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Leemos hoy los primeros versículos del capítulo 9º (Rm 9,1-5) de la carta a los romanos. En los capítulos anteriores, Pablo argumentó que la salvación no viene por las obras de la Ley sino por la gracia obtenida por la fe en Jesucristo. Si la Ley sirve de tan poca cosa, ¿qué queda de la revelación hecha por Dios en el Antiguo Testamento?. Si por la fe en Jesucristo los paganos pueden acceder a la salvación, como se ha de entender la elección de Israel y las promesas y alianzas presentes en el Antiguo Testamento?. Parece como si la fiabilidad de Dios quede puesta en cuestión. Es que Dios ha abandonado su pacto eterno con Israel y ha traspasado su alianza a los gentiles? De lo contrario, pueden los gentiles fiarse de un Dios que va cambiando la orientación de su actuación? Formulado desde otra óptica: dado que Israel ha dicho no y ha rechazado a Cristo, puede mantener alguna esperanza de salvación? A todas estas cuestiones quiere responder Pablo en esta parte de la carta.

El rechazo de Israel a la salvación que se obtiene por la fe en Jesucristo provoca en el fondo del corazón de Pablo una gran tristeza y dolor, tanto que preferirá ser un maldito y un separado (anatema, separado, es un término de condena muy duro) de Cristo si así obtuviera que se salvasen sus hermanos del pueblo de Israel. Es curioso como Pablo que, en el capítulo 8º acaba de decir que nada lo puede separar del amor de Cristo, hable ahora de ser separado de Cristo. El sentimiento de Pablo hace pensar en el deseo de Moisés de ser borrado del libro que Dios tiene escrito dado que el pueblo ha cometido un gran pecado en el hecho de adorar el becerro de oro (Ex 32,31-32).

Sigue el texto con la enumeración de los privilegios que ha obtenido Israel y que la han configurado como pueblo. El primero es "la gracia de ser hijos". En la Escritura encontramos pasajes en que Dios llama Israel hijo suyo. Así, cuando el Señor envía Moisés al faraón dirá: "Dile: Esto dice el Señor: Israel es mi hijo primogénito" (Ex 4,22). "Cuando Israel era niño le amé, de Egipto llamé a mi hijo" dirá el profeta Oseas "(11,1). El tema de la filiación nos lleva inexorablemente al tema de la elección: "Tú eres un pueblo consagrado al Señor tu Dios. Él te ha escogido de entre todos los pueblos de la tierra para que seas mi heredado preferida "(Dt 7,6).

El segundo privilegio consiste en que Israel disfruta de la manifestación de la presencia de Dios hecha evidente en el tabernáculo del desierto: "la nube cubrió la tienda del encuentro sagrado y la gloria del Señor lo llenó completamente" (Ex 40 , 34) y evidente también en el templo de Jerusalén: "la gloria del Señor había llenado todo el templo" (1 Re 8,11).

A lo largo de su historia, Dios hizo muchos pactos y alianzas con su pueblo: Noé (Gn 9,9-17), Abraham (Gn 15,18), Moisés (Ex 24,7-8), David (2 Sa 7,16). El más relevante es el pacto en el Sinaí (Ex 10,1-7) donde se produce el don del cuarto privilegio, el más insigne, la Ley. Para el buen judío, tal como dice el Deuteronomio, el cumplimiento de la Ley va unido a la prosperidad y la felicidad (30,9-10). Para Pablo la eficacia de la Ley quedará superada por la eficacia de la muerte y la resurrección de Jesús. El privilegio del culto viene dado por el valor que éste tenía si se compara con el culto de los paganos que veneraban las criaturas en lugar del creador (Rm 1,25) y que practicaba la prostitución y los sacrificios humanos.

Pablo distingue en nuestro texto la alianza de la promesa que será el sexto privilegio. Pablo afirma que Abraham recibió la promesa de poseer en herencia el mundo no en virtud de la ley sino en virtud de la justicia que se obtiene por la fe. Esto será una de las afirmaciones fundamentales de la teología de Pablo. El papel de Abraham lleva al séptimo privilegio: los patriarcas, sobre todo Abraham, padre de los circuncisos y los incircuncisos (Rm 4,11-12). A fin de dar más relieve a la dignidad de la lista, Pablo recuerda finalmente que, aunque no sea reconocido por los judíos como Mesías, ni como Dios, humanamente Jesús comparte la condición de ser hermano de raza.

Domingo 19 durante el año. 9 de Agosto de 2020