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(Gloria Barrete —CR) Construir un relato y una mirada crítica y esperanzada sobre la realidad. Este es el objetivo de fondo que el Centro de Estudios Cristianismo y Justicia persigue desde hace 35 años. Movidos por el compromiso y el trabajo "en un mundo más justo y más humano", el centro de la Fundación Lluís Espinal ha inaugurado este miércoles un nuevo curso académico, y lo ha hecho de la mano del sociólogo y referente de los movimientos altermundistas, Boaventura de Sousa Santos, con la charla 'Si Dios fuera un activista por los Derechos Humanos'.

De Sousa, doctor en sociología del Derecho por la universidad de Yale, y catedrático actualmente de la Universidad de Coimbra, ha hablado de justicia cognitiva y de las epistemologías del sur como alternativas a la realidad injusta en que vivimos y viven numerosos sectores de población. Para hacerlo, ha tomado como marco referencial su texto de hace diez años y que daba el título a la sesión inaugural. De Sousa ha iniciado la conversación teniendo un recuerdo especial para una joven argentina de dieciséis años asesinada brutalmente hace pocas semanas. "Hay muertos a todas horas, pero hay muertos que renuevan heridas muy profundas", ha expresado.      

Retrocesos sociales

De Sousa que ha remarcado que "no es teólogo, sino sociólogo", ha tomado como punto de partida su texto, un texto que articula dos sentimientos básicos de los que habla el filósofo Espinosa: el miedo y la esperanza. "Vivimos en sociedades que aparentemente han resuelto mucho problemas pero sufrimos un miedo sistèmico", ha reconocido. Este miedo, para de Sousa, "provoca que no se dialogue con los gobernantes, y crea gente resignada". Por eso el sociólogo aboga por rescatar la esperanza, "para poder luchar contra la resignación".

La sociedad actual a menudo se vanagloria de muchas victorias pasadas que actualmente están en retroceso. De Sousa ha recordado que la sociedad pensaba que se había resuelto el problema del trabajo sin derechos laborales, que después de décadas de lucha feminista existiría igualdad de género, o que el racismo se había vencido. Nada más lejos de la realidad. La consolidación del neoliberalismo que provoca un trabajo sin derechos, la violencia constante que sufren las mujeres en todos los continentes, la muerte de un joven negro al día por parte de la policía, o el aumento de la islamofobia en Europa ponen de manifiesto que aquellos éxitos que parecían irreversibles, "todavía no lo son".   

La crisis de la teología de la liberación

Y en este panorama social opresor y feroz, ¿qué papel juega Dios? Para de Sousa es importante volver al texto de hace diez años. "Nos obliga a estudiar la cuestión de los Derechos Humanos". Pensar en un Dios mejor que nosotros "puede ser una manera de salvar la humanidad", ha afirmado. "Todo depende de saber de qué lado está Dios". Pero, ¿cómo un ser humano puede saberlo? De Sousa ha aclarado que es una pregunta retórica.

Los Derechos Humanos son un concepto moderno, "no están en la narrativa de los indígenas de América Latina, o de los pueblos africanos colonizados", por ejemplo. Pero lo que verdaderamente preocupa a de Sousa es la existencia de tanta opresión frente a la necesidad de tanta liberación del mundo. El sociólogo se ha remontado al siglo XVII para hablar de continuidades opresoras que ahora hoy continúan. En el siglo XVII de diez a quince millones de africanos fueron traficados como esclavos hacia América. Murieron tres millones en el mar. En el año 2015, un millón y medio de personas atravesaron el mar Mediterráneo camino de Europa. Murieron tres mil setecientas. "El cementerio líquido que fue el Atlántico en el siglo XVII ahora lo es el Mediterráneo en pleno siglo XXI". Continuidades preocupantes.

Y ¿por qué si hay tanto para liberar es tan grande la crisis de la teología de la liberación?, ha preguntado de Sousa. El portugués, conocedor de la teología de la liberación a través del obispo brasileño Helder Camera, cree que el poco espaldarazo que ha recibido esta teología la ha hecho casi "prohibida" en el continente americano. Esto ha provocado que el agujero dejado sea llenado "no por un pensamiento laico, sino por los neopentecostales", que han sustituido la teología de la liberación por la teología de la prosperidad.

Las epistemologías del sur

"Hay necesidad de revisitar la teología de la liberación, otro mundo posible, otra liberación es necesaria", ha afirmado de Sousa. Es desde este punto de partida que el sociólogo propone las epistemologías del sur: "Conocer, reconocer y validar los conocimientos producidos en las luchas sociales por los que resisten al sufrimiento sistémico causado por el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado, tres formas de dominación que actúan de la mano". El conocimiento de las luchas, ha denunciado, "no llega nunca a las universidades". Sólo se enseña el conocimiento de los vencedores, los vencidos no llegan nunca a las universidades. Lo que propone de Sousa es otra justicia cognitiva en el mundo.

De Sousa establece la existencia de una línea abismal, "con un lado del mundo protegido, con derechos, comodidades... y con el otro lado de la línea sin derechos, sin protección, sin leyes". La línea abismal que divide las exclusiones no radicales de las radicales sigue en nuestro mundo. "Vivimos en sociedades políticamente democráticas, pero socialmente fascistas". Los Derechos Humanos, acuerda de Sousa, "han sido creados para las exclusiones no abismales".

El sociólogo tiene claro que si Dios fuera un activista de los derechos humanos "habría leído las epistemologías del sur y habría visto que la línea abismal es una idea interesante". A la vez, seguro que Dios iría a vivir allí. "Su calvario sería vivir en la línea abismal, para mirar los dos lados, porque sólo quién vive en la línea abismal puede mirar los dos lados", puesto que los del otro lado de la línea no existen, no cuentan, están ausentes.

Sociología de las ausencias

Por eso parte de la sociología de de Sousa se denomina sociología de las ausencias. "Nosotros vivimos siempre en nuestra sociedad creando no existencias". De Sousa defiende "que Dios miraría la sociología de las ausencias para mirar a los declarados pero no existentes". Esto, afirma, "sería producto de una nueva metodología que Dios nos podría enseñar: la escucha profunda". Escuchar no es sentir, ha recordado, "es entender los silencios, entender la historia, entender las injusticias en un momento dado, comprender lo que no se ve". Este Dios tendría que estar muy atento a la sociología de las ausencias y de alguna manera la revelación tendría una primera fase: "las presencias de las ausencias. Revelar en el mundo a todos estos seres humanos que son declarados como no existentes".

Este Dios fronterizo tendría una segunda tarea para de Sousa: "Al mirar estas ausencias, miraría unas presencias, un conocimiento, una gente que está allí, una dignidad, unas narrativas de vida". Cuando miramos este lado de la línea surge otra revelación: la que de Sousa denomina de las emergencias. Es cuando se empieza a ver que lo que denominamos víctimas son gente con dignidad, con esperanza de vida. "Son cuerpos que el sociólogo de las ausencias analizaría como cuerpos desplazados, racializados, forzados, sexualizados y como cuerpos muertos". Son estos cuerpos "lo que significa la exclusión abismal de nuestro tiempo".

Ir a las causas

¿Y si Dios fuera sociólogo? "Sería un buen sociólogo que no iría como nosotros a los síntomas, sino que iría a las causas". Analizaría por qué este sufrimiento, por qué esta exclusión. "Seguro que iría a ver que no son sólo los pobres de la teología de la liberación de los años sesenta, sino todos los excluidos del capitalismo, del colonialismo, del racismo y del sexismo". De Sousa ha afirmado convencido que si Dios fuera activista por los Derechos Humanos, "sería anticapitalista, anticolonialista y antipatriarcal, e iría a ver en qué medida las religiones han participado en los modos de opresión".

De Sousa ha concluido su exposición incidiendo en la importancia de estas dos escuchas profundas, "la de las ausencias y la de las emergencias". "Quizás las epistemologías del sur", ha afirmado, "serían una manera interesante de Dios para considerar una nueva generación de derechos humanos que fuera más allá, y quizás mucha gente creería que si Dios es así, vale la pena creer que Él existe".