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Para quien no conozca el mundo de la cárcel, hablar de prisiones es sin duda hablar de algo negativo, de un sitio donde solo se pueden ver cosas negativas, y donde efectivamente están “los malos”; palabras como solidaridad como fraternidad parece que son palabras que nunca pueden darse en el interior de la prisión porque son la antítesis de ella. Y sin embargo, los que vamos habitualmente por allí no solo las descubrimos día a día, sino que en muchas ocasiones esa fraternidad y esa solidaridad es mucho más auténtica y real que en la calle, entre “los buenos”.

Sin duda que esto es lo que un año más hemos vivido los que hemos participado en la quinta carrera solidaria a favor de Manos Unidas, el pasado día 24 de Febrero. Una acción donde lo que se ha puesto de manifiesto es que los seres humanos somos buenos por naturaleza, y no somos lobos para los otros como algunos se empeñan en demostrar, eso sí dejando claro que los lobos son siempre los otros, y nunca lo soy yo. Cada año intentamos que los chavales de la cárcel sientan que pueden hacer algo por los otros, y que de hecho por muy mal que estemos cada uno de nosotros siempre habrá alguien peor a quien podamos ayudar y echar una mano. Cuando planteamos la actividad cada año esa es nuestra intención y eso es lo que juntos intentamos vivir. La idea no es nuestra, ya desde hace más años y sin duda de manera mejor porque hay mayor implicación, la llevan realizando también en la prisión de Meco; pero se haga como se haga y sea como sea yo creo que los resultados obtenidos son los mismos: conseguir que tanto personas privadas de libertad como voluntarios de la capellanía y personas que ese día se unan descubran que juntos podemos hacer un mundo mejor y que todos nos necesitamos, que todos podemos aportar algo para que la vida sea un poquito mejor para todos.

Ya ni siquiera hace falta que la actividad pase por la Junta de tratamiento sino que es algo que ya se presupone cada año. La hacemos en el horario de las misas y en las dos celebraciones, como cada sábado, y poniendo especial hincapié en que ese dia no es que no haya misa, sino que se trata de “hacer la praxis de la eucaristía”, es decir, compartir con los hermanos y hermanas más pobres nuestro compromiso cristiano desde la eucaristía celebrada de modo distinto. Y también como cada año, van personas de fuera, que habitualmente no participan en las misas de los sábados pero que este día, con un permiso especial, quieren unirse también a nosotros.

Este año además tuvimos la suerte de que aunque hacia mucho frio el día estaba bonito de sol y por eso pudimos hacerlo en el campo de futbol. Primero nos reunimos en la sala donde tenemos habitualmente la misa, para tener un rato allí de oración y motivar la carrera. En este rato primero, comenzamos con el canto “pequeñas aclaraciones”, cayendo en la cuenta de lo que dice la canción: cada vez que nos preocupamos por los otros, cada vez que hacemos un mundo mejor y más humano, “va Dios mismo en nuestro mismo caminar”. Después explicamos cómo debería ser la educación en los diferentes países, ya que el proyecto diocesano de este año era la construcción de aulas; leímos un texto de Monseñor Romero ( a quien el papa Francisco acaba de anunciar que va a canonizar y estamos de enhorabuena, pues aunque Romero estaba ya canonizado desde siempre por el pueblo, ahora la Iglesia oficial lo reconoce después de muchos años de silencio. Una vez más nuestro papa Francisco haciendo gestos que parecían imposibles, gestos en los que vamos viendo la presencia del Espíritu que cada día nos acompaña) que decía: Reclamamos en los colegios una formación crítica. Ya no es tiempo de ser pueblo-masa adormecida y que hagan con él lo que quieran. Queremos formar en nuestros colegios hombres y mujeres que sepan criticar lo injusto y discernir también lo justo”, de su homilía del 17 de junio de 1979.

Leímos después un cuento interesante y que a todos nos hizo pensar, titulado el puzzle del mundo, que nos dice que un niño pequeño es capaz de hacer el puzzle del mundo haciendo el rostro de una persona, porque arreglar el hombre es arreglar el mundo, y reflexionamos en torno a lo que suponía eso y a nuestro propio compromiso personal en ese cambio del mundo. Leímos la parábola del Reino de Mt 13 y descubrimos un día más que desde las cosas pequeñas podemos construir lo grande que es el Reino; explicamos el proyecto de este año para Burundi y rezamos y cantamos juntos el Padrenuestro, terminando con una oración de obispo Helder Cámara que hablaba de la necesidad de “salir de uno mismo”. Fue un rato de oración compartido donde preparamos nuestra vida para realizar juntos la carrera solidaria.

Después de esto, fuimos juntos al campo de futbol. El objetivo de la carrera es contribuir con nuestro esfuerzo al proyecto, sabiendo además que todos podemos aportar algo; y como siempre fue bonito el que unos corrían como podían, otros iban caminando y charlando con los compañeros, unos andaban más deprisa otros mas despacio, algunos con muletas… todos intentando unir nuestras fuerzas y nuestro esfuerzo en un objetivo común. Además les hicimos caer en la cuenta de la importancia de hacer algo por alquien que no conocíamos, como muchas veces también mucha gente da donativos para la capellanía y para los presos de Navalcarnero sin que tampoco les conozcan, Y yo creo que fue un momento bonito de compartir juntos. Al final de las dos carreras todos coincidían en la importancia del gesto y cómo les había servido para unirse a toda esa gente que no conocían. Fue como digo hacer práctica la Eucaristía de cada sábado desde el compromiso con los más pobres. Y yo creo que así lo entendimos y lo valoramos todos. Como siempre un día muy especial, donde todos pudimos experimentar que no había “esclavos ni libres, hombres y mujeres” sino seres humanos, personas unidas por un mismo fin, y cómo todos podíamos hacer algo por los otros. Les dijimos que nos habían patrocinado la carrera desde el obispado de Getafe y desde donativos voluntarios de personas y que eso es lo que íbamos a dar a la campaña y al proyecto de Burundi, en torno a seiscientos euros.

Hubo quien dijo que si podían también aportar algo de dinero ellos para la campaña y les dijimos que sí, que hicieran una instancia a peculio para solicitarlo. Y como siempre, tengo que decir que un día más nos dieron lecciones: a la semana de terminar la carrera recibo una instancia donde decía que un muchacho donaba diez euros para la carrera de manos unidas, un muchacho que no tiene nada, y que depende lo poco que le ingresa la familia pero que había querido él también compartir, cuando lo vi, me emocioné como tantas otras veces y di las gracias a Dios por todo aquello, porque una vez más “los malos” me daban lecciones de compartir, porque una vez más los pobres eran los que más compartían con los pobres, porque una vez más se hacía presente el texto de la pobre viuda que compartía “lo que necesitaba para vivir” como aquel preso, que además está enfermo de cáncer de hígado.

Cuando ya marcharon los muchachos a los módulos, todos continuamos dando vueltas a todo lo vivido, porque era vivir algo diferente, y porque todos estábamos contentos de haberlo podido compartir juntos; todos sentimos como tantas otras veces, que en aquel lugar de sufrimiento y de dolor había vuelto a brotar una vez más la vida y la esperanza.

A los pocos días nos reunimos con algunas de las personas que habían ido por primera vez a la cárcel. Y me impresionó el testimonio de una de ellas. Decía que había descubierto en la cárcel “el rostro de Dios”, y lo había descubierto cuando habíamos rezado y cantado juntos el padrenuestro. “En la segunda carrera, cuando rezamos juntos antes, nos dimos la mano para rezar el padrenuestro y había uno de los chicos que casi no podía caminar y estaba como atrasado, detrás de otros, y fue justo uno de los compañeros el que le ayudó, le puso delante y le cogió de los hombros para cantar juntos. Yo había rezado muchas veces el padrenuestro pero ese día fue muy especial, y descubrí profundamente el Rostro de Dios como nunca lo había descubierto”. Y cuando lo comentaba de nuevo me emocioné y di gracias porque es justo lo que yo experimento cada día, cada vez que comparto lo que soy, mi tiempo, mis días con los chavales de la cárcel, un rostro Dios visible en cada uno de sus sufrimientos y esperanzas, y de nuevo me sentí profundamente agradecido y agraciado de poder vivirlo así cada día.

Solidaridad y fraternidad la que vivimos un día más en la cárcel de Navalcanero; solidaridad hecha eucaristía y unida a la entrega de Jesús; abrazo fraterno y compartido juntos, esfuerzo en común, y en el fondo mucha vida, mucha entrega. Quizás un día más en ese rostro de Dios que se nos comentaba veíamos “un rostro sonriente de Dios” de un Dios “jovial y humano”, como dice Leonardo Boff, en cada gesto humano y jovial que nos expresamos. Ese Dios humano que cada día sigue contando con todos nosotros y nos sigue empujando a poner viva y esperanza en este lugar; pero ese Dios humano que a la vez también nos humaniza en cada rostro suyo que se hace presente en cada uno de los muchachos de la cárcel. Gracias Padre por tu rostro de ternura entrañable en cada uno de nuestros presos, gracias por todas las personas que hicieron posible este día, voluntarios, presos, personas que ese día sacrificaron la mañana para compartirla con nosotros porque querían conocer y disfrutar este momento y gracias sobre todo por sentir que unos y otros no estamos solos.

Y de nuevo, unidas a las palabras de la voluntaria, las palabras de San Romero de América: “el hombre es tanto más hijo de Dios cuanto más hermano se hace de los hombres y es menos hijo de Dios cuanto menos hermano se hace de los hombres”; unidas a las que dice en otra ocasión: “esta es la sociedad cristiana que Dios quiere, en que compartamos el bien que Dios ha dado para todos”. Y las palabras del Evangelio de Mateo: De la más pequeña de las semillas que juntos ponemos puede brotar la más grande de las hortalizas, que es el Reino de Dios.