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(Gloria Barrete CR / CIE de la Zona Franca) Tomamos el autobús 109 de Barcelona sin tener claro en qué parada tendremos que bajar. "¿Cuál es la parada del CIE?", le preguntamos al conductor; que con cara de sorprendido responde: "¿CIE?", ¿qué es esto?" Insistimos: "Sí, el Centro de Internamiento de Extranjeros, sabe dónde queda?"; cree saber de qué le hablamos y nos explica: "Creo que ya sé dónde me decís, pero en fin de semana no pasan los autobuses por allí." Nos sorprende que ni siquiera el conductor de TMB conozca la existencia del CIE. Llegar de por sí ya es difícil: está lejos, sin transporte público y en una zona aislada.

Conseguimos llegar a pie y por el camino nos encontramos personas de todo tipo: gente mayor con bastón, familias con niños, algún religioso y religiosa... todos vamos hacia el CIE de Zona Franca, convocados por la Fundación de los jesuitas de Migra Studium y por la Plataforma de Entidades Cristianas con los Inmigrantes. Se ha convocado una víspera de plegaria, delante del mismo Centro de Internamiento, la noche antes del día Mundial de las Migraciones.

Privados de libertad por una falta administrativa

Hace frío, mucho frío, pero a parte de la temperatura se nota un ambiente helado por la situación en sí misma: un centro, en medio de la nada, en un no-lugar donde cuesta entender qué se lleva a cabo. "¿Por qué encierran a personas aquí?", pregunta un niño a su padre, "¿Son malos?", insiste.

"Interno 580, H., de Bangladesh. Fue detenido en un control fronterizo excepcional cuando iba de Madrid a Francia. Este chico está fatal, se ha pasado toda la visita llorando. Está desesperado, cree que tendrá un infarto, tiene mucha ansiedad. No puede soportar estar en el CIE. Tiene miedo de que se alargue mucho la estancia. Su madre está enferma, ingresada en su país, y le preocupa no estar con ella porque es hijo único. Él no tiene a nadie aquí. No entiende nada - no habla nada de castellano y su inglés es muy limitado- y no se puede comunicar con nadie. Lágrimas de pena, impotencia, dolor, de humillación, de rabia, y de miedo."

Este es uno de los casos del CIE de la Zona Franca, y uno de los ocho testimonios que se han leído durante la víspera de plegaria; cada testimonio enlaza con una palabra: vulnerable, engaño, lágrimas, ansiedad, soledad, ruptura, violencia, menores... y todos recordaban la vulneración de derechos que tiene lugar dentro del CIE. Más de cien personas, entre jóvenes, familias con niños, adultos y gente mayor han estado cerca de dos horas rezando y aguantando el frío para poder "poner de manifiesto el sufrimiento de los internos y darlo a conocer", explica Margarita García O'Meany, responsable del proyecto CIE-BCN de la Fundación Migra Studium. Aunque la mayoría de los internos son de religión musulmana, O'Meany afirma que "están enterados de lo que están haciendo hoy aquí y agradecen que estemos por ellos."

Reconocer el sufrimiento

El abogado y miembro del grupo de voluntarios, Josetxo Ordóñez, ha querido recordar que, aunque en Barcelona existe un CIE, no es el único en Europa: "Nos sentimos hermanados con otros creyentes de Europa que ponen su fe al servicio de la justicia", i por eso, "hemos querido sacar la plegaria de las iglesias y traerla aquí, delante del CIE.

Testimonios, textos del Antiguo Testamento, del Evangelio de Lucas, poemas, cantos e incluso un texto del Corán han ido llenando la víspera de plegaria. "La fe ayuda a los internos a soportar el sufrimiento y las dificultades". "Hemos de reconocer el sufrimiento que se vive aquí, después acompañar este sufrimiento, y después de acompañar, luchar, luchar porque esta vulneración de derechos no se de en ningún sitio más", ha pedido O'Meany.