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(Vida Nueva) La excelencia musical de la Abadía de Montserrat se ha edificado sobre la pasión por la música y el canto como instrumento de la liturgia. Viene de siglos atrás, pero, en los últimos años, esta vocación de cultivar los distintos ámbitos musicales se ha consolidado. Es el relato del número de Vida Nueva Catalunya de julio sobre los distintos aspectos musicales de esta abadía, que pronto cumplirá mil años.

La irradiación del santuario abarca desde el animador que de buena fe dirige los cantos el sábado por la noche en la parroquia hasta los círculos de alta cultura musical. La Escolanía, especialmente después de la renovación que realizó Ireneu Segarra, ha sabido conservar un excelente centro de formación humana y musical. Pero también con monjes que se han dedicado a renovar el cantoral y a crear escuela.

Y ahora, el nuevo órgano, inaugurado el 2010, fortalece esta presencia de calidad en el mundo de la música litúrgica. Un instrumento renovado para sostener la calidad musical de las celebraciones. 

“La identificación del canto de la Palabra con la liturgia es fundamental”, explica el monje, compositor y organista Jordi-Agustí Piqué. Defiende esta preocupación de Montserrat porque: “La calidad que merece la música litúrgica es la misma que la arquitectura religiosa o la proclamación de la Palabra de Dios”.

Desde su experiencia como presidente del Pontificio Instituto Litúrgico de Roma, Piqué destaca el esfuerzo que hacen las Iglesias emergentes de Asia y África para enviar gente a estudiar a Roma y mejorar la dimensión musical de sus comunidades: “Los primeros que se deben formar son los ministros de la liturgia”. Deberían ser un ejemplo para nuestra Iglesias.

Esta vocación musical de Montserrat se visualiza este verano con la cuarta edición del Festival Internacional de Órgano Cassià M. Just [ver programa]. También hay tres convocatorias distintas de los encuentros de animadores de canto. Llevaban más de 40 años activas tras el impulso inicial del padre Gregori Estrada, quien, junto con los monjes Ireneu Segarra y Odilò Planàs, marcó la renovación del cantoral postconciliar en Cataluña.

Finalmente, este verano coincide con el relevo en la dirección musical de la Escolanía. Bernat Vivancos concluye su labor este curso, al que sustituirá Llorenç Castelló. Los dos son antiguos miembros de la Escolanía y discípulos de Segarra. Vivancos explica cómo la Escolanía es, “ante todo, un coro litúrgico al servicio del santuario”, y que, con discos y giras, quieren difundir un “mensaje de paz y de espiritualidad” más allá de la montaña santa.

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