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2 Catalunya Religió Lun, 29/08/2022 - 18:43
Albert Pujol
Foto: Albert Pujol

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RAMON BASSAS -CR Con la crisis de 2008 Albert Pujol tuvo que buscarse la vida. Trabajaba habitualmente en el ramo de la construcción, como era costumbre en casa, “desde el abuelo, que era muy buena paleta y buena persona”, dice ajetreado con los niños. Ha empezado vacaciones y no paran. “Soy un chico normal, el tercero de una familia numerosa y trabajadora, tengo dos hermanas y un hermano. Mi madre hacía los trabajos de casa, y si alguna época había crisis tenía que trabajar de charcutera”, sigue. Después de la EGB (Educación General Básica) en Santa Perpètua, el BUP (Bachillerato Unificado Polivalente) en la Salle de Montcada y el COU (Curso de Orientación Universitaria) en el instituto de esta población, y habiendo superado la selectividad, no se sintió con ganas de empezar ninguna carrera. “Trabajé mucho tiempo con papá y abuelo, después probé otros trabajos”. Cuando supo que el padre Ramon Barniol buscaba a alguien para hacer de guardián en el Santuario de Queralt, en Berga, le envió el currículum.

—Y te contrató

—Sí, me dio confianza. Así que entré en Queralt a mediados del 2011 y estoy muy bien, atendiendo tanto a paseantes como a creyentes, ayudando y respetando a todo tipo de personas que pasan por aquí.

—Y veo que te gusta

—La verdad es que sí. Siempre me ha gustado relacionarme con buena gente, muchas veces atraído por trabajos donde pudiera servir o ayudar a los demás. Ahora bien, reconozco que siempre sin irse demasiado de la zona de confort. Marchar a ayudar a otros países me gustaría, pero siempre me ha dado miedo.

—¿Qué trabajos te toca realizar?

— El principal es velar al Santuario para que no quede abandonado, es similar a realizar un trabajo de masovero. Debo tener la iglesia siempre limpia y lista. Abrimos y cerramos la iglesia todos los días. Limpio los alrededores del Santuario. Ayudo al cura y a los fieles para celebrar misas. Hago trabajos de mantenimiento. Regamos y plantamos flores en los jardines de las plazas. También limpiamos y tenemos a punto los lavabos públicos, y atendemos una tienda de recuerdos que está abierta todo el año.

—El día de las vírgenes encontradas, el 8 de septiembre, celebráis lo que se conoce como 'Gala de Queralt'. Desde el 31 de agosto, cada tarde ya se celebra su novena. O sea que pronto habrá trabajo.

—Bien, sólo tendré que preparar la iglesia y tenerlo todo listo para celebrar la misa. Tenemos una cada tarde, con la oración de la novena, y hay algunos días señalados donde vienen los habitantes de algún pueblo concreto, de alguna residencia, las hermanitas, etc… También vienen diferentes celebrantes e incluso algún día viene el sr. Obispo. Cada día la novena termina con una estrofa correlativa diferente del virolai de la Virgen de Queralt.

— El padre Ramon Barniol, el cura custodio del Santuario durante veintisiete años, murió el año pasado por San Juan. Lo debes echar de menos, ¿verdad?

—Sí, el padre Ramón siempre rodeaba por Queralt, preocupándose de que nunca faltara nada, haciendo las mejoras que convenían e intentando atender a la gente que pasaba. Ahora tenemos al padre Jaume Prat. Es su primer año y no puede estar cada día en Queralt como el padre Ramon, pero también se preocupa de tener ayudantes para poder atender bien al Santuario. Seguro que saldrá adelante pese a los impedimentos y carencias que tiene ahora el Santuario por la parte que pertenece al ayuntamiento de Berga.

—En estas entrevistas estamos preguntando sobre el verano de tu vida . ¿Cuál crees que te ha marcado?

—Creo que los mejores veranos son los de la infancia. Los míos normalmente estaban en casa los padres, en La Llagosta. A veces hacíamos alguna salida a la montaña, a algún parque cerca de casa. Y muy de vez en cuando nos llevaban a L'Escala, o marchábamos a Saldes con los primos y los abuelos, que tenían una casita de alquiler desde los años 70.

—¡Creo que elegirás éste!

—Bueno, los más bellos eran estos, sí, los de L'Escala, porque es hermoso salir de las rutinas. Y Saldes, porque era un lugar muy bonito donde había más familia y otros vecinos que también podríamos considerar familia. En Saldes todo era confianza, juegos, hermandad y cariño, por eso quizás tanto mis hermanos como yo hemos ido a vivir hacia esta zona, quizás afortunados, quizás nos marcaron estos veranos de Saldes, bajo el Pedraforca, cerca de aquí.

—¿Y cómo sería el verano que esperas tener algún día?

—El verano que quisiera tener es poder ofrecer a mis hijos los veranos que yo viví con buen recuerdo. Este año lo estoy consiguiendo: hemos podido pasar dos semanas de vacaciones en Saldes, donde ahora vivo. Y supongo que, cuando los niños sean mayores, dedicaré los veranos a tener tiempo para mí, para descansar, para descubrir lugares nuevos, gente nueva, compartir, amar, ayudar, un poco todo lo que me llena y seguro que me llevará la vida.

—Con este paisaje, ya tienes medio trabajo hecho, pues

—Sí señor, no me movería.

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