Ahir va tenir lloc una vetlla de pregària sobre el treball digne a la capella de Sant Lluc del barri de Torre Baró, organitzada i preparada per l’Equip de Pastoral Obrera de Nou Barris. L’acte s’emmarcava dins de la celebració de la Jornada Mundial pel Treball Decent, que té lloc el 7 d’octubre. Els assistents, a més, per arribar-hi vam travessar la manifestació que els tres barris que configuren la Zona Nord de Barcelona (Torre Baró, Vallbona i Ciutat Meridiana) havien convocat per defensar la sanitat pública i el bon funcionament d’un Centre d’Atenció Primària actualment amb moltes dificultats. La lluita dels barris no s’acaba.
La vetlla, molt senzilla, va voler posar l’accent en la situació de les persones immigrades i comptà amb el testimoni de tres dones, que fa poc que han arribat al barri. Una de Colòmbia, una altra de Veneçuela i la més jove, del Perú. Dues d’aquestes dones amb una bona formació, una com a odontòloga, l’altra com a comptable. Però totes tres abocades a la neteja i cura de persones vulnerables dins l’economia submergida pel tema dels papers. Una pena... però molta esperança.
L’altre testimoni esperançat que vam escoltar va ser el de l’Associació 50x20, sorgida després de la crisi del 2008 i de les posteriors retallades del govern de la Generalitat, que van deixar a l’estacada moltíssimes famílies del barri. 50 persones aportant 20 euros al mes per distribuir ajuts a la zona Nord partint dels contactes establerts amb els professionals socials, educatius i sanitaris del barri. Uns ajuts àgils, transparents i directes.
Per finalitzar aquesta crònica, aquí teniu el testimoni de la més jove de les dones migrants, de 21 anys. I en aquest enllaç trobareu el manifest de la Jornada Mundial per al Treball Decent 2025.
Un 24 de Octubre como hoy, hace dos años en Perú, estaba alistando mi maleta para venir a España. La maleta era pequeña, de poco equipaje, y de grandes sueños, metas e ilusiones que venían conmigo. Mi familia allá siempre fue mi motivación, y las ganas de crecer y descubrirme nunca faltaron en mí.
Cuando llegué a España pasé los primeros cuatro meses en busca de un trabajo para conseguir dinero. “No importa de qué, con tal de hacer algo” es lo que siempre me decía a mí misma. Cuando por fin encontré una propuesta de trabajo para cuidar a dos niños no lo dudé. Recuerdo haberme sentido muy contenta en ese entonces, “con esto voy a poder ahorrar para enviar dinero a casa” era lo que pensé cuando empecé a trabajar.
Al poco tiempo, noté que el trato que habíamos hecho de boca a boca empezó a cambiar. De pronto las horas pactadas se extendían, las madres no llegaban a casa por sus niños, me encargaban hacer labores adicionales, dejé de comer bien y sentirme bien, no había días de descanso, los niños no querían dormirse y a mi no me dejaban ir a casa sin dejar a los niños en la cama. Pasaba más horas en otra casa que no era la mía. No lo vi venir porque esto fue poco a poco, y así me vi de pronto encargándome no solo de los niños, sino, de la casa de los niños.
Mientras mis tardes eran algo agobiantes, mis mañanas se habían convertido en risas, aprendizajes y un descubrir eterno de personas maravillosas; porque estaba estudiando un PFI de Hostelería en Cruïlla, donde no solo aprendí a hacer cafés y preparar bocadillos, sino también aprendí sobre mí gracias a las personas que me rodeaban y me lo hacían saber.
Mientras el tiempo pasaba iba reconociendo que en el trabajo las cosas no estaban bien. Sinceramente tenía miedo de decírselo a las madres de los niños, no quería que me dijeran podían encontrar tranquilamente a alguien más, no quería dejar aquel trabajo para luego dejar de tener ingresos. Me rendí y lo dejé luego de haber estado con ellos por más de un año.
Poco después de haber terminado el curso en el PFI, la dueña del restaurante en donde hice mis prácticas me propuso trabajar con ella para cuando tenga lista mi regularización de documentos. Con la promesa y palabra de que me esperará es cuando nace en mi la ilusión de este nuevo trabajo y hoy espero ansiosa a que se haga realidad.
Mientras tanto, conseguí estudiar la Formación Profesional en Ventas, y es a lo que le estoy dedicando tiempo ahora. Tengo la gracia de haberme encontrado con personas entregadas al servicio de la ayuda y hoy en día tengo la suerte de convivir con quien se ha convertido en la mejor compañera y amiga que he conocido aquí en España.
He podido también, encontrar otro trabajo mientras espero la regularización de mis documentos. Ahora estudio por las mañanas y trabajo un par de horas por las tardes, donde cada hora de mi trabajo me es reconocida. Ahora, no trabajo solo para ganar dinero; sino también, trabajo para cuidarme, trabajo para vivir y poder disfrutar.
He aprendido que en el mundo se encuentran personas muy distintas. Algunas son generosas, colaboradoras y dispuestas a ayudar a los demás; son las que hacen que el trabajo, y por tanto el estilo de vida, sea más humano y agradable. Pero también existen personas que buscan su propio beneficio, que no valoran a los demás o que actúan con egoísmo.
Sin embargo, incluso esas situaciones difíciles enseñan algo: nos invitan a mantener nuestros valores, a no perder la calma y a seguir actuando con honestidad. Valorar el trabajo significa reconocer el esfuerzo, la dedicación y la dignidad de cada persona, sin importar el puesto que ocupe. Todos somos necesarios para que las cosas funcionen. Cuando entendemos eso, el trabajo deja de ser solo una obligación y se convierte en una oportunidad de servir, aprender y crecer.