Antonio Montero: "Carrera encarnaba la figura del cristiano, sacerdote y obispo, en el Concilio Vaticano II"

Intervenció de José María Gil Tamayo en nom de l'arquebisbe emèrit de Badajoz, Antonio Montero en l'Homenatge al bisbe Joan Carrera a Santa Maria del Mar.

Era mi propósito, hasta hace cuatro días, viajar de Sevilla a Barcelona, arrastrando mis pasos octogenarios, para honrar con ustedes, honrándome a mi mismo, la memoria de mi entrañable hermano y amigo el Bisbe Joan. Al hacérseme inviable hoy, por dificultades físicas, la presencia en Santa María del Mar, agradezco la mediación de quién os lee mis palabras.

Todos los que lo han conocido y tratado pueden dar fe de que en su persona, vida y ministerio, se fundió el hombre de Iglesia con el hombre de mundo, anclado sin complejos en la gran tradición de la Iglesia e inmerso sin chovinismos en la modernidad. Joan Carrera encarnaba la figura del cristiano, sacerdote y obispo, en las coordenadas del Concilio Vaticano II.

Viene por eso a mi recuerdo otro famoso noviembre, el de 1962, cuando éste iniciaba su andadura y alzó su voz profética en el Aula de san Pedro el Cardenal Montini -meses después Pablo VI- con esta pregunta trascendental: ¿Iglesia, qué dices de ti misma? La respuesta a esa interrogante fueron los diecinueve documentos conclusivos del Concilio, en dos ramificaciones esenciales: la Iglesia ad intra, hacia dentro, en su identidad cristocéntrica; y la Iglesia ad extra, hacia fuera, en su proyección samaritana y misionera en el mundo. En la sacristía y en la calle, en lo sagrado y en lo profano, codo con codo entre los hombres, en sus grandezas y miserias, en sus alegrías y sus penas.

Esta simbiosis de “Iglesia pobre y libre”, dialogante con el mundo de hoy -como ayer evocaba en Brecia Benedicto XVI refiriéndose al legado y a la figura de Pablo VI- divina y humana, espiritual y cercana a la vez , es la que encarnó con su testimonio sencillo y mostró con su magisterio sacerdotal y episcopal el obispo Joan Carrera.

¿Cómo no evocar aquí, al recordar esto el currículum personal del hermano que se nos fue? Las palabras del señor Cardenal de Barcelona, (aquí presente), en la misa y homenaje conmemorativos de su primer aniversario, ponderaban “el servicio constante prestado por el obispo Carrera a nuestra Iglesia y a nuestra sociedad en muchísimos campos de la realidad religiosa, espiritual, cultural y social. Su fe cristiana y su vocación de pastor le llevaron siempre a hacer presente el Evangelio en la vida de las personas y en la identidad y la cultura de Cataluña… Ha tenido una sensibilidad muy especial para los medios de comunicación, haciéndose presente en ellos con provecho y acierto evangélico.”

Me permito asociar a esa cita autorizada, otras cosillas de mi cosecha personal: Joan Carrera nació en el Mediterráneo y llevaba en su pupila la luz radiante del Mare nostrum, al igual que, en su impronta humanista, la herencia de las culturas ribereñas, de Fenicia y Alejandría, de Jerusalén y de Atenas, fundidas en la de Roma. Y, de puertas adentro, encarnaba Joan Carrera, con plena compatibilidad y en sabias proporciones, su hechura personal de catalán y de hombre universal.

Su faceta de periodista y escritor les es más conocida a Ustedes que a mí, porque yo hablaba de oídas y solo leía, cierto que con deleite, sus bien templados artículos en Cataluña cristiana. Sí comprobé a la primera que, más que un periodista de oficio, Joan era un comunicador todoterreno, a través de su palabra en directo o en transmisión radiofónica, escrita y audiovisual.

Tal vez su vertiente más bella se mostraba en el ministerio de la Palabra, tal y como lo ejercía en las parroquias periféricas de Barcelona, según el testimonio fiel del Vicario episcopal Salvador Bacardit, quién lo acompañó muy de cerca y que nos dice de él: “Monseñor Carrera, se creía aquello que decía y lo que celebraba y, en las celebraciones que como obispo presidía, tenía el carisma de predicar de una manera inteligible para todos”.

Sé que ustedes me han llamado por mi relación con él como obispo compañero en los trabajos de la Conferencia Episcopal Española, en concreto en la Pastoral de las Comunicaciones sociales y, más en concreto, de su Comisión de Medios, a la que he pertenecido durante cuarenta años. Sabíamos el uno del otro antes de su llamada al Episcopado y, cuando ésta se produjo en 1991, solicité y obtuve de la Asamblea su entrada en nuestra Comisión.

He de decir que siempre tuvimos en ella algún prelado catalán y que, en sendas ocasiones, dos de ellos han ocupado su presidencia: Monseñor Martí Alanís (¡Compañero del alma, compañero!), en los años 90, y ahora Monseñor Joan Piris obispo de Lleida; más dos obispos de la Cataluña, el de Urgell Monseñor Joan Enric Vives y el flamante Auxiliar de Barcelona, Monseñor Sebastiá Taltavull.

¿Por qué el sabor catalán de esta Comisión? Pues, yo entiendo que por que un buen número de sus obispos han sido expertos o interesados en ese campo pastoral, y por su cercanía, no solo física, de las Iglesias de la Comunidad Europea, así como también por la relevancia de Barcelona en el foro de la comunicación.

Carrera ha dado mucho juego en nuestra Comisión Episcopal y en la Iglesia en España, por su estilo dialogante y abierto de comunión eclesial. Por su buena avenencia con el mundo de la cultura, le encomendamos la Presidencia del Jurado de los Premios Bravo, que fundara, en los primeros años setenta del pasado siglo, otro insigne clérigo catalán y primer Secretario de la Comisión, el inolvidable don Ramón Cunill, que legó incluso su modesto patrimonio a la financiación de los mismos. Hoy gozan éstos de un gran prestigio en el universo mediático español, que abarca la prensa, la radio, la televisión y el teatro; sin olvidar los libros como tales y la música en sus mejores expresiones.

La otra misión que encomendamos a Carrera fue su asistencia frecuente a las sesiones y Congresos de la CEEM (Comisión Episcopal Europea de Medios de Comunicación), punto de encuentro con nuestros colegas de ese campo y en ese ámbito. Él supo aportar a esos encuentros su rica cosmovisión de obispo y catalán universal –católico-, y su don de gentes, y nos dejó siempre en buen lugar como “Ministro de Exteriores”.

Todo eso y mucho más cabía en la cabeza y el corazón de este Obispo de cuerpo entero, de comunión, con mirada limpia, de niño travieso o de payés bienhumorado. Hombre de mundo, pero nunca mundano. Hombre de Iglesia. Dios nos lo llevó a sus 78 años, cuando, ya jubilado, estaba dando Ejercicios Espirituales a un grupo de seminaristas. ¿Hay quién dé más? El Bisbe Joan Carrera se dio por entero a todos sin distinción y con lealtad, sin dejar de ser él mismo. ¡Qué buen testamento y tarea para quienes hoy honramos con agradecimiento, admiración y cariño su memoria!