De Gispert remarcó "la ventana abierta y la esperanza que nos ha dado el Papa Francisco en cristianos y no creyentes". Asimismo, defendió la implicación de la Iglesia en un tiempo en el que "un pueblo aspira a decidir su futuro". Para De Gispert, "el diseño de la nueva Cataluña que tenemos que hacer entre todos sería manifiestamente incompleto si faltase la aportación descomplexada, valiente y constructiva de la Iglesia católica, que es para nosotros una pieza imprescindible que nos lleva ser como somos". Por ello, "la Iglesia católica debe ser parte activa del debate social, político e institucional" y "el arzobispo Omella puede ayudar mucho al diálogo imprescindible sobre el futuro de Cataluña".

Rigol cerró el acto con una intervención en el mismo sentido, alertando que "la Iglesia vive mucho de las raíces cristianas de Cataluña, pero habrá un momento en el que la Iglesia también viva el futuro de Cataluña" . Según Rigol, no es menor que cuando la opinión pública aparecen nombres como Cañizares, Rouco, o la 13TV, "nos recuerda que hay un iglesia toledana y una tarraconense; sólo es necesario leer como lo explica muy bien el canónigo Carles Cardó".

Juan José Omella cerró su intervención asegurando una vez más que "yo vengo de Aragón pero el corazón empieza a estar muy en sintonía con nuestra sociedad".