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Decía Eleanor Roosevelt que «nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento». No podemos dar tanto poder a los otros, como para que sean capaces de anularnos, hacernos renunciar a nuestros sueños o limitar nuestros derechos, y mucho menos para que nos roben la decisión de ser lo que queremos ser.

Llega el día de la mujer y se multiplican los actos y las reivindicaciones. Una jornada en la que se habla de lo que no tenemos, de lo que no nos dejan, de lo que nos quitan, de lo que... Es Bueno reivindicar y gracias a ello hemos avanzado, pero escuchar siempre con la misma música y movernos todos al mismo ritmo de lo que «somos y no podemos», de lo que «queremos y no nos dejan», de lo que «aspiramos y nos limitan» nos hace perdernos la gran riqueza de lo que somos y tenemos, de lo que hacemos y podemos y de lo que hemos conseguido por nuestros méritos, con nuestras particularidades y con nuestro sello.

No tenemos que esperar a que nos den un papel en la sociedad, en la Iglesia o en donde sea. Tenemos que tomarlo, ejercerlo, vivirlo. Y si no nos dejan, no renunciar. Ser capaces de buscar alianzas, celebrar la vida, crear complicidades y generar alternativas.

Estoy convencida de que hombres y mujeres tenemos la misma dignidad y que eso es indiscutible. Igualmente nadie puede negar que somos diferentes y que eso es una riqueza, y que por lo mismo sería un error querer ser idénticos. Las mujeres tenemos unas características que enriquecen a la sociedad y que solo nosotras podemos aportar. Igualmente, nuestra misión en la Iglesia es muy amplia y va mucho más allá y es mucho más rica que la sola lucha por un tipo de ministerio, el sacerdotal.

Celebrar el día de la mujer, en el año 2018, es una oportunidad para seguir tejiendo un mundo más justo fraterno y solidario; para valorar y reconocernos en lo bueno, grande y bello que tenemos y podemos, y para dejar de dividirnos los unos contra los otros, haciéndonos a la mar,

remando todos en la misma dirección, que es la que conduce a la plena realización de todos y cada uno, en un mundo en el que el respeto, la igualdad y la dignidad son el pan nuestro de cada día, porque cada día nos hemos alimentado del pan de la unidad, el servicio y el amor fraterno.

Feliz día de la mujer. Feliz día de la hospitalidad.

Feliz día de la familia humana en la que todos somos iguales en dignidad y cada uno único e irrepetible en su riqueza personal.