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Leemos en la primera lectura de este domingo el pasaje de Génesis que narra la alianza de Dios con Abraham (Gn 15,5-12.17-18). El texto comienza diciendo: “Dios sacó fuera”. Desde el punto de vista narrativo, la indicación tiene toda la lógica: si tiene que ver las estrellas del cielo no puede hacerlo desde dentro de la tienda. Ningún rabino judío se conformaría con esta explicación. “Sacar”, “echar” significa mucho más. ¿De dónde lo echa?. El texto lo indica a continuación “Yo soy el Señor que te he sacado de Ur de Cadea” (v.7). Ur era una ciudad de origen sumerio que después pasó a ser babilónica, una ciudad grande y próspera, un gran centro comercial con un puerto sobre el golfo pérsico. Abraham es sacado de esa prosperidad y enviado a la austeridad del desierto. Babilonia, donde fueron a parar los exiliados, tendrá siempre para Israel una connotación negativa. Abraham es sacado de esa negatividad y conducido hacia un sitio mejor. Es más, la expresión “te he sacado” es la misma que en el libro del Éxodo (20,2) se usa para recordar que el Señor ha sacado a Israel de la tierra de Egipto. Con esto el autor de Génesis pone a Abraham en sintonía con la experiencia ancestral del pueblo de Israel, la salida de Egipto. Lo que queda claro es que “sacar de” quiere indicar un cambio de destino en la vida de Abraham y que este nuevo destino es para ir a mejor: tener una gran descendencia y poseer una tierra.

Abraham creyó en el Señor y el Señor se lo contó como justicia (v.6). Esta afirmación adquiere una singularidad especial porque de ella se valdrá Pablo en la carta a los Romanos (4,3) para avalar la justificación por la fe. La afirmación está construida en forma de declaración. Para indicar que se estaba curado de la enfermedad de la lepra los sacerdotes emitían una declaración oficial que acreditaba el estado de pureza legal del individuo (Lv 13,17.23.28.37). Semejantemente cuando un individuo quería acceder al templo los sacerdotes le preguntaban sobre la rectitud de su vida, en caso de respuesta afirmativa le anunciaban con una sentencia declaratoria que era apto para la salvación (Sal 15,1-2; 24,3). En nuestro texto, aunque se describe el ritual de la alianza, esta declaración la hace, no el sacerdote sino Dios y lo hace fuera del ámbito cultual. A Abraham se le tiene en cuenta la justicia no por el cumplimiento de las obras que el libro de Ezequiel (18,5-9) enumera como típicas del justo sino por la fe, por la confianza en Dios que ha quedado demostrada cuando Abraham ha abandonado el confort de Ur de Caldea y se ha aventurado a seguir la incierta propuesta de Dios.

El texto que leemos hoy contiene dos promesas, una descendencia incalculable y la posesión de la tierra. En el ritual de la alianza vemos cómo Abraham aleja a los buitres que quieren abatirse sobre los cuerpos muertos (v.11). Los buitres son aves de mal agüero. ¿Son símbolo de potencias malignas que quieren frustrar la realización de la alianza? Es posible que la intervención de estas aves sea una referencia a los obstáculos que se interpondrán en la realización de la promesa. La posesión de la tierra no será un camino de rosas y la obtención de la descendencia tampoco. Los versículos (13-16) que la lectura litúrgica ha omitido hacen referencia a la opresión de Israel en Egipto; ¿cómo poseer una tierra estando esclavizados en Egipto?.

Cuando el texto dice que el Señor hizo una alianza con Abraham nos sitúa ésta en la órbita de la alianza, contenido teológico que preside todo el Antiguo Testamento y que irá adquiriendo diferentes formas, matices y formulaciones a lo largo de toda la historia de Israel. Fundamentalmente la alianza no deja de ser una imagen –y así se ve en el ritual descrito en el texto que leemos hoy– para describir las relaciones de Dios con su pueblo. Las alianzas podían ser entre iguales o podían ser el compromiso unilateral de protección hacia un socio que deberá ser fiel y obediente al promotor del pacto. Éste es el caso de Abraham y de Israel. La alianza por excelencia es la alianza del Sinaí; el autor de Génesis anticipará a Noé (Gn 9,9) y Abraham esta realidad. Si en el Sinaí Dios se compromete con Israel, con Noé y Abraham lo hace con toda la humanidad, a cambio pide a los seres humanos que en respuesta se comprometan con él.

Domingo 2º de Cuaresma. 13 de Marzo de 2022