Aquest és el testimoni de Lorena Quinde, ofert a la XXXVIII Jornada d’Estudi de la Pastoral Obrera de Catalunya. Podeu trobar aquí la seva intervenció sencera
Fa un parell d’anys que vaig arribar a Catalunya procedent del Perú. Les setmanes abans de viatjar estava molt nerviosa. Sabia que tot seria nou. Però també estava trista perquè sentia que deixava enrere tot el que havia viscut.
Viajé sola, con 19 años. A diferencia de muchos migrantes que llegan aquí solos y no tienen a nadie, yo contaba con mi tía que vivía aquí, la hermana de mi madre. Me recibió en su casa y me fue explicando todo sobre las líneas de metro, de trenes y de bus. La veía solo por las noches, porque trabajaba. A veces ni la veía.
En una de nuestras conversaciones nocturnas me motivó a estudiar el catalán. Me decía que era una lengua muy importante, que era la lengua de Cataluña, pero sobre todo que me ayudaría a integrarme.
Entonces fui buscando por internet y encontré que teníamos cerca de casa el Casal de Joves Zona Nord. Fui y me dijeron dónde podía llevar las clases de catalán. Y así poco a poco fui familiarizándome con el idioma.
Además iba conociendo poco a poco el barrio. Y lo sentía como eso, como barrio, con sus vecinos en la escalera, con los amigos en los bares, con el mercado… De donde vengo la gente ya no sale de su casa si no es por trabajo, por estudio o por alguna gestión. No vamos bien con el tema de la seguridad ciudadana y la delincuencia nos va ganando poco a poco. Hay barrio, pero no tiene vida.
Aquí, ver a la gente caminar con las compras de la comida, ver a la gente paseando con los perros y ver a los adultos mayores me da la sensación de que el barrio está vivo.
Al mismo tiempo que vivía en España inicié con un proceso de homologación de mis estudios. Ese mismo año tenía que homologar un bachiller para poder estudiar un grado superior. Pasó el año y sin la homologación que no llegaba no pude estudiar.
¿Y ahora qué hago? Me decía. No quería quedarme en casa sin tener que hacer nada. Busqué cosas, busqué talleres, busqué cursos. Hasta que encontré Cruïlla, en donde siempre digo que hice más que estudiar. No solo encontré qué hacer mientras esperaba la homologación, sino que también me encontré con todo un tipo de personas dispuestas a ayudar, acompañar y hacerse presentes entre aquella gente migrante.
No solo nos ayudan con la inserción laboral, sino también con la inserción a una nueva etapa de la vida. Con ellos también encontré un lugar para vivir. Mis dos compañeras de piso se han convertido en mi gran familia. Ellas también han sentido esa gran ayuda que nos brinda Cruïlla.
Si yo pudiera hacer peticiones a la Generalitat en relación a la acogida por los migrantes, sería que nos brinden oficinas de bienvenida con atención en varios idiomas, para que nadie se sienta perdido al llegar, y espacios de diálogos intercultural para fomentar la convivencia y el respeto mutuo.
Necesitamos información sencilla sobre el empadronamiento, la sanidad, la educación y los permisos, porque la información clara facilita una integración más rápida. Y tomar medidas contra la discriminación y el acceso a la vivienda, para garantizar igualdad de oportunidades.
En la inserción laboral, urge un reconocimiento más rápido de títulos extranjeros, para poder trabajar y estudiar según la formación y experiencia previa.
Migrar es empezar de nuevo, y aunque en el camino podamos contar con apoyos de personas y proyectos, con un mayor compromiso y acompañamiento por parte de la Generalitat y de otras instituciones, el proceso sería menos incierto, más maravilloso y con oportunidades reales desde el principio.
Muchas gracias.