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El domingo 11 de noviembre de 2007, asistí con mi mujer a la celebración eucarística de la catedral de la Iglesia de Inglaterra, San Paul, en Londres. Era un día señalado, “Remembrance Sunday” (domingo del recuerdo) en el que los ingleses (no sé si también el conjunto de los británicos) recuerdan la fecha del armisticio de la primera guerra mundial, aunque, por el sin número de personas de todas las edades que llevaban en la solapa una flor alusiva, y algunas explicaciones escuchadas y leídas de diferentes colectivos, comprendí que, para muchos, esa fecha pretendía significar también un “no a la guerra”, la de Irak en aquellos momentos que, recuérdese, la apoyó el gobierno británico de Blair.

La víspera almorzamos, mi esposa y yo, con un matrimonio amigo. La mujer del matrimonio británico es psiquiatra con inquietudes religiosas, de confesión anglicana convertida al catolicismo y reconvertida al anglicanismo, desilusionada con la forma de abordar ciertas cuestiones en el catolicismo. Nos animó a asistir a la ceremonia de San Paul.

El rito anglicano es prácticamente idéntico al de una misa católica. Ese día, en un templo inmenso, lleno a medias (acabada de celebrarse la ceremonia del “recuerdo, con la presencia de un miembro de la familia real, lo que siempre arrastra gente), donde también había jóvenes, me subyugó, ya de entrada, la preparación de la ceremonia. Un desfile de cantores (interpretaron la extraordinaria Misa de Réquiem de Duruflé, compuesta tras el final de la 2ª Guerra Mundial, ciertamente en referencia al “Remembrance Sunday”), precedía a los celebrantes en su llegada al altar. Aunque lo sabía, era la primera vez que veía una mujer presidiendo la ceremonia auxiliada por otra mujer (Canóniga de la Catedral que pronunciaría un excelente y enjundioso sermón) y por otro pastor, este de sexo masculino. Sentí un pinzamiento en el corazón, especialmente cuando la celebrante principal cantó el prefacio, pronunció las palabras de la consagración, idénticas “de pe a pa” a las católicas, y nos invitó a todos los cristianos a acercarnos a la comunión. En el folleto que nos entregaron a la entrada nos decían que “los cristianos de todas las denominaciones eran bienvenidos a recibir la Comunión” (Christians of all denominations are welcome to receive Comunión).

Mi amiga anglicana me decía que la unión de los cristianos la haremos los fieles antes que los teólogos y los jerarcas de las iglesias. Aunque no sin dificultades, también entre los fieles, pues hay anglicanos que se hicieron católicos, precisamente por la ordenación de mujeres. Pero, participando ese domingo en la misa de San Paul, tenía la intima satisfacción de haberme adelantado en una o dos generaciones a lo que, si no mis hijos, si mis nietos, vivirán en la Catedral del Buen Pastor en Donosti: una celebración eucarística, una misa presidida por una mujer, sacerdote de la Iglesia Católica, unida ya a la anglicana como primicia de la unión de todas las Iglesias cristianas, y ya superada la increíble y vergonzante relegación de la mujer en la Iglesia Católica.

Años después, en mi blog personal comentaba el editorial de “La Vanguardia” del día 22 Noviembre de 2012, que titulaba así: Las mujeres obispo, rechazadas”. Escribía el editorialista que “no habrá obispas anglicanas en Gran Bretaña. No las habrá, al menos, de momento. El sínodo de la Iglesia Anglicana, reunido el martes 20 en Londres, rechazó la propuesta que habría permitido ordenarlas. Esta iniciativa era defendida firmemente tanto por Rowan Williams, arzobispo de Canterbury saliente, como por Justin Welby, que le relevará en el cargo en diciembre, como así ha sucedido. Pero fue derrotada. Dos de los tres órganos que integran el sínodo anglicano votaron claramente a favor de las mujeres obispo: los obispos por 44 a 3 y el clero por 148 a 45. Pero el tercer órgano, formado por laicos (132 a favor frente a 74 en contra), no alcanzó la requerida mayoría de dos tercios. Hay que saber que la Iglesia Anglicana admitió la ordenación de mujeres sacerdote hace ya 18 años.

Pues he aquí que el día de hoy leo en la prensa que el Sínodo General de la Iglesia de Inglaterra, el día de ayer (14/07/14) ha votado 'sí' a la ordenación de mujeres obispo. La noticia ha sido recibida con un aplauso de los presentes en la sala de York donde ha tenido lugar la votación, que ha sido retransmitida en directo a través de la web de la Iglesia anglicana. Aplauso al que, emocionado, me solidarizo.

Concretamente, entre los obispos se han contabilizado 37 votos a favor, dos en contra y una abstención; los clérigos han votado a favor de la ordenación de mujeres obispo con 162 votos a favor, 25 en contra y cuatro abstenciones y entre los laicos se han contado 152 votos a favor, 45 en contra y cinco abstenciones. La primera mujer obispo podría ser ordenada el próximo año, según apuntó este domingo el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, en una entrevista en la BBC.

Mi amiga inglesa, a caballo entre el catolicismo y la Iglesia de Inglaterra se equivocó esta vez: la jerarquía iba bien por delante del clero y del pueblo. En un libro-novela-utopia que cito de memoria, “Vaticano 2030” sucedía lo mismo. Era el Papa quien provocada el cambio en la Iglesia. Es una eventualidad para el futuro que no descarto en absoluto escribí hace años. En efecto, algo así está sucediendo ahora con el papa Francisco, en algunas cuestiones. Pero, ¿se atreverá, dará algún paso, hacia la ordenación de la mujer en la Iglesia Católica, o tendremos que esperar a otro Papa?. La situación de la mujer en la Iglesia Católica es insostenible.