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Amb els ulls posats a la visita que el Papa Benet XVI farà a Barcelona el proper mes de novembre, les editorials dels diaris de casa nostra fan un balanç de l'important viatge del Pontífex al Regne Unit.

En destaquen les seves dimensions històriques, de contingut i ecumèniques (La Vanguardia), mostrant la valentia dels objectius plantejats, sense passar per alt cert clima de confrontació, avivat pels recents escàndols sexuals de l'Església (El País), fet que no ha estat pas ignorat pel Papa, com destaca, amb positiva expecutació, El Periódico. Vegem-ho.

 

La valentía de Benedicto XVI (La Vanguardia, 20.9.2010)

EL papa Benedicto XVI acaba de realizar un valiente viaje a Inglaterra. El Papa alemán (el "pastor alemán", tituló un tabloide inglés poco después de la elección de Joseph Ratzinger como pontífice), el papa de Roma, ha visitado durante cuatro días el país que se enfrentó a muerte a Alemania en la Segunda Guerra Mundial; el país que hace cuatrocientos sesenta y siete años rompió puentes con la autoridad pontificia romana, promoviendo una iglesia nacional, coincidente en el tiempo con la reforma luterana.

Claves del viaje. Comencemos por la dimensión histórica que acabamos de citar. Ha sido la primera visita oficial del papa de Roma a Inglaterra desde que Enrique VIII decretase en 1534 el Estatuto de Primacía (Acts of Supremacy) que declaraba a la corona de Inglaterra como "única cabeza suprema en la tierra de la Iglesia de Inglaterra, llamada Ecclesia Anglicana". Un anterior viaje de Juan Pablo II no tuvo carácter oficial. La reaproximación de Roma a Inglaterra es un hecho histórico de primer orden que ninguna persona que tenga una mínima noción de los fundamentos europeos puede ignorar o minimizar. Por debajo de la confusa espuma de los días, las capas tectónicas de Europa se están moviendo.

La segunda clave podríamos decir que es de orden intelectual. Benedicto XVI ha sido la tercera personalidad extranjera invitada a hablar ante las autoridades británicas en el Westminster Hall, lugar de las primeras sesiones del Parlamento inglés. Antes lo hicieron Charles de Gaulle y Nelson Mandela. En su discurso, que conviene releer, el Papa realizó una decidida defensa del papel de la religión en la vida pública, tomando como referencia la figura de Tomás Moro, condenado a muerte en aquel lugar por defender sus ideas ante el dictado de la autoridad política. "Para los legisladores la religión no debe ser un problema que resolver, sino un contribuyente vital a la conversación nacional", dijo Benedicto XVI. En ese importante discurso, Joseph Ratzinger alertó contra la irrupción de un laicismo agresivo que pretende borrar las huellas de la religión en el espacio público. Dijo el Papa en Westminster: "Cada generación debe preguntarse ¿cuáles son los requerimientos que los gobiernos pueden imponer razonablemente a sus ciudadanos?". Los anglicanos escucharon con mucha atención las palabras del Papa. Estaban presentes en Westminster, David Cameron, Gordon Brown, Tony Blair y Margaret Thatcher.

Tercera clave: el diálogo ecuménico con la Iglesia Anglicana, en el marco de la lenta pero posible reaproximación de las diferentes confesiones cristianas. El sector anglicano contrario a la ordenación de mujeres y homosexuales ya ha llamado a la puerta de Roma.

Y por último lugar, aunque no lo último - en absoluto-la radical autocrítica por los casos de pederastia en la Iglesia y su encuentro con víctimas de las agresiones sexuales. La Iglesia católica se halla ante un grave asunto que está dañando su credibilidad y su autoridad moral. Esa es la realidad, pero sólo desde la más absoluta mala fe puede afirmarse o sugerirse que Benedicto XVI sea cómplice de tal situación. Al contrario, el mundo hoy conoce lo que ha pasado gracias a la firme determinación del Papa de reparar el grave pecado cometido por ministros de la Iglesia.

Un viaje valiente que ayuda a entender la importancia de la próxima visita de Benedicto XVI a Barcelona.

 

Pastoral y de Estado (El País, 20.9.2010)

Benedicto XVI ha sido el primer Papa en hacer una visita de Estado a Reino Unido y ha sido recibido por ello oficialmente por la reina Isabel II, jefa de la Iglesia de Inglaterra. También se ha dirigido a la flor y nata de la clase política en el Westminster Hall. Pero la visita ha tenido al mismo tiempo un contenido pastoral. El pontífice aspiraba a superar los efectos deletéreos del escándalo de la pederastia sacerdotal sobre la grey británica, por la que una vez más se ha excusado, y a aplicar una reingeniería religiosa a la creciente secularización de la sociedad de la isla. En ambos casos cabe hablar de la proverbial división de opiniones.

La visita no parece haberse montado con la tradicional finura de la diplomacia vaticana. Las multitudes, sin caer en la insignificancia que se auguraba, no pueden compararse con las que atrajo Juan Pablo II en su visita solo pastoral de 1982. Aquellos eran otros tiempos, sin nubarrones de abuso sexual, y éstos, los de un prelado de 83 años y energía limitada. Y la idea de cobrar por la asistencia a ciertos actos, como si fueran espectáculo de zoo, parecía singularmente desavisada por muchos que sean los problemas económicos de la Iglesia con sus 1.000 millones -siquiera muchos de ellos nominales- de fieles en el mundo.

La propia Iglesia de Inglaterra -con 27 millones aún más nominales- que es la más cercana a Roma del universo protestante, ha visto con reticencias el trasteo papal. Molestó a la jerarquía anglicana que Benedicto XVI se dirigiera en el pasado a sus fieles más conservadores exhortándoles a recogerse en el seno de Roma, bien que apoyándose en comunes posiciones menos que democráticas, como la oposición frontal al aborto, a la ordenación de la mujer y a la promoción al episcopado de sacerdotes abiertamente homosexuales, todo lo que sí admite el sínodo general anglicano. Y tampoco es azar que ayer se celebrara durante la visita la beatificación del cardenal Newman, prelado anglicano que hace un siglo se convirtió al catolicismo, al frente del llamado movimiento de Oxford.

Cuando en 1534 Enrique VIII rompió con Roma lo hizo solo en el terreno político. La realeza reivindicaba su propia autocefalia, pero solo dos décadas más tarde la redacción del Book of Prayer, ya bajo su hija Isabel I, codificaba unas diferencias dogmáticas con Roma que hoy parecen insignificantes. En los siglos siguientes hubo una protestantización de la feligresía de signo más popular. Sin embargo, la aristocracia o rama anglocatólica del anglicanismo, a la que pertenecía el ex primer ministro Tony Blair, que se convirtió al catolicismo, o la propia soberana, practica para muchos un papismo al que solo le falta el Vaticano.

Ese modesto pero apreciable corrimiento de fieles constituiría una tentación irresistible para cualquier pontífice. Por eso la visita, que el viernes hasta tuvo su susto de amenaza terrorista, ha sido casi tan pastoral como de Estado.

 

Un viatge profitós (El Periódico, 21.10.2010)

El balanç del viatge de Benet XVI al Regne Unit, la primera visita d'Estat d'un Papa a la terra de l'anglicanisme, és positiu. La profusió de manifestacions contràries que s'han produït aquests dies s'han d'avaluar en la seva justa mesura, ja que moltes persones veuen en el Papa l'encarnació de problemes que no tenen res a veure amb l'Església. Ha servit per donar cohesió i alimentar la comunitat catòlica del país, a penes el 5% de la població, i per donar resposta a alguna de les qüestions més espinoses.

Pressionat per l'ambient hostil de l'opinió pública i de la majoria dels mitjans de comunicació -que després del viatge han suavitzat les seves crítiques-, el Pontífex ha entonat un clar mea culpa al voltant dels casos de pederàstia protagonitzats per clergues. Els «crims atroços», com en va dir, no van ser abordats «suficientment» per l'Església. Per això, en el futur s'haurà de fer «front de manera suficient a les demandes que es presentin», segons va dir a Birmingham en la seva última jornada britànica.

Es tracta d'un pas endavant, sens dubte. Però coneixerem la profunditat i la transcendència d'aquet acte de contrició quan vegem l'Església col·laborar amb les autoritats civils de forma directa i ràpida per apartar de la societat els que cometen aquests crims. Així serà creïble -tot i que no es comparteixi- el discurs del primer dia de gira, quan Ratzinger va demanar als polítics que es deixin guiar en la seva actuació per la religió abans que pels dictats de les enquestes i les conveniències del moment.