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(Gloria Barrete –CR) "Notas que lo que haces y tienes no te hace feliz: el trabajo no te llena, el dinero no te llena, la pareja con la que estás no te hace feliz, te das cuenta que no todo se reduce a las cosas económicas; es cuando buscas algo más, te haces la pregunta trascendental –¿qué hay más aparte de esto?– a mí esta pregunta me hizo buscar Poblet". Este proceso de búsqueda empezó seriamente para Fra David Renart en 2008 y ahora, seis años más tarde, se ha traducido en la celebración este jueves de su profesión solemne como monje cisterciense de Poblet.

Fra David Renart es de Sueca –Valencia– y tiene 51 años. Licenciado en empresariales, estuvo trabajando en una promotora inmobiliaria diez años, después en una multinacional financiera y los últimos ocho años trabajó en una empresa de Barcelona que se dedicaba a la prospección de mercados; tuvo dos parejas, y estuvo a punto de casarse. "Realmente hay algo que te llama, en mi caso, fue lo que se denomina teología negativa, es decir, yo sabía lo que no quería y en Poblet he encontrado lo que sí quería. Yo tenía una vida bastante cómoda, con un trabajo donde ganaba mucho dinero, pero esto no me era suficiente". Estas dudas lo llevan a hablar con un presbítero de la parroquia de su entorno en Valencia y a expresarle su voluntad de probar la vida monástica. Descartando la Cartuja que estaba muy cerca pero que "no era de su estilo", el monasterio que le quedaba más cerca era Poblet, que es del Císter.

Un camino lleno de pruebas

En 2009 aterriza en Poblet y empieza un largo proceso de pruebas antes no entre definitivamente. Según el capítulo 58 de la regla de Sant Benet –la que ellos siguen– tuvo que estar entrando y saliendo de hospedería durante unos seis meses; se quedaba una semana e iba afuera, volvía, etc, hasta que empieza el postulantado que dura seis meses más y donde uno todavía no viste el hábito; después hizo el noviciado, que dura un año y medio, y, posteriormente, los votos temporales que son –según el derecho canónico y sus constituciones– mínimo tres años, máximo seis años y, excepcionalmente, nuevo años. Fra David Renart el 1 de mayo hizo los tres años de votos temporales, renovó por un año, pero pidió hacer ya la profesión solemne. Celebración que ha tenido lugar este jueves por la mañana durante la misa conventual de las 10h, presidida por el padre Abad, Josep Alegre.

"La gente erróneamente piensa que dejan entrar a todo el mundo, pero es al revés, te hacen un montón de pruebas antes de entrar. Te acogen, pero te lo ponen difícil", afirma Renart . Poblet es muy bonito, argumenta, pero el exterior se puede ver "en un día, dos o en tres si uno es muy aficionado al arte, pero ya está, ya se acaba. En Poblet acogen a todo el mundo, pero no todo el mundo se queda. Si uno se queda aquí, explica, "es porque el Espíritu Santo hace que te quedes".

Se levantan a las 4:50 para rezar Matines, a las 6 lectura personal de la Biblia –Lectio Divina– a las 7 plegaria comunitaria de las Laudes, a las 8 Eucaristía y a las 9 almuerzo. Después trabajo de la comunidad hasta casi la una. Plegaria del mediodía, comida y un poco de descanso. A 14:30 vuelve a recomenzar el trabajo hasta las 17. A 17:30 nueva Lectio Divina, a 18:30 vísperas y a las 19 cena. A 20:15 lectura de la Regla de Sant Benet y plegaria de Completas. A las 21, quien quiere marcha a dormir. Este horario varía un poco los domingos.

A pesar de que actualmente estudia teología en el monasterio, tiene claro que una vez finalice los estudios tendrá que hacer el trabajo que le toque: "quien entra pensando en hacer algo concreto, mal; aquí estás para obedecer en lo que te manden y servir a la comunidad. Olvidar el yo –que fuera está muy de moda– y poner en primer término a la comunidad. Esto es una cosa práctica no teórica, que se hace todos los días", recuerda.

Vida monacal sin perder la sociedad como punto de referencia

Explica que el monasterio parece una cosa por fuera y otra por dentro. Nunca ha querido perder el contacto con la realidad externa al monasterio y aprovecha cuando va al dentista, por ejemplo, para entrar en una tienda de ordenadores y mirar las últimas novedades que hay. No para comprar, explica, "si no para estar al día". O se para frente a un escaparate y mira la ropa que hay, dice, "por deformación profesional miro como están los precios".

Tiene claro su elección, y el hecho de ser una vocación tardía lo favorece en su certeza: "me permite ser más consciente de cómo es el mundo, de saber a qué renuncio, y de tener la certeza que eso que he probado muchas veces no lo quiero". Hacerse monje de Poblet para él, afirma, "es como tirarme a una piscina sin mirar si está llena o está vacía, porque sabes que lo que había detrás no vale la pena". Respecto a las vocaciones de vida religiosa y sobre todo de vida monacal, él defiende la calidad por encima de la cantidad: "las vocaciones que entran ahora son vocaciones reales, y no como en la época en que los seminarios estaban llenos de gente que estaba allí por estar. Posiblemente ahora hay menos vocaciones, pero tenemos muy claro lo que estamos haciendo, aquello qué queremos y lo que no queremos".