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(Gloria Barrete -CR) “Siria, mi país, cuna de la civilización y de la cristiandad, está completamente destruida, triturada y ensangrentada”, afirma contundente Georges Sabe, hermano Marista Azul en Alepo, Siria. Julio de 2012 quedará en la memoria de toda la población de Alepo porque en aquel mes la ciudad fue dividida en dos círculos concéntricos: el círculo interno donde vive la totalidad de los cristianos y que está bajo el control del régimen, y otro círculo externo que está en manos de los rebeldes.

En Alepo, la segunda ciudad de Siria y su capital económica, la situación es dramática. La vida allí es muy difícil: “cortes de agua corriente durante más de 40 días en algunos barrios, escasez de electricidad -1 ó 2 horas por día-, escasez de alimentos y de productos esenciales como los medicamentos”, enumera Nabil Antaki, médico y Marista Azul. “La vida también es peligrosa”, prosigue, “bombardeos cotidianos de una parte y de otra con muertos y decenas de heridos todos los días”. Es en este contexto donde viven y actúan los Hermanos Maristas, instalados en Alepo desde 1904. Ante este panorama de muerte y desolación, Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio, lanzó un llamamiento a finales de junio, donde levantaba la voz y pedía un grito por Alepo.

5 proyectos de asistencia y 6 proyectos educativos

“Bajo el nombre de la Oreja de Dios, ayudamos desde 1986 a los más pobres entre los pobres cristianos de Alepo acompañándolos y ayudándolos a encontrar alojamiento, educación, sanidad y trabajo”, explica Antaki. Desde el inicio del conflicto en Alepo, el verano de 2012, han cambiado su nombre por el de Maristas Azules, “haciendo referencia a los primeros Hermanos Maristas que se vestían de azul y porque nuestras camisetas eran azules y los desplazados decían a nuestra llegada: ¡Aquí están los azules!” A todos los destinatarios que los maristas ayudaban antes del conflicto ahora hay que sumar a centenares de familias desplazadas, cristianas y musulmanas. “Como nuestra misión se encontraba sobre todo en el barrio Dajabal Al-Sayde, el barrio más desfavorecido de Alepo, nos hemos encargado de 4 escuelas donde se alojaban 300 familias musulmanas desplazadas después del primer éxodo en julio de 2012, y después también de las 320 familias cristianas del barrio que se desplazaron después de la entrada de los rebeldes al barrio el viernes santo de 2013”.

Desde hace dos años los Maristas Azules en Alepo tienen 5 proyectos de asistencia y 6 proyectos educativos en marcha que afectan a miles de personas y que incluyen, por ejemplo, cestas de alimentos, ropa, combustible, material escolar, colchones y alojamiento, además de su acompañamiento solidario y su amor. Uno de estos proyectos asistenciales es Los Heridos de Guerra, que trata de manera gratuita, en el mejor hospital de la ciudad, a civiles víctimas de guerra -por tiros de francotiradores o explosiones- que no tienen los medios para pagarse este tipo de tratamiento.

Los Heridos de Guerra, cirugía gratuita al servicio de las víctimas

Este proyecto ha nacido de una constatación muy clara y cruel: “los civiles víctimas de bombardeos o de tiros morían cuando eran trasladados a hospitales públicos por falta de un cuidado adecuado”, relata Nabil Antaki, coordinador del proyecto. Debido a la guerra, no quedan más que dos hospitales públicos en funcionamiento en Alepo, los otros han sido o destruidos o quemados. “En estos hospitales las curas son mediocres debido a una falta de medios, de médicos y de enfermeros. Cuando cae un misil hay entre 30 y 50 heridos o muertos que se tienen que llevar a los hospitales y estos se encuentran desbordados”. No pasa lo mismo en los hospitales privados que tienen los medios; pero los hospitales privados son de pago y no existen en Siria los seguros sanitarios.

Con la voluntad de asistir a estas víctimas de guerra y conseguir su recuperación, se ha creado una asociación, formada por médicos y cirujanos del hospital San Luis -el mejor de Alepo- donde la dirección del hospital recae en las manos de las Hermanas de San José de la aparición y los Maristas Azules. Allí los médicos ofrecen sus curas y las intervenciones quirúrgicas de forma gratuita, y el hospital hace unas rebajas sustanciales en las tarifas de cuidados intensivos, los medicamentos, las radiologías o los análisis de laboratorio. Desde octubre de 2012 han tratado centenares de heridos graves y han salvado la vida de decenas de cristianos, musulmanes, pobres, civiles, heridos de guerra... de forma gratuita.

Este proyecto de gratuidad y servicio que ha ayudado a muchos civiles a día de hoy necesita ahora la ayuda de todos: “Este proyecto es muy caro. Por medio de donaciones del extranjero hemos podido financiar el proyecto hasta febrero de 2014. Desde entonces la caja está vacía, y hemos seguido el proyecto endeudándonos, ya que los Maristas Azules asumimos la financiación. Necesitamos unos 50.000 euros cada 6 meses, sabiendo que es una estimación porque es difícil de prever por adelantado la cantidad de personas heridas en 6 meses”.

“Los Maristas hermanos y seglares hemos escogido quedarnos”

Aparte de ser un proyecto asistencial, Antaki recalca que es en sí mismo un Evangelio vivo: “Pienso por ejemplo en un cirujano que, después de haber operado a un joven de diecinueve años herido en el cuello y en los pulmones, pasó la noche en el hospital para estar preparado en caso de cualquier complicación; pienso también en otro cirujano que operó a tres heridos muy graves desde las 5 de la tarde hasta las 4 de la mañana sin descansar, o todos estos médicos y enfermeros que vienen en plena noche cuando los llamamos, mientras que aquí en Alepo nadie sale de casa suya cuando se hace oscuro”.
Para el hermano Georges Sabe hablar de la guerra en Siria es hablar de los horizontes muchas veces cerrados. Explica que “cuando nace una esperanza, viene enseguida un acontecimiento para hacerte perder lo poco que te queda de ella. El horror, el temor, el llanto es nuestro pan cotidiano; hay días en los que perdemos la ilusión pero no la esperanza, los Maristas hermanos y seglares hemos escogido quedarnos”.

Esta opción peligrosa y valiente nace de su ser marista. Según Antaki, “creemos cada vez más en la solidaridad cristiana con los más desfavorecidos. Creemos que una presencia sencilla y humilde a su lado es más eficaz que cualquier discurso. Creemos en el acompañamiento, en el respecto de la dignidad del otro, siguiendo el ejemplo de Marcelino Champagnat que decía ‘No puedo ver a un niño sin decirle cuánto le estima Dios’.

Toda una declaración de intenciones que es representación del amor incondicional y del servicio eterno puesto que Antaki anuncia: “Seguramente tenemos momentos de desánimo y de tensiones, sentimos el peligro a nuestro alrededor, vemos con angustia a la gente y a muchos de nuestros amigos dejando el país. Pero, en nuestro contexto de violencia, de privación, de desolación, de sufrimiento y de desesperanza, continuamos, nosotros los Maristas Azules, mediante nuestra presencia, nuestra resistencia, nuestro acompañamiento, nuestra ayuda y nuestra solidaridad, siendo, para la gente, esta llama de esperanza en las tinieblas que nos rodean”.

¿Estáis todavía aquí?, les preguntan los habitantes de Alepo; ¿no nos habéis dejado como los otros? Y Antaki concluye: “seguiremos con nuestra acción con los desplazados, los disminuidos, los niños y los heridos”.

[Fotografías: Maristas Alepo]