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Manfred NolteLa ley de Murphy, enunciada por Edward A. Murphy en 1949 en base a experimentos con cohetes de las fuerzas armadas americanas, sostiene que “si algo puede salir mal, saldrá mal”. Es evidente que este postulado y sus corolarios se apoyan en la frecuente inclinación de la mente humana hacia la negatividad y a la selectividad de sus recuerdos, de tal modo que una parte -la negativa- de los sucesos influye predominantemente en nuestras creencias. Es obvio que en ocasiones esta ley puede ser real, por ejemplo, aplicada a la obsolescencia de las cosas, de tal manera que a la larga todas las máquinas se desgastan hasta dejar de ser servibles, o a la constatación de que el tráfico rodado, invariablemente consumirá un lapso desproporcionado a nuestro escaso tiempo. Pura evidencia.

Aplicado a la coyuntura económica y habida cuenta de la conducta patológica del ciclo de mercado, con sus crisis recurrentes, Murphy alienta a los pronosticadores aguafiestas a augurar el pronto e inexorable retorno de nuestra economía a una recesión. Ahora la desaceleración y después la crisis. Los medios están plagados de estas previsiones.

De ahí la novedad y el aliento que algunos de los últimos datos macroeconómicos nos proporcionan, hasta tal punto que podrían constituir unos nuevos “brotes verdes”, expresión acuñada a finales de 2013, cuando la economía española puso término a las caídas del PIB, iniciando la senda de la recuperación, ininterrumpida hasta nuestros días.

Comenzando por los augurios del Banco Central Europeo expresando su confianza sobre la estabilización de la Eurozona. Los consejeros del banco han expresado “su confianza sobre las luminosas perspectivas económicas del área del euro”. El crecimiento del 0,4% en el primer trimestre ha superado las previsiones existentes. Interesante noticia habida cuenta de que la Unión Europea es el principal destino de nuestras exportaciones.

Centrándonos en España, los indicadores económicos que se han publicado al cierre del primer trimestre son interesantes, aunque precisan de matización. Destaca el fuerte crecimiento del PIB, un 0,7% trimestral, una décima por encima del trimestre anterior. En particular, el PIB de la industria ha crecido un 1,4% y el índice PMI manufacturero ha vuelto a zona positiva. Solamente estos datos debieran insuflar optimismo en la ciudadanía. Como lo son los referentes a nuestra prima de riesgo, que se encuentran en la actualidad por debajo de los cien puntos básicos, el 1%, con el consiguiente abaratamiento de las nuevas emisiones de deuda soberana. Las bolsas de valores funcionan en registros positivos. El nobel Friedman nos explicó la importancia que este punto reviste para el nivel de consumo y la estabilidad de las expectativas.

Pero si desagregamos la demanda, el comportamiento del consumo se ha relajado levemente, lo que puede remitir a la cautela con la que definen sus expectativas. Y no olvidemos que el consumo representa el 60% del gasto global. Por su parte, las exportaciones, artífices con su desarrollo de la reversión de la crisis en los años 2012-2017 se han frenado hasta decrecer levemente en el trimestre (-1,2%), a pesar de que nuestra competitividad no haya empeorado. Los riesgos sistémicos tienen que ver con ello, como diremos más adelante.

Los datos de empleo son mixtos. La Encuesta de Población activa del primer trimestre evidenció la destrucción de cerca de 50.000 puestos de trabajo, pero de forma desestacionalizada ha sido inferior al trimestre equivalente de años anteriores (ver BBVA). Y el dato positivo lo muestra el récord positivo de contratos indefinidos, 12,12 millones de trabajadores, registro superior al de la víspera de la crisis en 2008. Las sombras se sitúan en algunas previsiones facilitadas por el Gobierno a las autoridades en Bruselas. La tasa de paro estructural (NAWRU) sigue situándose cerca del 15% lo que complica las previsiones de alcanzar el 10% a finales de 2022.

Por otro lado, el desfase presupuestario -la diferencia entre gastos e ingresos- ha crecido notoriamente en el primer trimestre del año, superior en un 50% al del mismo trimestre de 2018, en gran medida consecuencia de los ajustes necesarios para financiar las subidas de las pensiones y las de los sueldos de los funcionarios.

Finalmente, el Ministerio de Economía, en su reciente Plan de Estabilidad 2019-2022 nos facilita una interesante evaluación de los efectos que sobre la economía española tendrían los riesgos globales actualmente existentes, un “test de esfuerzo” para nuestra economía. Un encarecimiento del petróleo superior a los 10 dólares sobre el precio actual reduciría el PIB en un 0,5%. La subida en la cotización del euro sobre el dólar incidiría negativamente en el PIB hasta un 0,4% y una subida de los tipos de interés del 1,2%, momentáneamente aparcada por el BCE, afectaría nuestro crecimiento en un 1%. Acumulados, en el peor escenario posible, supondrían un recorte del PIB del 1,9%, muy significativa para mantener el escenario de no-recesión.

Para ello, deberían producirse sucesivas acumulaciones de la improbable ley de Murphy.

Imagen extraída de: Pixabay

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