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Como cada año, unos sabios de Oriente llegan a nuestros pueblos y ciudades para obsequiar a los niños con abundantes regalos. Los ojos infantiles reflejan ilusión. Pese a que exista alguna restricción sanitaria, en este enero tampoco faltarán a la cita, pero esta vez es especial. Han sabido que una nueva «estrella» se encuentra en Barcelona. Ellos, como buenos intérpretes del lenguaje de cielo, no quieren perderse la novedad y han anticipado su viaje. Quieren descubrir a Jesús, María y José en el pesebre que cada año se coloca en la plaza Sant Jaume. Saben que es tarea ardua en la Ciudad Condal, porque cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Quieren ver también la estrella que, caída de la galaxia Gaudí se ha incrustado en el vértice de la torre dedicada a María. Este arquitecto les apasiona por sus enigmas y por su profunda espiritualidad.

Llegan a la plaza Sant Jaume convertida en un inmenso bestiario, voluntad del artista, que, según sus propias palabras, ha querido invertir el papel de los personajes del belén dando mayor protagonismo a los secundarios y a los animales domésticos. Buscan el nacimiento mirando a los balcones y azoteas de las calles adyacentes. Nada. Son sabios y no cejan en su empeño de encontrar lo que buscan. Finalmente, tras consultar mapas y descifrar jeroglíficos, se detienen en la calle Ferran, núm 33. Allí, en una entrada, está el nacimiento. Jesús, María y José, aprisionados tras unos barrotes. No pueden salir. Situación quizás provisional, porque ¿no será el objetivo último que desaparezcan del mapa? Justamente en esta ciudad en la que los turistas de todo el mundo buscan visitar la Sagrada Familia. Cuando en su primer viaje los tres sabios llegan a Jerusalén, la estrella desaparece de su vista. En Barcelona, les sucede lo mismo. Aquí, las tres luces rojas de la grúa son casi más potentes que la luz de la estrella, que algunos no dejan brillar. ¿Puede ser que los gerentes públicos estén perfilando una ciudad oscura, depresiva, caótica, aburrida y gris…? Aún nos queda la luz solar y el azul mediterráneo. Los sabios regresan a Oriente, algo decepcionados, pero volverán, como siempre

Lluís Serra i Llansana – CC – 2 de enero de 2022 – núm. 2207 – pàg. 23.