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No soy especialista en análisis políticos ni económicos, pero como ciudadana comprometida con la causa de las personas, y sintiéndome corresponsable de la suerte y de la desgracia de mis semejantes, hoy me tomo la libertad de elogiar –sin pretender atacar a nadie- a un hombre que sabe liderar, desde la coherencia y sin afán populista, un proceso en el que la democracia debe ejercer su función de ser la voz y el sentir de los ciudadanos.
 
En los últimos meses y años, hemos visto como Cataluña ha sido ninguneada por gobiernos y ciudadanos, que viendo en ella la vaca lechera para intereses foráneos, se olvidaron que ella también tiene hijos a los que amamantar, y que son los que día a día la nutren y alimentan para que dé lo mejor de sí y para mantenerla en forma.
 
Desde el Gobierno central durante el Gobierno de Zapatero, hemos visto cómo se iba engañando y jugando con los derechos de Cataluña, y bajo la mano blanda del Presidente Montilla, poco a poco se ha ido diluyendo la lucha por defender lo que era y es de Cataluña. El tripartito jugó un tristísimo papel, que rayó con la falta de respeto y con la hipocresía: hemos visto lucrarse de forma obscena a aquellos que reclamaban de la boca para afuera derechos y libertades para Cataluña, pero que no renunciaban a engordar sus bolsillos, que aun hoy se nutren del Estado y de unos privilegios que resultan insultantes para los ciudadanos. Por esta razón, creo que los menos autorizados para abrir la boca en un debate como el que tenemos hoy, son aquellos que por un lado pretenden sentar cátedra, cuando ellos en su turno de gobierno, -en Cataluña y fuera de ella- no hicieron más que desastre, fraudes, mentiras y mediocridades, por ejemplo, el Señor Rubalcaba, que va de sabio, y a falta de argumentos busca populismo atacando a la Iglesia –aun cuando no toca-, o pactando en secreto contra Cataluña con el Señor Rajoy-. O como el Señor Joan Herrera o Puigcercós, que exigen lo que ellos no cumplieron, y que no dejan de ser unos oportunistas poniéndose medallas que nunca consiguieron: Qué fácil es tirar piedras desde fuera, y que difícil se coherentes en medio de la batallas.
 
Hemos visto en estos días a un líder, como hace años no veíamos. El President de la Generalitat, ha dado pasos firmes e importantes, y los seguirá dando garantizando la legalidad y la paz. Suerte tiene Cataluña de estar en estos momentos en sus manos. Ha ido más allá de intereses partidistas y personales, ha roto con el autismo que caracteriza a los que llegan al poder, y desde la escucha, la reflexión y la madurez, ha iniciado, junto al Pueblo catalán un diálogo transparente, explícito y veraz, un diálogo que lo único que no permitirá es dar marcha atrás.
 
Prometió el pacto fiscal, y si no lo conseguía dijo que renunciaría. Y lo hizo y convocó elecciones: ¿Quién es capaz de ello?
 
Artur Mas, no lo tiene fácil. Muchos frentes abiertos y muchas gaitas que templar. Pero sin duda podemos estar tranquilos, porque este hombre lúcido, sabe que con la paz no se juega, con los derechos tampoco y tiene claro que en esta hora decisiva no podemos dar pasos en falso, pero tampoco nos podemos estancar. Hay que avanzar, con la frente en alto, con la verdad como divisa y con el deseo sincero de dejar que cada pueblo sea lo que es y lo que quiere ser.
 
El proceso será, tal vez más largo de lo que desean muchos y de lo que exigen los que no hicieron nada cuando les tocó mandar. Hoy toca abogar por la unidad de todos los catalanes, por el respeto de todos los españoles y a todos ellos, y por el respeto también a Cataluña y a sus ciudadanos . No podemos comenzar con ataques descalificadores ni con amenazas como las que esgrime la Señora Soraya, ni jugar con fuego como augura el señor Vidal Quadras. Son tiempos delicados, y tenemos la suerte de que Artur Mas, un hombre de mente bien amueblada y corazón templado, lidere este proceso, que estoy segura será de paz y servirá para garantizar el bienestar de todos, el progreso y la paz social.