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Me pregunto, no sin preocupación, si vivimos hoy y aquí una guerra en modalidad encubierta. Alvin y Heidi Toffler escriben sobre las guerras del futuro: «La humanidad no está penetrando en la era de la geoeconomía sino en la de la geoinformación.» La era de la geoeconomía se asienta sobre dos factores: el económico y el militar. La geoinformación se asienta sobre el papel de los conocimientos: ciencia, tecnología, cultura, religión… Acaso vivimos cabalgando entre las dos eras. Hoy la batalla informativa es clave. Los argumentos no se basan en la verdad, sino en la mentira. Buscan el impacto emocional, caldo peligroso de cultivo para las relaciones sociales. En los últimos días, se ha disparado una criminalización de tres colectivos, que no augura nada bueno. Se trata de los Mossos, de los médicos y de los maestros. 

Primero, los Mossos. Este colectivo está sufriendo ataques informativos por tierra, mar y aire. El pistoletazo de salida lo marcó el atentado de la Rambla. Cuando apenas no había pasado ni una hora, un tuit de un director de un periódico revelaba una exclusiva según la cual la CIA había advertido a los Mossos del riesgo de atentado. Era una información falsa. La intervención de los Mossos se valoró internacionalmente como un éxito por su eficacia, pero el virus de la acusación y de la duda hacía sus estragos. Los ataques se intensificaron por la protección del registro que se efectuó al Departamento de Economía y, después, por la jornada del 1-O. El mayor Trapero está en el punto de mira. Condenarlo sería culminar la jugada maestra.

Segundo, los médicos. En una manifestación, el baile de cifras es una muestra de la (des)información. Con motivo de la jornada electoral del referéndum, el Colegio de Médicos de Cataluña certificó que la cifra de heridos, debido a la intervención de la Guardia Civil y la Policía Nacional en esa jornada, ascendió a 893. Medios informativos afines al Estado, políticos de determinados partidos, etc., negaron la cifra, dieron otra mucho menor y acusaron a los médicos por proporcionar estas cifras. El colectivo de médicos en el punto de mira. Han sufrido en sus carnes: «Les hemos destrozado el sistema sanitario.» Ahora defienden su profesionalidad, por la razón de que son atacados sin escrúpulos.

Tercera, los maestros. En Europa han valorado siempre el sistema de inmersión lingüística catalán para favorecer el fortalecimiento de la comunidad social. Se creó un partido con el objetivo prioritario se lanzar misiles a esta línea de flotación y generar divisiones. Las acusaciones actualmente están lloviendo con intensidad: adoctrinamiento, fomento del odio, etc. La mentira campa por doquier. Incluso un ministro afirma en la TV francesa que no se enseña castellano. Si hasta en la serie Merlí hay un profesor de esta materia. La escuela merece un mayor respeto. Los ataques son tan falsos como despiadados. Todavía resuena en el Parlamento la frase de Wert. 

¿Se criminalizan estos colectivos, sobre todo el primero y el tercero, para justificar una intervención posterior? Lo sabremos pronto.