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Avui recuperem un article aparegut al diari ABC el passat 13 de febrer en el qual el perstigiós teòleg Olegario Gonzàlez de Cardedal defensa el manteniment dels símbols religiosos a l'espai públic.

González de Cardedal ho fiu molt clar: "Un pueblo que renuncia a ellos se corta las venas de su memoria y las esperanzas que le llegan desde sus orígenes. El intento de anularlos equivale a negar su historia y cultura, a cegar los veneros por los que nos llegan las fibras de nuestra trama actual. Ellos han pervivido en un proceso de afirmación y de exclusión, de decantación y de purificación; y nunca pueden ser del todo derogados, porque ello significaría un suicidio cultural. Unos son signos de vida que convocan a la paz; otros, signos de muerte que alertan contra la violencia".

I segueix: "La lógica de esta actitud iconoclasta, llevada al extremo, nos conduciría a una reducción a la nada. Porque casi todos los signos y memorias del pasado son ambivalentes: de victoria para unos, y para otros de derrota. Signos de una minoría o signos de una mayoría, en cualquier caso expresión de una creación victoriosa sobre el olvido. Al eliminarlos eliminamos la historia, el tiempo y lugar anteriores, quedándonos reducidos a nuestro instante, clausurados en nuestra geografía de mortales y nacionales, es decir amputados de nuestra dimensión de universalidad y divinidad".

Llegiu-lo sencer clicant aquest enllaç de sota.