Carta escrita, pero no enviada, a monseñor Renzo Fratini

(Jordi Lòpez Camps) Estimado monseñor Renzo Fratini, nuncio de Su Santidad.

He coincidido con usted en varias ocasiones y alguna vez hemos intercambiado saludos, pero entiendo que no haya retenido mi nombre. En su momento fui director general de Asuntos Religiosos en el gobierno autonómico catalán y no soy indiferente a lo que sucede en la Iglesia católica. Este fin de semana, el sábado, he vuelto a coincidir con usted en Terrassa, en el venturoso acto de inauguración de la sede de la curia episcopal, y el domingo en Solsona en la exultante ceremonia de consagración del nuevo obispo, Xavier Novell. Obispo que agrada por su sinceridad y claridad. Después de reflexionar durante todo el día de hoy he pensado que tenía que escribirle guiado por el espíritu de corrección fraterna tan propia, pero tan poca practicada y aceptada entre los cristianos.

En los dos actos mencionados usted se ha dirigido a los fieles y a los asistentes en castellano, salvo unas breves palabras de saludo inicial y de despedida. Me ha sorprendido su persistencia en no utilizar el catalán cuando en un acto similar al de Terrassa, en este caso en el obispado de Sant Feliu, fue más generoso en el uso de la lengua que utilizamos mayoritariamente los católicos en Cataluña. Los católicos catalanes quedamos gratamente reconfortados el comprobar con que naturalidad el Papa Benedicto XVI utilizó, y con muy buena pronunciación, el catalán en la liturgia de la consagración de la basílica de la Sagrada Familia. Meses antes, ya experimentamos una alegría similar al ver cómo el cardenal Bertone utilizaba con total desenvolvimiento el catalán en la plegaria nocturna de Santa María en Montserrat y como, de forma espontánea, empezó entonar y dirigir el Virolai, el canto a nuestra virgen Moreneta. Usted no ha ido por esta línea y me sabe mal. Recuerdo que en Terrassa, cuando usted nos pidió orar y nos invitó a rezar el Padre Nuestro, pese a que lo inició en castellano, todos los asistentes seguimos en catalán. En la catedral de Solsona, repleta de fieles entusiasmados con el acto litúrgico, usted mismo pudo comprobar cómo el arzobispo Lluís Ladària, secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, realizó toda la liturgia y la homilía en catalán con su peculiar acento de Mallorca.

Monseñor Fratini, espero que usted no se interrogue por qué los catalanes usamos el catalán en la liturgia en Cataluña si todo el mundo entiende el castellano. Es una pregunta absurda e impropia hoy en la España de las autonomías. Es cierto, no se puede negar que en Cataluña todo el mundo entiende y habla el castellano, pero muchos catalanes hemos aprendido a orar en catalán y nos dirigimos al Señor y a la Virgen en catalán. Por ejemplo, habrá comprobado que los catalanes a la Virgen María le decimos, fundamentalmente, Mare de Déu. Es nuestra aportación especial a la devoción mariana, de la misma manera que tenemos una versión del credo particular, por cierto cantada por Benedicto XVI en la Sagrada Familia, donde, además de la profesión de fe se afirma la romanidad de la iglesia catalana. Su estancia de este fin de semana espero que le ha permitido comprobar el vigor del catolicismo en Cataluña, la consideración de respeto que éste tiene por parte de las autoridades políticas y como el catalán es una lengua viva y sentida por los feligreses. Pienso que esta realidad de fe encarnada en una cultura particular es lo que ha motivado a Benedicto XVI a hacer una referencia explícita a la realidad catalana en su último libro entrevista Luz del mundo.

Espero que la próxima vez que usted venga a Cataluña nos pueda hablar en catalán. No se preocupe por su dicción o pronunciación, los catalanes apreciamos el esfuerzo de utilizar nuestra lengua. Otros antecesores suyos, con predisposición y aprendizaje, emplearon en más de una ocasión el catalán en sus estancias en Cataluña. Como le supongo sinceramente predispuesto, sólo falta encontrar quien le ayude a expresarse con fluidez en catalán. Seguro que encontrará en su entorno próximo persones dispuestas a facilitarle a expresarse en la lengua utilizada por muchos santos y santas, hombres y mujeres a lo largo de la historia de la iglesia. Seguro que tendremos una nueva ocasión de saludarnos y felicitarnos gozosamente por sus progresos en nuestra lengua. Seguro que entonces habremos avanzado en la comprensión de que una lengua, que en si en principio le puede parecer extraña, gracias a un nuevo Pentecostés, nos hermana y nos hace sirvientes de una comunidad que espera un anuncio comprensible del Evangelio, tal como se dijo el pasdo domingo en Solsona.

Fraternalmente.

Jordi Lòpez Camps.