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Y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo.»

Seguramente la mayoría recordamos el relato que en el catecismo tan gráficamente nos explicaban de Zaqueo, aquel hombre de baja estatura, que ocupaba un cargo importante, y que en realidad era un defraudador y un ladrón. Lo que le ocurrió a él puede echar luz a los que como él, se siente con curiosidad, quieren conocer a Jesús y verle, o para aquellos que presumen de ser cristianos, pero que llevan una doble vida.

Lo cierto es que el mensaje de Jesús es muy exigente y obliga a unas actitudes que no siempre se desprenden de confesiones públicas de “pecado”. Hoy hay todavía demasiados políticos y personajes públicos –yo no jugaré porque no me toca a mi- que se golpean el pecho, o se dicen “cristianos”, pero en realidad están escandalizando. Me limitaré a realizar un relato, y que los que tengan que coger vela, que la cojan y actúen.

Os invito a leer el texto, que no tiene desperdicio está en el Evangelio de Lucas 19,1-10 y dice:

“Habiendo entrado en Jericó, atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa.» Se apresuró a bajar y le recibió con alegría.

Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador.»

Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo.»

Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.»
No basta reconocer que se defraudó y que se robó. Debe seguir un comportamiento ejemplar y a la altura del huésped y su mensaje, si es que me digo cristiano.

Repito: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo.»

Sólo será creíble quien haga esto último. Y, en razón de justicia, ésta no debe solo juzgar y penalizar enviando a la cárcel o lo que se considere, se debe hacer que se devuelva lo robado y/o defraudado, y si el “pecador corrupto” de verdad se arrepintió, deberá purgar dando a los pobres lo que tiene, más de lo que robó”… Igualmente le quedará dinero de sobra para vivir con dignidad.

Pedir perdón, y después poner “excusas” denunciando a la banca, buscando vacíos legales o astucia de zorro, para seguir anclado en la injusta y maldita corrupción, no vale.

Jesús viene a ofrecer su misericordia, pero exige un cambio de vida. El Papa Francisco que tanto seduce y enamora, tiene un mensaje claro y exigente: “Pecadores sí, corruptos NO”.

Dicho esto que aquellos a los que le quepa el sayo, que se lo pongan. No todos los políticos son iguales, como no lo son todos los empresarios, banqueros y cristianos, como no lo son los judíos, musulmanes y obreros. En la viña del Señor hay de todo, y cada uno ha de responder por sí mismo, y todos hemos de facilitar la justicia y el derecho.

Tal vez si los corruptos, defraudadores y ladrones de guantes blancos que aun hoy están instalados en su cómoda mediocridad, estafando al pueblo, en lugar de servirlo, confesaran sus oscuros capitales escondidos en paraísos fiscales y blanquearan sus cuentas y sus conciencias, muchas vidas se salvarían, muchas oportunidades se crearían y seguro, habría un poco más de justicia.