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Decía la Madre Teresa de Calcuta que a la pobreza no la hizo Dios, sino que la hacemos tú y yo cuando no compartimos.

Y si al “tú” y al “yo”, lo multiplicamos por el número de “egos” – de tantos “tú” i yo”- que sólo piensan en ellos; o por el de los indiferentes que viven en otra galaxia; o por el aquellos que no se dan por aludidos porque tienen miedo a que les duela el bolsillo; o por el número de los que, ciegos por la ambición, sólo aspiran a tener y a retener a cualquier precio, caiga quien caiga; o por el número de aquellos que viven su vida y con eso ya tienen bastante…. El resultado es evidente: hay millones de personas que viven en la pobreza, y otras que miran para otro lado y que todavía no son conscientes de que podemos evitar que en el mundo existan personas en situaciones infrahumanas, sin derechos y excluidas.

Yo me desperté a esta realidad, y me duele. Me hiere cuando veo que hay niños que simplemente no pueden ser niños, que tienen hambre, que no pueden jugar, que son humillados. Me hace daño cuando veo tantos padres y madres que buscan sin conseguirlo, un puesto de trabajo que les permita ganarse el pan y no tener que mendigar cada día aquello que les corresponde por el solo hecho de ser personas.

Por eso he decidido con todas mis fuerzas, y con todas mis capacidades; con mis pocas o muchas habilidades, por cielo tierra y aire, declarar la guerra a la pobreza y sobre todo a la pobreza infantil. Y a esta declaración la firmo por el compromiso insobornable con las personas que sufren la mordida de las injusticias y cuyo dolor me ha herido y despertado; y lo rubrico  con la decisión de no descansar mientras el dolor de los más débiles sea una realidad. Y lo hago a riesgo de convertirme en una pesada que día y noche toca puertas, hace llamadas, pide, insiste y suplica pidiendo ayuda y reclamando solidaridad y justicia.

El Papa Francisco decía que cada niño marginado, abandonado, privado de sus derechos fundamentales, es un grito que se eleva y que acusa al sistema que nosotros, los adultos, hemos construido.

Hemos comenzado la cuaresma. Un tiempo de conversión y cambio. Un tiempo en el que tenemos que definirnos y en el que el silencio nos permite escuchar ese clamor de los inocentes que nos acusa y desafía; que nos grita que nuestra mediocridad, nos hace cómplices y que el que no sirve a la humanidad, la traiciona.

Tiempo de un ayuno solidario, que además de la obligación de compartir, comporta el compromiso de trabajar para que el pan llegue a todos, y el de experimentar en carne propio lo que significa no poder comer, beber, vestirse, etc.

Hemos puesto en marcha un programa a favor de la infancia que hemos llamado #INVULNERABLES. Estamos cansados de repetir errores y de que no se solucionen de base y de forma radical las grandes carencias del sistema que nos conducen año tras año al fracaso y a la cronificación de la pobreza, que en el caso de los niños, se convierte en un factor determinante de riesgo y deja secuelas irreversibles para toda la vida.

¿Qué es #INVULNERABLES?

Es la decisión de trabajar de forma integral, no poniendo parches, solucionando los problemas más graves de nuestra sociedad, entre los que ocupa un lugar más que significativo, la deuda que tenemos con la infancia marcada por la pobreza y la miseria y la vulneración de sus derechos.

Optamos por la igualdad de oportunidades, por la colaboración público-privada y por la implicación de todos para ofrecer a los niños todo lo que les pueda ayudar a vivir y a crecer con dignidad.

¿Cómo trabajamos?

Por una parta con el apoyo del programa CaixaProInfancia e Incorpora, abordando un trabajo en red a nivel local, con diversas entidades, buscando cubrir las necesidades de salud, educación, vivienda, etc. El programa Incorpora nos permite buscar trabajo para los padres de los menores, como punto fundamental en el proceso de dignificación de la realidad del núcleo familiar.

Además de utilizar los recursos habituales, que son insuficientes, apelamos a la solidaridad de la ciudadanía y de las empresas. De esta manera pedimos apoyo en especie, en dinero, en tiempo, para ganarle la batalla a la pobreza.

¿Cómo se pueden implicar las empresas y la sociedad?

Cuando hablamos de igualdad de oportunidades, hablamos de que los niños tengan acceso a todo aquello es importante para su integridad y a lo que por falta de recursos económicos, no pueden acceder. Además intentamos en esta tarea que se produzca un encaje de todos los sectores de la sociedad: los niños, las familias, las empresas, las administraciones, las entidades sociales, etc. eliminando la creación de guetos.

Conscientes de la importancia del deporte, por ejemplo, no buscamos hacer equipos de futbol del que formen parte “niños en exclusión social”. No. Buscamos que como niños iguales a otros niños, puedan integrarse en los equipos de futbol, clubes, etc de la ciudad como uno más y sin etiquetas. Y lo que decimos de futbol, lo decimos de otros deportes, actividades extraescolares, colonias, aprendizaje de lenguas, repaso escolar, etc.

Es la oportunidad de implicar a todos y de construir, al tiempo que exigimos a las administraciones políticas sociales en las que el centro sea la persona y no otros intereses.

Las empresas pueden, al igual que los particulares y profesionales, ofrecer recursos económicos, trabajo, tiempo, o aquello que responde a su identidad y servicio y que pueden ofrecer gratuitamente o en forma de beca: clases de idiomas, gimnasio, consulta dental, apoyo psicológico, etc. Es un programa a la medida de nuestra sociedad, en el que todos podemos aportar y en el que todos salimos ganando. Porque cuando sumamos, nadie pierde.

En cada sitio en el que trabajamos, concretamente en Manresa donde ya hemos comenzado, comenzamos con 50 familias de un barrio concreto. Hay muchas familias más que lo necesitan, pero los recursos son limitados. Una forma, precisamente, de que puedan entrar más familias en el programa es sumar voluntades, servicios, recursos.

Si nos juntamos, si todos sumamos, estoy segura que vamos a ganar esta batalla y la guerra, que vamos a conseguir hacer realidad el sueño de un mundo en el que todos podamos ejercer de personas con dignidad.

Os invito a visitar la página web www.invulnerables.org y a echarnos una mano. Os necesitamos. Los niños os necesitan. Recordad, si “tú y yo” compartimos, ganamos todos.

Puedes sumarte escribiéndonos a invulnerables@fundaciorosaoriol.org o haciendo un donativo a la cuenta:  ES12 2100 9046 9302 0001 5732