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Seguimos leyendo en las segundas lecturas de estos domingos fragmentos de la 1ª carta de Pablo a los corintios. Hoy corresponde leer el tramo final del capítulo 1º (1 Co 1,26-31). En los versículos anteriores, Pablo se ha encarado a los judíos que pidiendo prodigios y a los griegos que buscando sabiduría, no aceptan la muerte en cruz.

Ahora se dirige a la comunidad de Corinto y la presenta como los que no son sabios, según los criterios del mundo, como los que no son personas influyentes o de buena familia. La comunidad son los que el mundo tiene por ignorantes, por débiles; son los que no cuentan, los que el mundo desprecia, los que no son nada. Esta presentación de la comunidad puede hacer pensar que los primeros grupos de cristianos estaban formados sobre todo por esclavos y gente muy pobre. La gente que llega tarde a la cena del Señor no son gente rica, no tienen demasiado tiempo, han estado trabajando todo el día y por eso hacen tarde, tampoco llevan nada para comer (1 Co 11,21). Pero en la comunidad hay también gente rica. Hay personas con suficiente dinero para acceder a los tribunales paganos antes que fiarse del juicio que puedan emitir miembros entendidos de la comunidad (1 Cor 6,1-8). Aquila y Priscila tienen, según informa el libro de los Hechos de los Apóstoles, casa en Corinto donde se aloja Pablo (Hch 18,3) y, parece ser, que también tienen casa en Roma donde se reúne la comunidad. Crispo, jefe de la sinagoga, tiene un cargo importante, lo que hace suponer que dispone de dinero sino no tendría este cargo (Hch 18,8; 1 Co 1,14). Las comunidades cristianas reflejan lo que se da en la sociedad de la época: hay ricos y pobres y, como siempre y en todo lugar, menos de los primeros y más de los segundos.
  
La presentación que hace Pablo de la comunidad tiene más de teológico que de sociológico. Fijémonos con la repetición reiterada de la palabra "mundo". Los corintios son ignorantes, débiles, despreciables, son los que no son nada a los ojos del mundo. En el Nuevo Testamento el "mundo" tiene siempre una connotación negativa que indica un lugar corrupto, antagónico y contrario a Dios; es el lugar sometido al poderes adversos a Dios; es lo que no ha reconocido la luz verdadera que ilumina a todos los hombres (Jn 1,9-10). La debilidad de los corintios debe entenderse desde la perspectiva de los criterios del mundo, pero estos no son los criterios ni de Pablo ni del Nuevo Testamento.

Los corintios son los que han recibido la llamada de Dios. Son los elegidos de Dios. Hay una cierta insistencia en el tema de la elección. La preferencia de Dios por los pobres y desvalidos es muy presente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. La elección de los corintios, como comunidad pequeña, humilde y sencilla tiene su símil en la elección de Israel tal como la muestra el Deuteronomio: "El Señor está unido a vosotros y os ha escogido de entre todos los pueblos no porque fuerais un pueblo más numeroso que los demás cuando, de hecho, sois el más pequeño de todos "(Dt 7,7). La pequeñez de Israel tiene su equivalente en la pequeñez teológica de los corintios.

A diferencia de los judíos y los griegos que no aceptan la muerte de Jesús, los corintios "están en Cristo". "En Cristo" es una expresión que aparece insistentemente en los escritos de Pablo. Se basa en una teología de participación espiritual pero real en la vida de Jesús manifestado como Mesías de Israel. Significa una compenetración total con su vida, su sufrimiento, su muerte y resurrección. "En Cristo" manifiesta una comunión absoluta con Jesús. Vivir y ser de Cristo comporta recibir el Espíritu y mantenerse en la espera de la resurrección definitiva.

Domingo 4º durante el año 2 de Febrero de 2020