Francesc Torralba: "Negar el deseo es negar la condición humana"

Este es el texto (un fragmento) de la presentación del libro Aliment pel desig infinit, de Francesc Grané (Claret 2012) que hizo Francesc Torralba, autor del prólogo. El autor del epílogo, Josep M. Rovira Belloso, y Sergi Gordo serán los otros dos autores de las intervencions que tuvieron lugar en la librería Claret el 22 de marzo pasado y que también publicaremos en fechas cercanas por cortesis del autor del libro.

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Lo primero que quiero subrayar es la forma, después hablaré del contenido. Pero creo que lo que corresponde a quienes presentamos un libro es sobre todo hacerlo ganas de leer, hacerlo ganas de entrar en él, descubrir lo que hay en él. Este libro tiene una forma que noes un tratado: quien busque un tratado del sacramentos de la Eucaristía no lo encontrará, sino que más bien es una meditación en clave muy personal, ya la vez una divagación en el buen sentido del término que alterna una reflexión en clave espiritual con elementos de la propia vida cotidiana, por tanto, que va subiendo elementos que van pasando en su vida cotidiana, con susanécdotas, sus experiencias, pero con un hilo que es como poner dentro de esta vida una experiencia que él, como todos los cristianos, celebramos y vivimos que es la experiencia de la eucaristía. Es un texto, por tanto, que consigue tratar el tema de la Eucaristía en lo que Jurgen Habermas llamaría lenguaje secular, que fe hecho es unona de las asignaturas pendientes. En el diálogo que tuvieron Habermas y Ratzinger, lo que ciertamente se le pedía Habermas a Ratzinger: puede traducir, en lenguaje secular, sus experiencias, lo que vivís, o esta traducción es imposible, y por tanto, sólo tienen clave de lectura y de comprensión en aquellos que ya participan de esta fe? Yo creo que este libro está escrito en un género literario fronterizo, que trata de articular una experiencia como la eucaristía con un lenguaje que rompe, la nomenclatura teológica, la nomenclatura estrictamente si se me permite, tribal, del redil teológico. Esto lo digo en buen sentido, en buen sentido. Si tuviera que regalar a un amigo mío agnóstico un libro que tratara de la Eucaristía le regalaría estat, le regalaría este, antes de regalarle un tratado. Después, puede que tenga más deseo, y entonces ya la dirigiría a otro libro, un tratado. Pero este es un libro que yo lo situaría en los preambula fidei, en los comienzos de la fe.

Después, en cuanto al contenido, yo lo primero que subrayo es el título, es un tíulo muy acertado. Es uno de los títulos que, a veces, sólo el título, ya vale todo el libro Alimento por el deseo infinito. Y además, el título, además, no es irrelevante: expresa verdaderamente todo lo que después hay dentro del libro. Esto no siempre es así. En una de las últimas obras de Habermas en lengua castellana, Carta al Papa, el libro no está escrito en género epistolar, lo que pasa es que el editor sabe que si pone carta al papa se venderá más que si pone otro. Pero este título, Alimento por el deseo infinito, es procedente, primero por él mismo y después porque expresa lo que contiene es el libro.

(...) En este libro hay latente una antropología que es que el ser humano es un ser que no sólo tiene deseos, sino que & eacute; s deseo. Y que el deseo que experimenta nada puede saciar. Esto está en el corazón de la antropología de San agustino, por ejemplo. No es que tengamos deseos, voliciones, anhelos y los podamos ir llenando con determinados objetos de este mundo, sino lo que hay en el fondo de aquet libro es: el ser humano es deseo, y ese deseo nada de lo que ha, lo quevemos, de lo que tocamos durante nuestra vida puede rellenar del mismo. Esto es una paradoja enorme. Esto es una paradoja enorme. Enorme. Y entonces ante esta paradoja yo creo que se plantean tres alternativas, y él plantea la alternativa, que yo diría que es la alternativa cristiana. Pero hay tres alternativas. Primero, naturalmente, el que niega la premisa: no somos deseo infinito! Aquesta es una opción. No lo somos. Somos un conglomerado de deseos finitos que podemos ir resolviendo a lo largo de nuestra vida. Yo no la comparto. Yo creo que el ser humano es deseo, infinito, y que nada le llena totalmente, pero algunos negarían la premisa mayor.

Supongamos que algunos acepten la premisa: somos deseo infinito. Entonces se plantean a la vez tres alternativas. Una, resolverlo por la vida de la negación, de la extinción del deseo, es una línea, filosófica, sapiencial, que tiene a sus traducción en sabidurías del extremo oriental y también con ciertas sabidurías de la filosofía, como determinadas formas de estoicismo: somos deseo, el deseo no se puede rellenar, por tanto, en lugar de vivir esta inquietud permanente que tengo que mirar.  Es negar el deseo. Lo que pasa es que esta forma yo también la descarto porque negar el deseo es negar la condición humana. Hay la otra opción que es: constatar que este deseo es, sencillamente inútil, estéril, abocado necesariamente al fracaso, un deseo que no tiene referente, un deseo que no tiene objeto, lo que sartrianemente llamaríamos una pasión inútil o que no hay manera de aquietarla, es la otra opción de Sartre, o si uno lee atentamente el Principio Esperanza de Ernst Bloch, el deseo permanece deseo, no hay forma de saciarse lo, rellenarlo, de responder, porque nada llena pero a la vez el deseo subsiste: esto en el fondo lleva a una forma de vida desesperada, infeliz, una constanteciencia desgraciada.

Ahora existe la tercera vía que es la que a mi entender esta expresada aquí, y está expresada en el corazón de la antropología de raíz cristiana y máxime expresada en San Agustín, "nuestro corazón está inquieto y lo estaría indefinidamente si tú no me aquietases". Si tú no me aquietases. La única forma de aquietar este deseo infinito es el infinito. La única forma de aquietar el deseo infinito es el infinito. Si el deseo es infinito no hay nada finito que lo pueda aquietar. Parece lógico que, si uno acepta la premisa, ojo, sólo si acepta la premisa, cuenta, si no, no, que parece lógico que sólo el infinito puede aquietar el deseo infinito. Y a este infinito le llamamos Dios.