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Si tuviera que buscarse el equivalente bíblico al pequeño ritual que se produce cuando en un cambio de gobierno el ministro saliente entrega la cartera al ministro que entra sería apropiado considerar el relato donde el profeta Elías hace el traspaso de sus dones proféticos a su sucesor el profeta Eliseo. Este relato lo leemos en la primera lectura de este domingo (1Re 19,16b.19-21).

Elías llevó a cabo su actividad durante los reinados de Ajab y Ocozías, es decir, alrededor de los años 874-852 aC. en el Reino de Norte. Fue un profeta itinerante, no tiene vinculación alguna a un santuario concreto. Algunas cosas de su vida y personalidad hacen pensar en Moisés: fuga al desierto, refugio en un país extranjero, señales y prodigios, estancia en el Horeb (Sinaí) donde tiene lugar la manifestación de Dios. Las similitudes no son casuales, hay una intención por parte del narrador de hacer ver que así como Moisés fue el fundador de la religión del Dios de Israel, Elías será su gran defensor en tiempo de peligro.

La política de los reyes Omrí y Ajab provocó la difusión de la religión cananea. Los israelitas se acostumbraron a dar culto al Señor, Dios de Israel y a Baal hasta el punto de convertirse en un serio peligro por la religiosidad de Israel. La tarea principal del profeta Elías consistió en defender el culto del Dios de Israel en toda su pureza a fin de que se reconociera que el Señor, Dios de Israel, es el único Dios y no hay otro. Las narraciones sobre Elías se encuentran en 1Re 17-19.2 y 2Re 1. Elías fue una personalidad extraordinaria, con una gran influencia sobre el pueblo y salvó la religión de Israel en un momento crítico.

Evidentemente una tarea así debía tener su continuidad; el continuador de la labor de Elías es el profeta Eliseo hijo de Safat. Eliseo significa “Dios ha venido a ayudar” Sus narraciones se encuentran en 2 Re 2; 3.4-27; 4,1-8.15; 9,1-10; 13,14-21. Su labor profética tuvo lugar durante los reinados de los reyes Joram, Jehú, Joacaz y Joás (aprox. 853 – 787 a. C.) y se caracteriza por la gran cantidad de milagros que de él se explican. Era de una familia rica, así lo demuestra el hecho de disponer de doce parejas de toros

El texto que leemos comienza con el orden de Dios a Elías de ungir Eliseo. Es curioso que el texto no dice que Elías unja a Eliseo, todo lo que hace es echarle encima el manto de profeta. Dicho manto estaba hecho de piel y cubierto de pelo probablemente de piel de cabra con el pelo girado hacia afuera. Era la vestimenta distintiva del profeta (2 Re 1,8). Echar el manto sobre alguien equivalía a una investidura o iniciación. El gesto es lo más parecido a lo que puede ser el ritual de la unción. De hecho, si nos fijamos en los textos que hablan de la unción sacerdotal de Aarón veremos cómo el ritual de la unción va inseparablemente asociado a la imposición de las vestiduras sacerdotales (Ex 28,41; 40,13 Lv 8,6-13 ).

La unción o investidura – ya hemos visto que en nuestro texto son equivalentes – tiene unas connotaciones que vale la pena señalar. Dios ordena a Elías que unja a Eliseo. También la unción de Samuel parte de la iniciativa de Dios (1 Sa 9,16) y también la de David (1 Sa 16,1). La actividad profética no parte de ninguna iniciativa humana. Es Dios quien llama y envía; así lo vemos en los grandes profetas (Is 6,8; Jr 1,5; Ez 2,3; Am 7,15).

Los textos que hablan de unción a menudo unen ésta con la consagración Ex 28,41; 29,7; 29,7; 30,25; 40,9-10), es decir, con la separación de ese mundo. La tarea profética pide una dedicación total, por eso Eliseo renunciará a su posición económica acomodada abandonando tierras y bueyes.

La unción siempre es por algo, siempre tiene una finalidad, se unge por ser rey ( 1Sa 16,1) o por ser sacerdote (Ex 28,41; 40,13). Eliseo es ungido - investido para continuar la obra y la misión de Elías. La unción comporta también el hecho de recibir en posesión el Espíritu del Señor (1 Sa 16,13; Is 61,1). La unción – investidura se convierte en el símbolo de estar dotado de una fuerza especial de Dios necesaria para llevar a cabo la responsabilidad de una importante tarea. Cuando Elías suba hacia el cielo en el carro de fuego, Eliseo recibirá de Elías su manto simbolizando que recibe de él el espíritu profético, el Espíritu de Dios que a partir del momento acompañará a Eliseo.

Domingo 13 durante el año. 26 de Junio ​​de 2022