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(E.Aran) Este semana pasada ha aparecido la noticia "De capilla a inodoro" (El Punt Avui. 10 de noviembre), donde la hija del escultor Subirachs descubrió, con sorpresa, que se había reconvertido la Capilla del Asunción de Gavà - donde habían colaborado el arquitecto Joan Barangé, el pintor Josep Maria Mejan y el escultor Subirachs - en unos aseos. Como apunta Judit Subirachs: "Hemos perdido un conjunto muy interesante y representativo del nuevo concepto de arte sacro que algunos artistas introdujeron en los años sesenta. Era un magnífico ejemplo de integración de las artes que fusionaba arquitectura, escultura, mobiliario y cristalería ". Resulta que la gestión del equipamiento pasó a manos de una sociedad laica la que, siguiendo las reflexiones de la hija del escultor "Lo hicieron por ignorancia, por desprecio o por indiferencia, pero el caso es que lo hacer ". Lo más alucinante del caso es que el Ayuntamiento de Gavà diera el visto bueno a la reforma del espacio y que la nueva propiedad no comunicara nada al Obispado. Se imaginan que hubieran hecho lo mismo en una capilla románica? ¿Por qué el espacio religioso contemporáneo no tiene esta vigilancia y atención? (Imagen: La Capilla de la Asunción. Fotografía: Raimón Camprubí)

Dejando de lado las lamentaciones oportunas, esta malograda intervención nos lleva a relacionar los dos sentidos de la palabra "escatología". En el ámbito médico se refiere a las deposiciones orgánicas de las personas, mientras que en el ámbito teológico se refiere a la "palabra o discurso sobre las cosas últimas" (el más allá y la esperanza humana). De entrada hay que notar que no es casual la ubicación de cámaras higiénicas donde había una capilla. Si nos fijamos en las ubicaciones de los espacios religiosos de los equipamientos actuales, estos se sitúan en lugares escondidos y residuales, que tanto valdrían para una capilla como para unos lavabos (pensemos, por ejemplo, en la ubicación de las capillas de la T1 del aeropuerto o el espacio interconfesional de la Roca Village). La privatización de lo religioso en nuestra sociedad secularizada ha llevado a identificar la práctica religiosa con lo que es "sumamente privado" o restringido, la higiene personal. Asimismo, todo lo relacionado con el cuidado de belleza queda elevado. El "tocador" como un nuevo altarcillo a la vanidad personal.

Finalmente, así como hay una sustitución de espacio sacro por espacio higiénico, también hay una "higienización" de los espacios sacros ya que, dada la avanzada edad de los usuarios de las prácticas religiosas y la imperiosa necesidad de servicios en cualquier equipamiento público , hay que prever aseos en cualquier reforma de espacios sacros que no contemplaban esta necesidad en sus orígenes (por supuesto, también la obra nueva de temática sacra). En este sentido, fue muy interesante la aportación de la comunicación de Marc Piqué y Gascón "Small scale Interventions in histórico local churches in Great Britain" en el XXXVII Curso de AADIPA sobre Patrimonio Sacro (2014), donde fue presentando implementaciones de usos complementarios a los templos ingleses, entre ellos el tema recurrente de los lavabos.