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No había pasado ni una hora. Younes Abouyaaqoub acababa de circular a gran velocidad conduciendo una furgoneta contra los peatones. Todavía la sangre de las víctimas mortales y de los heridos estaba caliente sobre el pavimento central de La Rambla. El director de un conocido rotativo publicaba un tuit anunciando una «exclusiva»: «La CIA avanzó hace dos meses a los Mossos que La Rambla era objetivo del yihadismo.» ¿Cómo funciona en la práctica este tipo de comportamientos, observado anteriormente con otras noticias en el mismo medio periodístico?

Uno, el tema de fondo tiene que ser de gran calado. Incluso de proyección internacional. Un atentado terrorista en el corazón de Barcelona lo es. Muertos y decenas de heridos dan para mucho. El impacto social roza la consternación.

Dos, atribución de la exclusiva. Adelantarse sin escrúpulos. Liderar la noticia y convertirse en el punto de referencia. Todos los demás medios chupando rueda. 

Tres, construcción y difusión de una tesis. En este caso: los Mossos estaban advertidos y han sido incapaces de evitar la tragedia. Se trata de un cuerpo incompetente y que no merece confianza.

Cuatro, práctica del periodismo de filtración. No existe una investigación seria y rigurosa que justifique la tesis. Se filtra una noticia, proporcionada por alguien interesado. No hace falta que se corresponda con la verdad. Una ligera pátina es suficiente. Solo importa que avale la tesis.

Cinco, portada espectacular. No solo una. Las que haga falta en los días sucesivos. Titulares de gran tamaño que insistan en su relato. Letra en negrita, que no deje lugar a dudas.

Seis, olvido de las víctimas. La noticia se desplaza de las víctimas y de los autores terroristas hacia los «nuevos culpables». El imán inductor, como si no hubiera existido. El foco se orienta hacia los Mossos, cuyas explicaciones no son escuchadas.

Siete, aislamiento de los «culpables». Si diversas fuerzas de seguridad del estado habían recibido o conocían presuntamente la nota, solo los Mossos son acusados en una campaña de desprestigio.

Ocho, inconsistencia de las pruebas y de sus autores. En un momento es la CIA. Después otro organismo. La fuente queda en una nebulosa. Primero, se escribe una nota con múltiples errores e incongruencias. Después, se rehace lo que convenga.

Nueve, defensa de la libertad de prensa. Como si se tuviera carta blanca para actuar a su antojo. La ética y la responsabilidad social no importan. Los beneficiados por la tesis se centran en la libertad de la prensa, sin mirar la calidad de su ejercicio.

Diez, empecinamiento en la conducta. No hay marcha atrás, ni reconocimiento de errores. Insistir sin descanso. Repetición de los mismos argumentos hasta la saciedad con algún matiz distinto. Solo existe autocomplacencia, alimentada endogámicamente por sus afines.

Once, observación de intereses extraperiodísticos. Este tipo de conductas evidencia que hay algo más. Las intenciones, aunque se detectan, se ocultan. No hay transparencia. 

Doce, las personas con un mínimo sentido crítico se formulan múltiples preguntas sobre este tipo de actuación. Ellos lo saben, pero no les importa. Son el cuarto poder.