Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

(publicat a La Vanguardia el passat dilluns 25 d'octubre):

EUSEBIO VAL  - Ciudad del Vaticano. Corresponsal
 

MISAS SIN FIELES "No se puede medir la religiosidad por la asistencia a la misa dominical"

ESTRATEGIA "La laicidad era Francia; ahora la primacía laica la tiene España"

El aún arzobispo e inminente cardenal Gianfranco Ravasi es el ministro de Cultura del Vaticano. Buen conocedor de Barcelona y de Gaudí, influyó para que se realizara el viaje papal.

Son dos visitas seguidas (en el 2011, a Madrid para la Jornada Mundial de la Juventud). Mucha atención hacia España. Quizás mucha preocupación...

España, en los últimos decenios, ha adquirido un nuevo rostro respecto a su perfil tradicional. Antes, en Europa, cuando se hablaba de una nación que fuera laica por excelencia, se pensaba en Francia. Desde hace un tiempo, quizás la primacía, o al menos una tendencia muy acusada, la tiene España. Es significativa, ciertamente, la voluntad del Papa de entrar en este horizonte.

¿España e Italia son las trincheras en esta lucha por la nueva evangelización de Europa?

Creo que esta imagen de tipo militar es un poco peligrosa porque presenta al otro como un adversario con el que se establece una confrontación áspera. En el espíritu de Benedicto XVI hay, como en su misma persona, un perfil muy delicado, atento. Pero esto no excluye una confrontación intelectual rigurosa. Más que hablar, pues, de trincheras, diría que hay fronteras en territorios que han cambiado profundamente. En toda Europa. El empeño de la nueva evangelización y de la cultura es estar en la frontera, mirar y solicitar la atención al otro lado. Debe hacerse hablando de forma clara, con diálogo. Esto explica el itinerario intelectual y pastoral de Benedicto XVI. Es bueno que el catolicismo se presente con su rostro, con un mensaje que sea nítido pero no agresivo.

¿Cómo se explica ese nuevo rostro de España?

Creo que el elemento fundamental ha sido la progresiva caída de valores, culturales y sobre todo espirituales, y su sustitución por una superficialidad de fondo, de inmediatez, banalidad. Cada uno se hace su propia verdad, sus propios valores. Este es para mí el elemento de base que ha dominado la cultura occidental y que introduce una visión sin puntos firmes, sin valores. Es como moverse en una suerte de niebla ética, moral, cultural. En España hay un factor cronológico importante: la transición fue mucho más rápida e impetuosa que en Italia.

¿Cree la Iglesia que habrá un retorno vigoroso de la fe en el mundo occidental?

Es un tema importante de la sociología. En los años setenta y ochenta, en los países que comenzaban a vivir el secularismo, se pensaba que era un claro camino ganador. Pero veinte años después ya se vio que era equivocado, que había una revancha de lo sagrado. No se puede medir la religiosidad de manera cuantitativa, por la asistencia a la misa, sino cualitativa, viendo las opciones personales. Y entonces se comprueba que vuelve con gran vigor la espiritualidad oriental, la magia, la superstición, la meditación, el yoga, el new age. La persona que es muy secular quiere participar en ritos. El problema para la Iglesia católica es no subirse a lomos de esta espiritualidad de manera acrítica, conformándose con lo mínimo, como han hecho algunas iglesias protestantes, sino que lo importante es reeducar en los grandes valores, los temas últimos: Dios, el bien, el mal, la verdad, la muerte.

Ante el dilema de modernizar el catolicismo o catolizar la modernidad, la Iglesia, con este Papa, parece haber optado claramente por la segunda opción.

 El concilio Vaticano II hizo la operación de modernizar, de poner al día. Es un fenómeno que no debe ser nunca abandonado. Yel Papa no lo hace. Pero las religiones, todas, por naturaleza, quieren convencer. No se puede nunca abandonar la idea de incidir en la sociedad.