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(Jordi Llisterri –CR) Es uno de los máximo conocedores del Islam desde el mundo católico y fue rector del Pontificio Instituto de Estudios Árabes e Islámicos. Y ha asesorado personalmente a los últimos papas sobre el mundo musulmán. Justo Lacunza es un misionero de los Padres Blancos que se acercó al Islam a través del estudio en varios centros internacionales. A los estudios se suma la experiencia de haber vivido en una larga lista de países de tradición musulmana.

Así, Justo Lacunza habla del Islam con autoridad. Y afirma que "el Islam no te permite que mates a tu vecino". Una violencia que no se puede justificar: "Sobre todo es injustificable la utilización de una religión, en este caso del Islam, para matar al vecino". Pero los grupos extremistas, "esta parte nefasta del Islam", saben que "cuando utilizan una religión están utilizando un elemento muy poderoso, porque toca el alma, la inteligencia, y los sentimientos".

Lacunza analiza la "lógica" perversa que conduce a los atentados de París. Son una muestra más de la buena organización y de los financiación de la que disponen los grupos extremistas islamistas. Y apunta directamente al Estado Islámico. Por ello, cree que la solución debe salir en primer lugar del mundo musulmán. Dice que "me gustaría que los líderes musulmanes a nivel mundial no sólo condenaran, sino que defendieran la libertad religiosa en todo el mundo y defendieran sin medias tintas la dignidad de toda persona humana". Dos cosas en las que cree que se deberían comprometer los gobiernos de todos los países.

Como católico, Lacunza recuerda que "la Iglesia pide que miremos los musulmanes con estima". Incluso, "a pesar de la persecución, las matanzas y las torturas que sufren los cristianos de Oriente: el mensaje de Jesús es el del perdón y la misericordia". También remarca que "hay millones de musulmanes que buscan una vida feliz y tranquila" y que "sienten vergüenza" por los ataques terroristas como los de París.

Y sobre todo, afirma que a los terroristas "no se les debe dar los gusto de odiarlos, porque el odio no les hace daño a ellos; me hace daño a mí". Y lo dice también desde la experiencia de haber vivido de cerca el terrorismo islámico. Él cogía cada día uno de los autobuses que explotó en Londres.

Este fin de semana estuvo a Barcelona para participar en la jornada anual del Grup Sant Jordi, este año dedicada a las religiones como espacio de sensatez y libertad. Lo explica en esta entrevista.