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(Alba Sabaté –CR) Era en julio de 1921 cuando un grupo de jóvenes estudiantes universitarios católicos de 23 países se reunían en Friburgo (Suiza). En un mundo aún sacudido por la Primera Guerra Mundial, su objetivo era construir cimientos de encuentro y de paz entre los jóvenes que habían luchado en el conflicto. Se trataba de crear una red de estudiantes universitarios al servicio de la evangelización y de la paz. Con un papel relevante en el nacimiento de los primeros partidos democristianos europeos, Pax Romana ha trabajado y analiza desde entonces, las principales cuestiones que afectan a la Iglesia y el mundo desde la fe. De eso hace ahora 100 años y este sábado 24 de julio abrieron el centenario con un acto en línea.

Un aniversario en el que estas cuestiones que afectan a la Iglesia y el mundo están marcadas por una pandemia sin precedentes en la vida de la organización. ¿Cómo ha sido el recorrido de la entidad hasta el día de hoy? ¿Cuáles han sido sus logros? ¿Qué papel ha tenido en Cataluña? Hablamos con Josep Maria Carbonell, decano de la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales Blanquerna-URL, que ocupó el cargo de vicepresidente de Pax Romana Internacional a principios de la década de los 2000, así como de secretario general, entre los años 1978 y 1982. Se añade también a la conversación la abogada Núria Sastre , actual vicepresidenta para Europa del movimiento.

Pax Romana, precursora de los valores del Concilio

"Pax Romana reivindica el papel de los laicos en la Iglesia y trabaja para hacerla más participativa y con un mayor respeto a los derechos humanos en todo el mundo", asegura Sastre, destacando que los objetivos fundacionales del movimiento siguen vivos en su primer centenario.

"Durante estos 100 años, son cuatro los elementos que han moldeado la fisonomía de Pax Romana", explica Carbonell. En primer lugar, subraya, el Concilio Vaticano II. "El movimiento está muy marcado por los teólogos belgas, alemanes y franceses de la base del Concilio, cuyos valores Pax Romana desplegó con fuerza", afirma. De hecho, según Sastre, "Pax Romana es precursora de los valores del Concilio". En este sentido, el también presidente del Observatorio Blanquerna de Comunicación, Religión y Cultura añade que "los laicos más significativos al Concilio Vaticano II, en buena parte, son de Pax Romana". En segundo lugar, remarca Carbonell, en las raíces de la entidad se encuentra también como línea filosófica clave el personalismo de Mounier y Maritain .

Por otra parte, en el contexto de los retos del movimiento en los años 70 -con una fuerte presencia en Latinoamérica y Asia-, Pax Romana asume el reto del diálogo intercultural. En parte, a partir de la respuesta dada surge y se sigue la teología de la liberación -tercer aspecto clave según Carbonell-, de la mano del histórico Consiliario General en Perú, el teólogo Gustavo Gutiérrez. "Algunos de sus libros son una reflexión teológica a partir de la experiencia de compromiso de estos estudiantes en Perú", destaca. Esta necesidad de diálogo con las culturas que no son de matriz occidental es la cuarta base esencial de Pax Romana según el ex vicepresidente y secretario general.

Motor del pluralismo político en el mundo católico

Y es que a pesar de nacer con la mirada puesta en Europa central, fue después de la Segunda Guerra Mundial cuando la entidad vivió su gran expansión a nivel global. Como uno de los movimientos laicales más importantes, llega a Asia y África y se consolida en América, tanto del norte como del sur. Aquellos jóvenes estudiantes de los años 20 ya eran profesionales e intelectuales e impulsaron la creación de las dos principales ramas de Pax Romana: MIEC (Movimiento Internacional de Estudiantes Cristianos) y MIIC (Movimiento Internacional de Intelectuales Cristianos).

Según Carbonell, siempre con una implicación importante en el mundo socioeconómico y cultural intelectual, a partir de los setenta, Pax Romana se convierte "en una de las principales promotores del pluralismo político en el mundo católico", sobre todo, a partir de la publicación la carta apostólica Octogesima adveniens del papa Pablo VI. Reconocida por la Santa Sede como OIC, Organización Internacional Católica, obtiene representación en las Naciones Unidas, y es, durante muchos años, una de las ONGs con más incidencia en la Comisión de Derechos Humanos de dicha organización. En este sentido, el ex vicepresidente define Pax Romana como "movimiento de la Iglesia en frontera y de exploración de las nuevas dinámicas culturales, los retos sociales y los retos políticos".

Con esta base, y mirando hacia el futuro, Carbonell subraya como retos "la transmisión de la fe a las nuevas generaciones, la tarea intelectual de construir un relato de fe que sea razonable, razonable y que responda a los retos de la modernidad avanzada, la lucha por la justicia y la opción preferencial por los pobres, la promoción de los derechos humanos y el trabajo por una espiritualidad de la acción y desde la acción". Así, Núria Sastre asegura que algunas de las líneas de trabajo destacadas últimamente han sido precisamente la inmigración, el papel de la mujer en la Iglesia o la educación para la paz.

En este contexto, según los entrevistados, el papa Francisco y su enfoque de Iglesia sinodal abre la puerta a una reanudación del movimiento, que vivió ciertas dificultades a partir de los años noventa.

Pax Romana en Cataluña

"Cataluña siempre ha estado muy presente y muy representada en Pax Romana", explica Josep Maria Carbonell. Por un lado, el fundador y primer presidente del MIIC al 1946 fue Ramon Sugranyes de Franch, profesor y auditor laico del Concilio Vaticano II. El filósofo Fèlix Martí fue presidente del Movimiento Internacional de Intelectuales Cristianos durante los años 80. Además, el Movimiento Internacional de Estudiantes Cristianos ha tenido varios secretarios generales catalanes, como el actual director del PEN InternationalCarles Torner, o el mismo Carbonell.

Cabe destacar que las entidades catalanas implicadas en Pax Romana han sido, en un principio, el desaparecido Centro Francesc Eiximenis, y actualmente, la Fundación Joan Maragall, el Movimiento de Profesionales Católicos de Barcelona (MPCB) y el Grupo de Juristas Roda Ventura. Durante los años 70, además, el MUEC (Movimiento Universitario de Estudiantes Cristianos) cogió una gran fuerza en el contexto catalán, aunque a día de hoy ya no tenga actividad.

Además, Cataluña ha sido de manera reiterada escenario de mucha de la acción de la organización. "En el año 2016 se celebró la Asamblea Mundial, que se hace cada cuatro años, en Barcelona", afirma Núria Sastre. Carbonell añade que "hemos tenido aquí muchos comités europeos e internacionales" y subraya que "la Iglesia catalana siempre ha apoyado y se ha sentido muy identificada con Pax Romana".