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Visual thinking de @anasalamanca99

JEIHHCO

Conocido como el “caminante de la Comuna 13” de Medellín, una de las zonas más castigadas por la miseria y la violencia de Colombia. Allí nació y allí creó junto a otros compañeros la Casa Kolacho, centro comunitario y laboratorio artístico de ideas, que ha transformado la realidad de más de 4.000 jóvenes. En 2017, recibió con 33 años el galardón de innovación social de manos del presidente Juan Manuel Santos y ante numerosos empresarios afirmó que “los de camiseta también estamos construyendo país”. Jeihhco es sinónimo de hip hop, líder del grupo C15 y creador del festival de hi hop “Revolución sin muertos”, el más importante del país.

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(Los parráfos en negrita corresponden a Pepe Menéndez y los parráfos sin destacar, a Jeihhco )

Yo antes pensaba que nacer en la periferia de una ciudad del “tercer mundo”, como es Medellín (Colombia), no tenía futuro. Hoy sé, por la experiencia que he vivido en el barrio donde nací y con mis compañeros, que es posible tener una vida distinta. Sabemos que el mundo es un lugar que cada vez nos queda más pequeño, pero sabemos que se pueden alcanzar metas y sueños. Conocemos que hay muchas dificultades y que nos toca más difícil que a muchos y muchas de otros lugares. Pero tener fuerza, talento, resistencia y mucha disciplina es importante para lograr aquello que a menudo nos niega la sociedad.

Tu nombre tiene un significado especial. ¿Puedes explicarlo para las personas que no lo sepan?

Las letras de JEIHHCO responden a mi nombre de pila Jeison (JE), que me puso mi madre al bautizarme en 1984, las dos HH representan el hip hop, que tengo en mi vida desde los once años, y que está en el centro de ella y me da equilibrio. Y las dos últimas letras CO es la referencia geográfica del lugar de donde vengo, Colombia. Es un país lleno de diversidad, de contrastes y dificultades, pero también lleno de esperanza.

¿Cuál fue tu evolución desde la niñez a la adolescencia, y tus vivencias en la escuela de tu barrio?

Era un estudiante promedio que no destacaba en las notas, pero sí lo hacía en la participación y actividades. Tenía liderazgo. Como era gordito, me ponían de portero, que es el lugar que las reglas del fútbol callejero tienen reservado a los que son como yo. Vivía en el barrio de Cuatro Esquinas en la Comuna 13, periferia de Medellín. De pequeño, iba a una escuela que se llamaba “Amor al niño”, un nombre que me gusta mucho, y guardo muy buen recuerdo del amor que los profesores nos mostraban, en especial el rector Alberto, al que recuerdo mucho. Los profesores siempre nos acompañaban más allá del salón de clase, de la cátedra y de enseñarnos asignaturas. Se interesaban mucho por los aspectos más humanos, por el ser, la familia y nuestras condiciones de vida. Creo que esto lo deberían copiar todos los colegios. Estudié con grandes amigos que aún conservo hoy y que hoy son referentes de la comuna. Mi escuela reflejaba la gran diversidad de culturas del barrio: afro, campesina, china, indígena… Era un crisol que también me ha influido en lo que soy en la actualidad.

Al pasar a la secundaria (séptimo grado) fue diferente. Fue en 1996, un año muy importante para mí. Conocí el hip hop y abrieron la primera biblioteca pública de mi barrio, que fue una iniciativa de COMFENALCO. Me metí en el club de lectura y acabé repitiendo curso por el tiempo que le dedicaba a la lectura. Pero fue muy importante para mi segunda pasión, después del hip hop, que son los libros. Entre los once y los doce años, leí a Saramago, García Márquez, poemas de José Asunción Silva, Borges… También me leí todos los tomos de las aventuras de Tintín. Fue como viajar por el mundo. Adentrarme en estas lecturas ahondaron muchas cosas en mi cabeza.

En la secundaria fui un líder negativo para mis profesores. En el colegio no había la energía ni la empatía que había sentido en la escuela de mi infancia, ni la receptividad cuando proponíamos actividades distintas. Recuerdo en especial los problemas que tuve con la clase de religión, a raíz de las preguntas que me hice tras la muerte por cáncer de pulmón de unos de mis mejores amigos, con solo quince años. Me cuestionaba muchas de las enseñanzas que había tenido en mi familia y en el colegio. En religión, solo nos hacían copiar versículos de la Biblia, sin más diálogo. Hablé con la dirección, cuestioné el método, me retiré de asistir a ellas. Yo planteaba otras preguntas, también sobre otras religiones o la opción de no ser creyente.

En general, no había receptividad a nuestras propuestas, como cuando pedimos con unos compañeros ir a pintar la escuela porque estaba muy fea, incluso pagando nuestros padres la pintura, y nos respondieron que los sábados no se podía ir al colegio. Estuvimos un mes peleando la propuesta hasta que lo conseguimos. Lo mismo nos pasaba cuando proponíamos salidas culturales o fiestas de cumpleaños. Cuando se desató la guerra más violenta en la comuna en 2001, nos dejaban salir del colegio antes de que anocheciera, por temas de seguridad, pero algunos de mis compañeros de otras zonas se desentendían. Me impliqué en explicar las causas de lo que estaba ocurriendo, pero ese liderazgo no fue bien acogido por el colegio. Quisieron que fuera el personero (delegado de los alumnos), pero nunca acepté la propuesta.

Es una época en la que descubres tus dotes de liderazgo, a propósito de experiencias que vives en el barrio y en tu relación con la música. En el centro de Secundaria, sin embargo, te encuentras con menor receptividad a vuestras propuestas. ¿Cómo vives el descubrimiento del hip hop y qué influencia tiene en tu trayectoria vital?

Es una época en la que empiezo a crear desde la comprensión del mundo que me rodea, y también desde la incomprensión, y empiezo a saber mirar y vivir tantas dificultades en mi barrio ocasionadas algunas por la violencia, pero no solo por ella, sino también por la exclusión, inequidad o por la pobreza, que es una de las peores violencias y causa también de muchas de ellas. Para mí, entender eso también me llevo a la voluntad de no querer ser parte del problema, sino de la solución.

Por eso, decidí meterme en el mundo del hip hop, para entenderlo, practicarlo, estudiarlo e investigarlo. Y todo esto es lo que hacemos ahora en Casa Kolacho:  entender, investigar, aprender y enseñar. Lo que nos ocurrió a mis compañeros y a mí en los 90, es que el hip hop llegó a darnos luces y voz. Éramos NN (…) en una sociedad que desconocía la periferia, y que no quería que el mundo supiera lo que allí pasaba. La ciudad de Medellín estaba viviendo un proceso que la gente debe entender. En el año 91, se convirtió en la ciudad más violenta del mundo en número de muertos diarios, por encima de Bosnia, que estaba viviendo una guerra. Cuando Pablo Escobar muere en el 93, la ciudad quiere reconstruir su imagen ante el mundo, pero se centró más en cambiar la visión que el mundo tenía de la ciudad, que no en cambiar la realidad. Entender esto, para nosotros, fue muy difícil, porque barrios de las comunas periféricas donde vivíamos eran el lugar de donde salían la mayoría de jóvenes que eran reclutados por las escuelas del sicariato. Casi todos los jóvenes éramos vistos como personas violentas y generadores de todo lo negativo que ocurría.

Era importante cambiar el relato de la ciudad y no solo su imagen externa

Entender esto fue fundamental para mí. Yo quería decir cosas de Medellín y transformarla. Lo que me permitió hacerlo, y hoy hay muchos resultados, fue el hip hop, hacer grafitis, conocer otros jóvenes, otros lugares, y otras personas como vos, como Jorge Melguizo, conocer la institución, la periferia, los procesos culturales, la gente del barrio… quisimos llevar sus voces, y no solo las nuestras como pensábamos en un principio, para transformar las miradas y la realidad que teníamos los unos de los otros. Para mí que una persona como vos se interese por nuestro hip hop era impensable hace unos años. O que tú tengas una mirada de nuestra forma de llevar la educación al barrio.

Cuando yo te conocí en Medellín en 2011, creía que eras un educador de calle, además de un artista capaz de expresar sus emociones, sus sentimientos y anhelos. Te veía como un referente para los jóvenes de tu barrio. ¿De dónde nace esta vocación?

El hip hop es compartir, y esta idea ha sido esencial para nuestra acción en el barrio. Los jóvenes acuden a nosotros porque nos ven como referentes. No solo impulsamos una educación de aula para la creación, sino que la llevamos al día a día de nuestras acciones, de nuestras canciones, de nuestros grafitis. Voy a explicar una anécdota que lo ejemplifica. El 21 de septiembre de 2010, que es el día de la paz, montamos un gran concierto y conseguimos que viniera Juanes, artista de Medellín que es una referencia internacional. El concierto se celebró en una cancha de fútbol y acudió muchísima gente. Aquella noche, después del concierto, asesinaron a un joven que regentaba un pequeño bar y que se negó a pagar la extorsión. Yo lo conocía y sabía que no se metía con nadie. En aquel momento, sentí que el concierto y lo que estábamos haciendo no valían la pena. Pero al cabo de unos días en que seguía dándole vueltas al suceso, me acerqué casualmente a la cancha, y vi a unos jóvenes que estaban escribiendo canciones. Cuando me ofrecí a ayudarles, me respondieron que yo ya había cantado con Juanes, y que ellos querían escribir sus propias canciones, para algún día cantar ellos también con Juanes. Para mí fue un momento clarificador, para darme cuenta de que sí tenía sentido lo que estábamos haciendo. Que habíamos conseguido que aquellos niños que había visto antes del concierto, jugando con pistolas de madera o con palos que usaban como armas imaginarias para dispararse entre ellos, hoy tenían un cuaderno y un lápiz y querían rapear como Jeihhco, que es el artista del barrio, para cantar algún día con Juanes. Entender eso me provocó una responsabilidad grande, pero también la convicción de que vamos en el buen camino.

Es importante que las personas puedan entender qué es Casa Kolacho y lo que significa para la Comuna 13 y para Medellín, en todo este proceso de creación de comunidad. Casa Kolacho es mucho más que una escuela de música o un lugar donde reunirse. Es un proyecto de vida y de comunidad. ¿Puedes explicarlo?

Eso es lo que recoge el eslogan: “Casa Kolacho, hip hop como estilo de vida”. Es un proyecto que es la reunión de nuestros sueños. El nombre de Kolacho viene de un compañero nuestro Héctor Enrique Pacheco, que murió asesinado a los 21 años, por las balas de la pobreza y de la inequidad, víctima de aquellos chicos que se disputan los barrios y no saben ni a quien disparan. Solo con la orden de generar miedo que les dan aquellos que sí tienen poder. Casa Kolacho es una “casa de colores”, que ayuda a muchos chicos y chicas a encontrar un lugar para tener de donde irse. Suena muy duro, pero nuestra realidad es la dificultad por encontrar un lugar para “apalancarse”. Casa Kolacho es ese espacio para aprender formas, estilo… un referente para “apalancarnos” y construirnos. Somos un colectivo de veintiún artistas, que hace la función de plataforma para impulsar proyectos de vida.

Al inicio, teníamos unas previsiones de atender a unos doscientos jóvenes, pero en las primeras semanas, ya tuvimos demanda de más de cuatrocientos inscritos. Nos quedamos desbordados. Tuvimos que parar las convocatorias, y a partir de entonces, atendemos a quienes se dirigen a nosotros. Hoy en día ya han pasado más de cuatro mil jóvenes, que se han formado en grafiti, en rap, en dj, en breakdance, en emprendimiento, en generar proyectos de economía cultural, y entender que esto es una opción de vida, también para ganarse dinero para llevar a sus casas.

También tenemos relación con los colegios del barrio, la Independencia y, especialmente con el Eduardo Santos. Su director lo califica como el colegio de hip hop de la ciudad. Allí estudió Kolacho y cada agosto celebramos un festival que lleva su nombre, y en el que queremos resaltar los valores del estudiante “santista”, como les llaman a los que van a ese colegio. Estos valores están relacionados con la figura de Pacheco “Kolacho”. Es un centro que ha introducido algunos cambios como impartir breakdance en la clase de educación física, capacitar a alumnos para convertirse en “dj” en la de tecnología, o en la de español, se combina la enseñanza de los clásicos con la creación de letras de rap.

¿Qué te sugiere esta reacción de los chicos? ¿Crees que les ayudas a salir de otros itinerarios personales que los llevan a la violencia o a la droga?

Sin duda. Todo este ambiente envuelve. También la corrupción. Muchas veces vemos solo al chico “malo” de barrio con un arma, pero no vemos a aquellos que estudiaron y ahora llevan corbata en el Congreso que hacen mucho más daño con su corrupción que aquel chico. Nosotros solos no vamos a acabar con la violencia, pero podemos generar otras referencias para los chicos y chicas que se acercan a nosotros, y abrir su mundo más allá de la pequeña esquina de su casa o de la música del “ballenato”, que nos gusta mucho, pero que vean que hay mucho más mundo, ideas y música allá afuera. Queremos que vean el hip hop como algo que expanda su mirada del mundo y les ayude a construir criterio y a desarrollar su inteligencia emocional. Nosotros no buscamos que haya más grafiteros o cantantes de hip hop, sino que vivan un proceso formativo para que tengan mayor sensibilidad, pensamiento crítico, liderazgo, mayor sentido de pertenencia de su barrio, de su ciudad y de su país. Que “no traguen entero” lo que nos dicen los medios de comunicación y los políticos, si no que adquieran un mayor nivel de raciocinio para tomar sus propias decisiones. Esto es lo que el hip hop de la Comuna 13 ha hecho por nosotros y lo que nosotros queremos hacer por esos chicos y chicas, que han llegado a nuestra casa.

Estamos muy atentos a atender a los chicos que se encuentran en el momento delicado de optar por la violencia. Queremos entenderlos y ayudarlos a que expresen lo que sienten a través de canciones. La gran mayoría son víctimas de un sistema y de una educación muy competitiva, que rechaza a los que tienen más problemas. La primera solución de algunos colegios es echarlos, sin darse cuenta de que toda su esperanza reside en la educación obligatoria y gratuita, como reconoce la ley. Ellos tienen muchas dificultades en la casa y en su entorno, y son expulsados del único lugar de esperanza. Falta inteligencia emocional para entender su situación. Hay que entender que todo va más allá de la violencia y de las drogas. Hay una violencia estructural, inequidad histórica, pobreza extrema, que con la pandemia aun se ha agudizado más. Muchas de las personas que se mantenían con pequeños negocios en la calle se han quedado sin sostén alguno. No hay que justificar lo que pueden llegar a hacer, pero sí debemos entender que para ellos es una vía de búsqueda de sus tristezas y dolor. Nosotros querríamos tener más soluciones e investigar más las causas de unas muertes que están ordenando otros adultos, de los feminicidios o de los abusos a niñas por sus padrastros… todas estas cosas que nos muestran una sociedad enferma.

¿Sigues viviendo en la Comuna 13? ¿Hay personas que no quisieran que estuvierais?

Acá nací, y todavía vivo en la misma casa. Nos han pasado más cosas negativas con otras organizaciones que con los “armados” de los barrios. Muchos de ellos, que no dejan de ser parte del barrio, nos piden un CD o una camiseta porque no dejan de ser jóvenes, que escogieron un mal camino, pero les gusta la música y tienen una estética parecida a la nuestra. Ellos respetan mucho lo que hemos hecho. En cambio, hemos tenido más desencuentros con otras organizaciones institucionales que trabajan en el barrio, por ejemplo, en el plan de desarrollo, y que han ignorado completamente el hip hop, cuando ésta es la comuna de la ciudad donde hay más hip hop. Organizamos el festival más grande de hip hop de la ciudad “Revolución si muertos”, y no aparece en el plan cultural. Tienen miedo de lo que hacemos, de nuestros proyectos basados en la autogestión y en la venta de nuestros productos y servicios, y en la formación que damos sobre estos temas. Evitamos someternos al yugo de algunos gobiernos. No les ha gustado nuestra estabilidad económica, y hemos recibido comentarios “cizañosos” que expandían la sospecha de que estábamos recibiendo ayuda. En un país como Colombia, se trata de una duda muy peligrosa. Afortunadamente, algunos de estos asesores gubernamentales se acercaron a conocernos mejor, y para nosotros es un orgullo que hoy podamos ser parte de la asesoría de estos planes de desarrollo culturales.

El hip hop está muy asociado a los chicos. ¿No hay chicas que también se sientan interesadas?

Ahora hay muchas chicas interesadas sobre todo en los grafitis. Organizamos festivales solo para chicas. Hay un proyecto muy importante en la escuela que está liderando “la Fiera”, Catalina Gutiérrez, que es una rapera que lleva más de veinte años cantando, y que hoy está colaborando con nosotros para atraer más chicas. Hace pocos años, las chicas solo suponían el diez por ciento de participantes de un curso de grafitis, y hoy ya están entre el treinta y el cuarenta por ciento. En el breakdance también va creciendo, y en el rap cuesta más. El hip hop forma parte cultural de nuestro sistema patriarcal, pero estamos decididos a desaprender muchas cosas. Y más allá de la clásica distinción de género entre hombre y mujer, estamos también implicados en casos de personas transgénero de nuestra escuela, y estamos organizado un festival que se va a llamar “CDiverso” (que se lee “sí diverso”). Sentimos que estamos aprendiendo mucho de estas situaciones. Nuestra escuela es un crisol de manifestaciones artísticas y de vidas que buscan sus propios enfoques.

¿Cuál es la perspectiva de futuro de Casa Kolacho? ¿Cuál es la tuya propia y tus sueños?

El primero que tengo, y que quiero enviarte, es un disco en solitario. Yo tengo mi banda, C15, que la amo y que me siento muy bien con ellos, pero quiero hacer mi propio proyecto personal. Durante muchos años, nos hemos enfocado mucho en el proyecto social, político y de la memoria de la Comuna 13. Ahora queremos darle más fuerza a la parte artística. Queremos construir una plataforma que dé más potencia y fuerza el talento artístico de los jóvenes del barrio. A estos jóvenes que ya están desarrollando aquí su talento queremos proyectarlos al exterior, por ejemplo, a Barcelona, que vayan allí a pintar “con el pez” (el gambinus). Todo lo que hacemos va a tener nuestra mirada sobre el mundo, pero queremos ir más allá de esto y que se reconozca nuestra fortaleza artística, lo que están diciendo y cómo lo están diciendo.Para mía, la educación es fundamental, pero si está basada en el amor. Igual que el arte. Nosotros queremos transmitir la experiencia de que ha sido el amor de nuestra familia y de nuestro entorno la que nos ha salvado de situaciones históricas muy graves. Desde la Comuna 13 hay mucho amor para entregarle al mundo, que es el amor por el arte, del hip hop, por el barrio y por el otro. El amor propio también nos lleva a la convicción de que el amor es lo que va a salvar el mundo. Por supuesto que solo no lo va a conseguir, pero puede ayudar a que con más amor haya menos violencia y menos odio.