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Los hechos se han visto desbordados. Se ha generado una gran polémica en torno a un texto del obispo de Solsona contenido en una glosa dominical. Los medios de comunicación se han hecho eco incrementando la potencia del alud. Cuando oí por vez primera la noticia en la radio, puse en marcha mi comportamiento habitual en estos casos: suspender mi valoración hasta poderlo leer personalmente. Hacerlo de otro modo implicaría convertirme en correa de transmisión de algo que desconozco y que pudiera ser falso. Tres consideraciones.

Primera, ir a las fuentes de la noticia. No siempre es posible, pero en este caso es muy fácil. Basta acudir a internet para poder leer la hoja dominical del obispado de Solsona núm. 3.681, any 71, correspondiente al 21 de mayo de 2017. En esta glosa, el obispo Novell inicia el comentario del capítulo V de la exhortación apostólica postsinodal “Amoris laetitia” del papa Francisco. Hay que leerla entera para situar los fragmentos. El texto de la polémica comprende 42 palabras: “Jo em pregunto si el fenomen creixent de la confusió en l’orientació sexual de força nois adolescents no serà deguda a que “en la cultura occidental, la figura del pare estaria simbòlicament absent, desviada, esvaïda. Fins i tot la virilitat semblaria qüestionada”? La frase entrecomillada corresponde a “Amoris leatitia”, núm. 176. Ni utiliza la palabra homosexualidad ni formula una afirmación. Su frase es una interrogativa indirecta, que se refuerza con un signo de interrogación. No es lo mismo una pregunta que una declaracion. Muchos medios han obviado que se trataba de una pregunta.

Segunda, condenar las preguntas consolida la intransigencia. No creo que sea beneficioso sancionar las preguntas, pero sí que resulta interesante e ilustrativo conocer las respuestas que se les dan en cualquiera de sus sentidos. Cada vez hay más temas tabú en la sociedad. Hemos luchado contra los tabúes del pasado y en vez de abrir espacios de libertad construimos nuevas listas de temas prohibidos. En la glosa no hay insulto sino reflexión, que unos compartirán y otros no. Solo dudar de lo “políticamente correcto” genera bloqueo y persecución por determinados colectivos. Siempre hay guardianes de la ortodoxia, en los más variados campos de la actividad humana. Muchos, en este nuevo estado de cosas, se refugian en el silencio para evitarse complicaciones.  

Tercero, el caudal emocional y la vorágine mediática. Cuando se abandona el ámbito de la razón y se entra de lleno en el terreno emocional, el diálogo resulta casi imposible. La palabra se sustituye por el sentimiento y por la testosterona. La hipersensibilidad convierte el mínimo detalle en una bomba incendiaria. Michel Lacroix realiza un diagnóstico certero en su libro: “El culto de la emoción”: “No hay ningún sector de la vida col·lectiva contemporánea que no esté contagiado por el signo de la emoción”. La manipulación resulta así más fácil y se convierte en magnífico caldo de cultivo para la postverdad. Basta recordar que la opinión pública tiene razón cuando la tienen los que la fabrican”.